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domingo, 20 de febrero de 2011

3.1.3.ORNATO DEL ALTAR


3.1.3. EL ORNATO DEL ALTAR

            Sobre el altar no debe colocarse “absolutamente nada” ( ‘nihil omnino’) que no sirva al Sacrificio de la Misa o a la estricta ornamentación del altar. (R. g. M., n.529)[1]

            Aquí queremos incluir elementos de diversa especie, pero que de una manera u otra embellecen el altar.
            No nos parece correcto considerar las imágenes de santos y las reliquias como si fueran parte de la decoración del altar. Si se colocan allí es para ser veneradas por los fieles ( Cer. Episc. l.1, cap. 12, n.12) Pero varios autores hablan de ellas bajo el título de este parágrafo.
            Trataremos entonces de:
                        1. El baldaquino o ciborio
                        2. El retablo
                        3. El frontal y el cortinaje
                        4. Las imágenes
                        5. Las reliquias
                        6. Las flores


1)- EL BALDAQUINO O CIBORIO



            1. El nombre: El término ‘ciborio’ proviene del latín ‘ciborium’ = copa (la vaina del haba de Egipto tiene esa forma, que designa el término griego primitivo)
            El termino ‘baldaquino’ viene de ‘Baldac’, nombre dado en la Edad media a Bagdad, de donde venía una tela así llamada.
            2. Qué es: se trata de una estructura en forma de dosel, generalmente sobre cuatro elementos de apoyo ( pértigas, pilares, columnas) para cubrir una altar o una tumba.
            Sobre el origen del baldaquino dice J.A. Iñiguez: “Ya se ha visto cómo es propio de la tumba al aire libre y pasó a significar en las basílicas martiriales el lugar de las reliquias; más adelante, cuando el altar se colocó definitivamente sobre ellas, pues lo hace así accidentalmente bajo aquel, y poco a poco, queda el primero como elemento unido al altar para dignificarle, al perder su simbolismo funerario ... “ (p.143)

            El ciborio es una reproducción, en cierta manera, del santuario todo. Tiene forma cúbica, cuatro columnas y remata en una ‘cúpula’ o techo. Concentra más la atención sobre el altar y lo señala como centro del templo.

            3. Historia: Desde la época carolingia hasta el emperador Otón (936-973) se habla de varios ciborios o baldaquinos. Pero es sobre todo a partir del s.XI que los ‘ciboria’ van a construirse. P. ej: el de San Ambrosio de Milán (s.XII, de 8,84 m.); el de San Marcos de Venecia  (s.XIII); en Roma: San Lorenzo Extramuros; el de Santa Maria in Trastevere; el de San Clemente, San Pablo Extramuros;  el de santa María in Cosmedín, etc. (todos de los s.XII y XIII); San Juan de Letrán (año 1367) y el más famoso, obra de Bernini: el de San Pedro, hecho totalmente en bronce y que tiene una altura de 29 m. (año 1633)
 Ciborio-Altar de San Ambrosio

            4. Según el Ceremonial de los obispos, si no hay ‘ciborium’, se debe colgar sobre el altar mayor (o el de la Reserva) un baldaquino (‘baldachinum seu umbraculum’). (Coer. Ep. l.1, c. 12 n.3; Cf. n. 14; c. 13, n.3; c.14, n.1)[2]
            El término ‘baldaquino’ designa primitivamente una sedería oriental de gran precio.
            Es un dosel conformado por una tela o colgaduras, montadas sobre una estructura oblonga, poligonal o circular, y suspendida sobre el altar por una cadena.
El baldaquino debe ser suficientemente largo y ancho como para recubrir no sólo el altar, sino también la tarima.
            Como las columnas del ‘ciborium’ puede entorpecer el normal desarrollo de las ceremonias de la Misa solemne, el baldaquino puede ser la solución.


2)- EL RETABLO ( ‘Retro-tabula’)

 Altar de San Idelfonso
             

            Se introdujo hacia fines del s.XI.
            Se trataba de pequeños cuadros rectangulares, de poca altura, esculpidos en piedra o metal, pintados sobre tabla o recamados sobre tela, representando la efigie del Señor, de la Virgen o de los santos, o escenas de sus vidas. Se colocaban en la parte posterior de la mesa de los altares adosados a las paredes de las naves laterales, para sostén de la piedad. (Según Righetti, el retablo habría nacido como consecuencia de la falta de reliquias para exponer a la veneración de los fieles).
            Al comienzo eran pequeños, y se podían substituir fácilmente cuando hiciera falta ( p. ej. en  ciertas fiestas).
            “Cuando el dosel estaba constituido por un tríptico, frecuentemente en la parte central se unían con una bisagra dos alas ( ‘sportelli’), que se abrían durante la función. Terminada ésta, se cerraban sobre la imagen, cubriéndola enteramente. Todo se apoyaba sobre una base rectangular, también ésta pintada, llamada ‘predella’ “ (Righ. t.I, p.496, nota 61).
            Pero en el gótico los retablos se hacen imponentes, y se los fija sobre el altar principal, o inmediatamente detrás de él.
            Durante el Renacimiento el retablo continúa creciendo en importancia, por será sin duda  en el Barroco que alcanzará su máximo desarrollo. “El retablo no es ya un accesorio del altar; antes al contrario, el altar ha venido a ser un accesorio del retablo ... Esta inversión de valores litúrgicos se manifiesta principalmente en las iglesias construídas en los s.XVII al XVIII, según el tipo del Gesù, de Roma, en las cuales el altar mayor, adosado a la pared del ábside, parece no tener otra función que al de servir de base a la monumental apoteosis del santo o del misterio al que está dedicado” (Righ. T.I, p.470)





3)- EL FRONTAL  (‘pallium’, ‘antipendium’, ‘frontale’)

            Cuando la parte delantera del altar no es artística, preciosa o decorada finamente, está mandado que se revista el altar con frontal de metal precioso o de tisú o de seda del color de la fiesta (D. 4000)
            Si el altar está colocado entre el coro y la nave, el frontal recubre también la parte posterior del mismo (´Coer. Episc. l, c.12, n.11)
            Debe ser del color correspondiente al Oficio y Misa del día u otra Misa que se celebre conforme a las rúbricas (R.g.M., n.117)
            Si está expuesto el Santísimo sólo puede ser de color blanco. En las funciones fúnebres debe ser negro.

            Se ven antependios ya en los mosaicos de Ravena del s.VI.

            EL CORTINAJE: Se pueden colocar cortinas en el ábside del templo. Deben ser del color litúrgico del día.
            Muchos antiguos tapices que se ven hoy día en las sacristías tuvieron ese fin.


4)- LAS IMÁGENES


 Iglesia San Ponciano-La Plata

            1. 1. En el II Concilio de Nicea (747) se estableció definitivamente la doctrina de la Iglesia sobre el culto de las imágenes. (Dz. 302-304)

            “Definimos, con toda certeza y precisión, que, lo mismo que la figura de la preciosa y vivificante cruz, las santas y venerables imágenes, ya sea fabricadas en pintura o en mosaico, ya sea en cualquier otra materia adecuada, deben ser propuestas en las santas iglesias de Dios, en los vasos y vestidos sagrados, en los muros y en los cuadros, en las casas y en los caminos; tanto la imagen de Dios Salvador y Señor Nuestro Jesucristo, como la de la purísima Señora Nuestra y Santa Madre de Dios, como la de todos los nobles y santos varones. Porque cuanto más frecuentemente se les contempla en forma de imágenes, tanto más vivamente los que las contemplan se mueven al recuerdo y anhelo de los prototipos representados en ellas, y a otorgarles ósculos y muestras de veneración. No ciertamente una verdadera latría, que, conforme a nuestra fe, corresponde solamente a la esencia divina; sino que debe otorgárseles las mismas muestras de honor, de inciensos y luminarias que al precioso y vivificante signo de la cruz, a los santos Evangelios, y a las demás cosas sagradas, como fue nuestra antigua costumbre.
Porque la honra dada a la imagen pasa al prototipo en ella representado ...”

                        2. La misma doctrina retomó el Concilio de Trento en la Sesión XXV, cuando se renovó el espíritu iconoclasta por parte de los protestantes.
                        En el Código de Derecho Canónico de 1917:
                        Canon 1276: “Es saludable y útil invocar humildemente a los siervos de Dios (...) y venerar sus reliquias e imágenes...”
                        Canon 1255 & 2 : “También a las sagradas reliquias e imágenes se les debe veneración y culto relativo propio de la persona a quien las reliquias e imágenes se refieren”.

                        3. Dice San Buenaventura ( III, dist. 9, a.1, q.2) que las imágenes fueron incorporadas al culto por tres razones:
                                   a)- Para ayudar a la gente sencilla (‘propter simplicium ruditatem’): la que no sabe leer, pueda así conocer los misterios de nuestra fe a través de las imágenes y pinturas. (Ello se cumplió ciertamente en las catedrales góticas, a través de las esculturas y vitrales. Por eso se dice que son ‘enciclopedias en piedra’)
Esta idea ya la había enunciado San Gregorio Magno: “Lo que la Santa Escritura es para los letrados, la imagen lo es para los iletrados”.
                                   b)- Para fomentar la devoción ( ‘p. affectus tarditatem’): si alguien no se conmueve al escuchar lo que hizo N.S. por nosotros, lo haga a la vista de sus misterios representados (“Plus enim excitatur affectus noster per ea quae videt, quam per ea quae audit”).
                                   c)- Para fijar en la memoria los beneficios divinos y las grandezas de los santos (‘p. memoriae labilitatem’): muchas veces es más fácil recordar algo si se lo ha visto representado. (“Frequenter enim verificatur in multis illud quod consuevit dici: verbum intrat per unam aurem et exit per aliam”)

                                   4. Azcárate dice que las imágenes son “objetos sagrados que mueven a devoción, que instruyen, y que adornan; absolutamente como los santos a quienes representan , que nos edifican y nos mueven con sus virtudes, nos instruyen con sus ejemplos y constituyen el mejor ornamento de la Iglesia Católica y del Cielo” ( La flor de la liturgia, p.65)


            2. La multiplicación irracional de imágenes y el mal gusto.
            No parece conveniente atiborrar el altar mayor de imágenes.
Sagrario, altar, cruz: estos tres elementos nos hablan acabadamente de N.S.; ¿hay necesidad de añadir una imagen del Sagrado Corazón?

            Dice Pío XII: “... Y si bien ya hemos reprobado el criterio erróneo de quienes, bajo la apariencia de volver a la antigüedad, se oponen al uso de las sagradas imágenes en los templos, creemos que es Nuestro deber reprobar también aquella piedad mal formada de los que sin razón suficiente, llenan templos y altares con multitud de imágenes y efigies expuestas a la veneración de los fieles” (Mediator Dei, IV, 2)
            En la misma Encíclica: “Obligados por Nuestra conciencia y oficio, Nos sentimos precisados a tener que reprobar y condenar ciertas imágenes y formas introducidas últimamente por algunos artistas, que, a su extravagancia y degeneración estética, unen el ofender más de una vez al decoro, a la piedad y a la modestia cristiana, y ofenden el mismo sentimiento religioso”. ( IV, 2)

           
            San Juan de la Cruz, en la “Subida al Monte Carmelo” nos enseña de qué manera se ha de usar de las imágenes para nuestro provecho espiritual.
            1-  Por un lado, advierte que puesto que el uso de éstas es práctica de la Iglesia, nada se puede objetar. Por el contrario, es de alabar.
             2-  Pero se debe tener presente que la imagen es sólo un medio, no un fin. De allí que:
                        a- Tendrán más necesidad de ellas las personas más sencillas, y menos avanzadas en la vida espiritual. Por el contrario, el que ha llegado a cierta perfección, poco necesita de ellas.
                        b- No debe haber un apego desordenado a tal o cual imagen, de forma tal que si se me quita esa imagen, se me haga casi imposible rezar.
                        c- No hay que recargar los oratorios de imágenes. Y han de estar bien hechas.

            “Pero se ha de advertir aquí, que no por eso convenimos, ni queremos convenir, en esta nuestra doctrina con la de aquellos pestíferos hombres, que persuadidos de la soberbia y envidia de Satanás quisieron quitar de delante de los ojos de los fieles el santo y necesario uso e ínclita adoración de las imágenes de los santos de Dios. Antes de esta nuestra doctrina es muy diferente de aquella, porque aquí no tratamos que no hay imágenes y que no sean adoradas, como ellos; sino damos a entender la diferencia que hay de ellas a Dios, y que de tal manera pasen por lo pintado, que no impidan de ir a lo vivo, haciendo en ello más presa de la que basta para ir a lo espiritual. Porque así como es bueno y necesario el medio para el fin,  como lo son las imágenes para acordarnos de Dios y de los santos; así cuando y se repara en el medio más que por solo medio, estorba e impide tanto, en su tanto, como otra cualquier cosa diferente ... Porque acerca de la memoria y adoración y estimación de las imágenes, que naturalmente la Iglesia Católica nos propone, ningún engaño ni peligro puede haber, pues en ella, no se estima otra cosa sino lo que representan; ni la memoria de ellas dejará de hacer provecho al alma, pues aquella no es sino con amor de al que representan, que, como no repare en ellas más que para esto, siempre le ayudarán a la unión de Dios, como deje volar el alma (cuando Dios le hiciere merced) de lo pintado a Dios vivo, en olvido de toda criatura y cosa de criatura”  ( Subida, l.III, cap. 15)

            “La persona devota de veras en lo invisible principalmente pone su devoción, y pocas imágenes ha menester y de pocas usa, y de aquellas que más se conforman con lo divino que con lo humano ... Ni en esas de que usa tiene asido el corazón, porque, si se las quitan, se apena muy poco; porque la viva imagen busca dentro de sí, que es Cristo crucificado ... Que aunque es bueno gustar de tener aquellas imágenes que ayuden al alma a más devoción .. pero no es perfección estar tan asido a ellas que con propiedad las posea, de manera que, si se las quitaren, se entristezca” (cap. 35)

            Mucho había que decir de la rudeza que muchas personas tienen acerca de las imágenes; porque llega la bobería a tanto, que algunas ponen más confianza en unas imágenes que en otras, entendiendo que les oirá Dios más por éstas que por aquellas, representando ambas una misma cosa, como dos de Cristo, o dos de Nuestra Señora” (cap. 36)

            “ De aquí  es (...) que algunas personas no se hartan de añadir unas y otras imágenes a su oratorio, gustando del orden y atavío con que las ponen, a fin de que su oratorio esté bien adornado y parezca bien; y a Dios no le quieren más así que así, mas antes que menos, pues el gusto que ponen en aquellos ornatos pintados, quitan a lo vivo, como hemos dicho. Que aunque es verdad que todo ornato y atavío y reverencia que se puede hacer a las imágenes, es muy poco ( por lo cual los que las tienen en poca decencia y reverencia son dignos de mucha reprensión, junto con los que hacen  algunas tan mal talladas que antes quitan la devoción que la añaden, por lo cual habían de impedir a algunos oficiales que en esta arte son cortos y toscos); pero ¿qué tiene esto que ver con la propiedad y asimiento y apetito que tú tienes en estos ornatos y atavíos exteriores, cuando de tal manera te engolfan el sentido, que te impiden mucho el corazón de ir a Dios, y amarle y olvidarte de todas las cosas por su amor ? ( cap. 38)

            “Para encaminar a Dios el espíritu en este género, conviene advertir que a los principiantes bien se les permite, y aun les conviene, tener algún gusto y jugo sensible acerca de las imágenes, oratorios y otras cosas devotas visibles, por cuanto aun no tienen destetado ni desarrimado el paladar de las cosas del siglo, porque con este gusto dejen el otro. Como al niño que, por desembarazarle la mano de una cosa, se la ocupan con otra, porque no llore, dejándole las manos vacías. Pero para ir adelante, también se ha de desnudar el espiritual de todos esos gustos ... ; porque el puro espíritu muy poco se ata a nada de esos objetos, sino sólo en recogimiento interior y trato mental con Dios. Que aunque se aprovecha de las imágenes y oratorios, es muy de paso, y luego para su espíritu en Dios, olvidado de todo lo sensible. “ (cap. 39)

            Qué más podemos añadir a una doctrina tan clara, sino pedir a ciertos fieles - siempre prontos a dar lecciones de piedad al sacerdote-  que formen su gusto y no nos cansen con su ignorante superchería...
( Para más precisiones dirigirse al irresponsable autor de estas líneas)



TEXTOS

1. San Gregorio Magno: Las imágenes son la Biblia de los iletrados

            “Ha llegado a noticia nuestra que, encendido por un inconsiderado celo, has destrozado algunas imágenes con la excusa de que no deben ser adoradas. Es cierto que te alabamos por haber prohibido que fueran adoradas; pero te reprendemos por haberlas destrozado. Dinos, hermano, ¿cuándo has oído que un sacerdote hiciera lo que tú has hecho ? ¿Cómo no pudo retenerte el pensamiento de que, despreciando a tus hermanos, eras tú el verdadero santo y prudente ? Una cosa es adorar una pintura, y otra cosa es servirse de una pintura para conocer a quién hay que adorar. Porque lo que un libro proporciona al que lo lee, eso es lo que una pintura ofrece a los analfabetos que la contemplan, pues en ella aun los ignorantes ven cómo tienen que comportarse, en ella leen los que no tienen letras. De ahí que, sobre todo para los paganos, la pintura equivale a la lectura. Y eso es lo que debieras haber tenido en cuenta tú que habitas entre los gentiles, para que no ocurriera que, arrebatado por un celo imprudente, causaras escándalo en almas todavía incultas.[3] Por tanto, no se debiera haber destrozado lo que en las iglesias se coloca no para ser adorado sino sólo para instrucción de los ignorantes ...
            Tienes que procurar convocar a los que has dispersado por tu imprudencia, y decirles: Si queréis tener en la iglesias imágenes, conforme a la antigua tradición, para vuestra instrucción, permitiré que se hagan y se conserven. Y diles que lo que te desagradó no fue la visión de la historia que estaba representada en la pintura, sino la adoración que indebidamente se les dispensaba. Y, tranquilizándoles con estas palabras, procura recobrar su concordia. Y si alguien quiere fabricar imágenes, no se lo prohibas, sino impide que de cualquier manera las adoren. Y amonéstalos de manera que al contemplar las proezas (de los santos) se sientan enardecidos por la compunción, y se prosternen humildemente sólo ante la santa Trinidad”
(Carta a Sereno, PL 77, 1128-1129)

           
2. San Juan Damasceno : Sermón 1 de las Imágenes

            “ Lo que el sermón propone a los oídos, eso mismo la pintura silenciosa lo logra por la mímesis” (San Basilio). No puede demostrarse con palabras más claras que entre los analfabetos las imágenes cumplen la función de los libros y son mudas pregoneras de la gloria de los santos, puesto que con una palabra tácita enseñan a aquellos que las contemplan, y hacen atractiva a la vista la santidad.
            Cuando no tengo ganas de estudiar y dispongo de tiempo libre, me voy de buena gana a la iglesia y contemplo las pinturas ... Acarician mis ojos como las flores del campo; y la gloria de Dios desciende a mi alma.  Considero la constancia de los mártires y el premio de su corona, y postrándome en tierra, por mediación del mártir consigo mi salvación ...
            Advierte que la esencia divina no brilla en figura visible o en una hermosura formal y elegante por los colores, sino que se la contempla por la fuerza de una inefable bienaventuranza, y por esa causa su imagen es irreprensible. En cambio la forma humana puede pintarse con colores sobre una tabla. Por tanto, si el Hijo de Dios, ‘tomando forma de siervo, se revistió de la figura humana, y hecho semejante a los hombres, apareció en su porte como hombre’, ¿qué nos impide que representemos su imagen?  Y si se estableció la costumbre de que a la imagen del Emperador la llamemos ‘el Emperador’, y que, según la frase del divino Basilio, ‘la honra dada a la imagen pasa al prototipo’ al que representa, ¿por qué no se va a dar honra y veneración a la imagen de Cristo ? No ciertamente como si fuera Dios, sino solamente como imagen del Dios que se encarnó.” (PG 94, 1268)

3. Erasmo de Rotterdam: Del uso y abuso de las imágenes

            “... Aunque ese culto en nuestros días se ha multiplicado al infinito. Sin embargo, no se trata de desterrar todas esas imágenes de nuestras iglesias, sino habría que enseñar al pueblo la manera como conviene servirse de las imágenes. Lo que haya de malo debe rectificarse, si se puede hacerlo sin grave turbulencia; y lo que hay de bueno debe fomentarse. Sería de desear que no se viera en los templos cristianos nada indigno de Cristo...
            ... Cuando un pintor quiere representar a la figura de la Virgen María o de santa Agueda, elige a veces como modelo a una ramera lasciva, o para tallar la imagen de Cristo o de San Pablo, se contenta con el primer juerguista que se le presenta o cualquier pícaro. Porque hay imágenes que provocan más a la lascivia que a la piedad; pero las toleramos porque somos conscientes de que su supresión causaría mayores males que su conservación...” (“Modo de orar a Dios, Opera, V, p.1120-1121)


4. Sobre la fealdad de las imágenes y la decadencia del arte cristiano


            K.H. Huysmans:“Evidentemente, en ningún lugar, en ningún país, en ninguna época, ha habido tal audacia en la exhibición de tan sacrílegos horrores; y si se piensa que han sido elaborados expresamente para Lourdes, fabricados exprofeso para Nuestra Señora, se puede deducir de este espectáculo alguna enseñanza. A no dudarlo, tales atentados no pueden atribuirse más que a bufonadas vindicativas del demonio. Es su venganza contra Aquella que tanto aborrece, y puede pensarse que le dice:
            ‘Yo te sigo la pista - dice el diablo a María- y dondequiera que tú te detengas, allí me instalaré yo también ... Y el arte, que es la única cosa limpia sobre la tierra después de la santidad, no solamente tú no lo tendrás, sino que yo me arreglaré para seas insultada sin descanso con la blasfemia continua de la fealdad ... Todo cuanto te represente a ti  y a tu Hijo será ridículo; todo cuanto figure a vuestros ángeles y vuestros santos será innoble ... Hasta he pensado en los objetos de culto, sobre todo en los que tocan a la carne misma de Cristo; he dedicado especial cuidado a los ostensorios y copones; he querido que fueran de un gusto suntuoso y horrendo” ... (Les foules de Lourdes, cap. VI)

            N. Fumet: “ Los atroces iconos que Cristo se ha visto obligado a soportar en un tiempo en que su Corazón tenía mayor necesidad de irradiar, responderán acaso mejor - al aumentar la escala de la humildad divina- a nuestras exigencias religiosas que las obras maestras del mejor Renacimiento, las cuales, más que llevarnos a la oración, nos suelen distraer. Porque esos modelos insignificantes, pintarrajeados en serie luego de haber sido concebidos por cerebros indigentes; esas figuras de fealdad repulsiva, unidas a toda la literatura boba que las acompaña, constituyen otras tantas hermosas genuflexiones divinas en el seno del abismo y la oscuridad. La luz que se abate en la miseria de los sentidos es Jesús, abrumado por el peso de la cruz.” (El proceso del arte, p.68-69)

            P. Saenz: “Si se creyese a las imágenes de devoción, hacerse santo sería una empresa dulce, agradable, aunque un tanto fastidiosa.
            De ahí la necesidad que reitera Oupensky de no confundir imagen sagrada con imagen de tema religioso, dos cosas absolutamente distintas. En consecuencia de tal confusión, el arte sacro ha sido ampliamente desterrado de nuestras iglesias y reemplazado por el arte religioso. Este arte, de índole prevalentemente emotiva, expresa más bien el estado de alma del autor de la obra que el contenido salvífico del misterio representado. No es ya un órgano de la Iglesia docente, sino la expresión de la personalidad del artista, que comunica su sentimiento a los fieles. ‘El fin del arte religioso es provocar cierta emoción. Ahora bien, el arte litúrgico no se propone emocionar, sino transfigurar todo sentimiento humano’.[4]
            Como muestra decadente de esta inclinación sentimental se destaca el llamado arte sulpiciano, cuyas estatuas y cuadros llenan nuestras iglesias. Es un ersatz de arte, con productos hechos en serie, sometidos a los cánones del comercio y del negocio...
            De los portales de Chartres a las estatuas de las santerías, de los iconos de Rubliov a las estampitas de primera comunión, el abismo resulta infranqueable. Es toda la distancia que va de un cristianismo militante y mistérico a un pseudocristianismo condescendiente y acaramelado. El arte tiene siempre valor de diagnóstico y de testimonio. El arte de San Sulpicio es un signo impresionante de la anemia del catolicismo pre-conciliar, de su fe languideciente y de su falta de virilidad. Mas al tiempo signo de un cristianismo en decadencia, ha sido también causa de envenenamiento para la piedad de muchos fieles. Decía Bernanos que Cristo no nos pidió que fuéramos la miel de la tierra, sino la sal de la tierra. La sal pica ... y aquello empalaga.
            Refiriéndose a esas imágenes indeterminadas y neutras, escribía el terrible Thibon: ‘Me cuesta creer que el relamido arte de San Sulpicio  una cierta música y literatura llamadas religiosas,, constituyan menor ultraje a la pureza divina que una blasfemia, un robo o un adulterio’.
            Sin embargo, a muchos dicho arte ‘les ayuda a rezar’ (!). No hay que extrañarse de ello, ya que, como decía Maritain, parafraseando la Escritura, ‘el número de los cristianos de mal gusto es inifinito’”.  ( El icono, esplendor de lo sagrado, p.376-377)




5)- LAS RELIQUIAS


            1. Legislación
                        1. El Código (1917) legislaba sobre las reliquias en el Título XVI del libro III, “De las cosas”, cánones 1281-1289 (Cf. 1276 y 1255 & 2)
                        2. Estas reliquias son incensadas en la Misa cantada y en Vísperas. Durante la Exposición del Santísimo Sacramento deben ser retiradas del altar, o cubiertas.

            2. Historia

                        El exponer las reliquias sobre el altar data del s.IX ( si no antes). Hubo un tiempo que en que eran expuestas en forma permanente; luego se las colocó solo para las grandes solemnidades.
                        La “Adomonitio Synodalis” (s.IX o comienzos del s.X) prescribió el que sobre los altares se tuviese solamente las urnas ( ‘capsae’) con las reliquias de los santos, el Evangelario y la píxide con el cuerpo del Señor, para los enfermos; las demás cosas se guardarán en lugar a propósito.
Según Righetti, esta norma “fue el punto de partida de una profunda transformación en la estructura externa del altar” (p. 468)[5]
                        A partir del s.X se acrecienta el culto público de los santos. Sus cuerpos son extraídos de criptas y de bajo los altares para exponerlos a la veneración de los fieles. Cada pueblo o ciudad quería poseer insignes reliquias, que fueran su orgullo. En Oriente los cruzados buscan cuerpos y reliquias de santos para llevarlos a sus patrias.
                        Para exponer las reliquias se utilizaban unas urnas que se colocaban en el borde posterior central del altar, o sobre un retablo adosado a éste. El otro lado de la urna apoyaba sobre un zócalo o pared, de modo que se pudiera pasar detrás del altar por debajo de las reliquias del santo patrono. Esto se denominaba  “elevare in altum”.
Sobre la urna del santo se erigía un templete o baldaquín de honor. Alrededor del altar se colocaban algunas columnitas que remataban en ángeles; unas barritas puestas sobre las columnas servían para sostener preciosas cortinas.

            3. Simbolismo
                        El mártir es ciertamente el prototipo del cristiano, por su entrega total a Cristo. N.S., modelo de todos los mártires, para podernos dejar la Eucaristía tuvo que inmolarse completamente, morir como la semilla bajo la tierra; ser pisoteado como la uva en el lagar ...
                        Vamos a transcribir algunos pasajes de la  hermosísima Carta de San Ignacio de Antioquía a los Romanos, cuando iba camino a su martirio y los cristianos buscaban evitarle la muerte.  Ella nos hará comprender qué adecuado es el que los restos de los mártires descansen bajo el ara; la unión de su sacrificio al del Maestro, e incluso su carácter cultual:

                        “Después de haber suplicado a Dios, alcancé a ver vuestro rostros dignos de Dios, y más de lo que pedía ... ; porque encadenado en Cristo espero saludaros, si fuere voluntad (suya) hacerme digno hasta el final. Porque el principio está bien puesto; si al menos alcanzase la gracia de conseguir sin impedimento mi suerte ! Porque temo vuestra caridad, que no me perjudique. Porque a vosotros os es fácil hacer lo que queréis, pero a mí me es difícil alcanzar a Dios, si vosotros no me dais oportunidad.
                        Porque no quiero que vosotros agradéis a los hombres, sino que agradéis a Dios, como le habéis agradado. Yo nunca he tenido esta oportunidad de alcanzar a Dios, ni vosotros, si guardáis silencio, podéis suscribir obra mejor. Porque si guardáis silencio sobre mí, yo seré palabra de Dios; mas si amáis mi carne, de nuevo seré voz. No me procuréis nada mejor que ser ofrecido a Dios, que ya está preparado el altar, a fin de que haciéndoos un coro en la caridad cantéis al Padre en Cristo Jesús; porque Dios, después de haberme enviado del Oriente al Occidente, se ha dignado hallar al obispo de Siria. Es bueno que, orientado hacia Dios, estar oculto al mundo, para amanecer en Él...”
                        “Escribo a todas las iglesias y ordeno a todos que complacido voy a morir por Dios, si vosotros no lo impedís. Os exhorto no hay para mí una complacencia inoportuna. Dejadme ser pasto de las bestias, por las que tengo que alcanzar a Dios. Trigo soy de Dios y por los dientes de las fieras voy a ser molido, para que sea hallado pan puro de Cristo. Acariciada más bien a las fieras para que sean para mí sepulcro y nada dejen de mi cuerpo, a fin de que, muerto, a nadie sea molesto. Entonces seré verdaderamente discípulo de Jesucristo, cuando el mundo no vea mi cuerpo. Implorada a Cristo por mí, para que por estos instrumentos sea hallado sacrificio para Dios...”
                        “... Ojalá goce yo de las fieras que me están preparadas y suplico hallarlas veloces para mí; las azuzaré para que rápidamente me devoren, no sea que, amedrentadas, me respeten como algunos. Si ellas, paradas, no quisieran, yo las hostigaré. Tened compasión de mí; yo sé muy bien lo que me conviene. Ahora comienzo a ser discípulo. Que nada de los seres visibles o invisibles me impida por celo el que alcance a Jesucristo. Fuego y cruz, manadas de bestias, disecciones, desgarramientos, quebrantamientos de huesos, desconyuntamiento de miembros, moraduras de todo el cuerpo, suplicios atroces del diablo vengan sobre mí, con tal que yo alcance a Jesucristo.
                        “ De nada me aprovecharán los confines del mundo ni los reinos de este siglo. Para mí es mejor morir por Cristo Jesús que regir los términos de la tierra. Busco Aquel que murió por nosotros; Aquel quiero, que nosotros resucitó. El parto es inminente. Compadeceos de mí, hermanos no me impidáis vivir; no queráis que yo muera; no entreguéis al mundo al que quiere ser de Dios, ni os seduzca la materia; dejadme recibir la luz pura; llegado allí, seré hombre. Permitidme ser imitador de la pasión de mi Dios. Si alguno lo tiene dentro de sí mismo, comprenderá lo que quiero, y me compadecerá, consciente de lo que me urge.”
                        “ ... Mi amor está crucificado; ya no hay en mí fuego para amar la materia, pero sí agua viviente que murmura en mí, diciéndome interiormente: Ven al Padre ! No siento placer por la comida corruptible ni por los placeres de la vida. Quiero el pan de Dios, que es la carne de Jesucristo ... y como bebida su sangre, que es caridad incorruptible”.


6)- LAS FLORES



            1. Legislación
                        El Ceremonial de los obispos recomienda adornar el altar con flores, sobre todo en las grandes fiestas. Las flores pueden ser artificiales, pero deben estar confeccionadas con un material noble, rico (el Ceremonial habla de seda). Por supuesto que en lo posible se han de utilizar las naturales.[6]

            2. Historia
                        Ya en la “Traditio” se habla de flores que adornan el altar: específicamente de rosas y lirios.[7]
            Conforme a la costumbre universal se honraban las tumbas de los mártires con flores. Y era lógico entonces que se colocasen luego flores en los altares en los altares, dentro de los cuales se hallaban reliquias de aquellos.[8]
            San Jerónimo alaba a Nepociano, el cual adornaba diligentemente con flores la iglesia... (Cf. Epist. 60 ad Heliodorum)[9]
            Al parecer, en algunos altares antiguos se ven ciertos agujeros en el borde de la mesa, que habrían servido para colocar flores.


           
            3. Simbolismo
                        Evidentemente el simbolismo del que hablaremos se da en las flores naturales, y secundaria y relativamente en las artificiales.

                        1. La belleza de las flores fue señalada por el mismo Cristo, al afirmar que ni la pompa de los vestidos reales más hermosos puede comparársele ( El que las había creado, sabía lo que decía...)
                        2. La flor por su color y aroma agrada los sentidos, y es así un símbolo del gozo espiritual.
El IV Dom. de Cuaresma (‘Laetare’) el papa bendecía una rosa de oro: recitaba plegarias especiales, la ungía con el santo crisma. esparcía sobre ella ciertos agradables aromas, la rociaba con agua bendita y la incensaba. En una de las oraciones pedía a Dios “la alegría y delicias de los fieles, bendecir y santificar esta rosa, tan agradable por su belleza y su perfume, como signo de alegrías espirituales, a fin de que su pueblo, liberado de Babilonia, por la gracia de su Unigénito, tenga desde ahora parte en las alegrías de la Jerusalén celestial. Y como la Iglesia, en honor del nombre divino, manifiesta su alegría por este signo, le conceda una felicidad y piedad verdaderas y perfectas, a fin de que por el fruto de las buenas obras,  imite ella el buen aroma de esta flor, la cual, salida de la vara de Jesé, es llamada la flor de la pradera y el lirio de los valles”.
Dice J. Pascher: “Según León IX, la ceremonia es un acto de culto a la santa cruz. Efectivamente, el año 1049 escribe sobre la rosa que suele ser llevada por Nos y por nuestros antecesores: ‘Porque por este tiempo del año se celebra la victoria de N.S.J.C., que padeció en ti ¡ oh santa cruz!, entonces espantosa, ahora deseable y adorable.” (PL 143, 635). Así parece que la rosa papal hubo de nacer de la costumbre que tenía la población romana de ofrecer rosas a la cruz como signo de veneración. Es posible que se trate en el fondo de una costumbre romana de primavera.
Por lo que se refiere a la predicación sobre la rosa, de ella poseemos ejemplos. Así Inocencio III (1198-1216): ‘El día de hoy todo el oficio está lleno de alegría, todo está cargado de felicidad ... , así se ve también claramente por las propiedades de esta flor, que ofrecemos a vuestra vista: Amor en el color, agrado en el perfume, y hartura en el gusto. Y es así que más que otras flores, la rosa alegra por su color, refresca por su perfume, fortalece por su gusto” (PL 217, 393)[10]  (Pascher, “El año litúrgico, p.94-95)




                        3. Las flores nos representan: así como la flor crece bajo los rayos del sol, necesita de él, así también el cristiano vive de la Sagrada Eucaristía. Las flores, una junto a otra, en torno del sagrario, representan la comunidad orante, ansiosa de alabar a Cristo. Cada flor necesita del agua para vivir, como el cristiano necesita de la gracia, “el agua que salta hasta la vida”; y de ser por el ejercicio de las buenas obras “el buen olor de Cristo”.
                        “Una voz dice: Escuchadme, vosotros que sois prosapia de Dios, y brotad como rosales, plantados junto a las corrientes de las aguas. Esparcid suaves olores, como el Líbano. Floreced como azucenas; despedid fragancia, y echad graciosas ramas; entonad cánticos de alabanza, y bendecid al Señor en sus obras” (Eclo. 39, 17-18)

                        4. Hay flores que son símbolos tradicionales en el arte cristiano: la rosa, el lirio, la azucena, etc.
                        La rosa es la ‘flor de las flores’.[11] De ella dice Leclerq: “La rosa ha sido la flor más alabada y admirada por los antiguos y los testimonios de ello son tan variados, tan entusiastas que se ha podido consagrar todo un libro a su historia, en la Antigüedad y en la Edad Media; en Oriente y en Occidente”. (DACL, t. 15, 1, col, 9-14)
                        Los Padres de la Iglesia hablan de ella: San Gregorio de Tours (Hist. Franc. VI, c.44), Fortunato de Poitiers (Carm. 6,8); San Isidoro de Sevilla (Etim. 17, c.9, n.17)
                        La rosa simboliza:
                                   a- El martirio: por su rojo sangre.[12]
                                               Más aun, simboliza al Rey de los mártires, su Pasión, sus llagas, y su Sagrado Corazón.
                                               Al respecto dice San Buenaventura, en su obra “Vitis mystica”:
                        “En el benignísimo Jesús, nuestra Vid, florece la rosa bermeja y encendida. Bermeja de la sangre de la pasión, encendida por el fuego de la caridad, aljofarada con las lágrimas del dulce Jesús ...” (c.15)
                        “Así como la rosa, cerrada con el hielo de la noche, cuando el sol naciente hiere con sus rayos ábrese toda y los pétalos desplegados muestran en su púrpura un cierto ardor apacible; así también la deliciosa flor del cielo, el óptimo Jesús, que desde el pecado del primer hombre estaba como cerrada del frío nocturno, y no suministraba a los pecadores plenitud de gracia, al venir, en fin, la plenitud de los tiempos (Gal. 4,4), encendida con los rayos de ardorosa caridad, se abrió toda de par en par, y la llama de la rosa de amor resplandeció en la púrpura viva de su sangre.”
                        “ Ya ves cómo floreció en Jesús esta flor de rosa. Mira todo su cuerpo; ¿dónde no hallarás flor de rosa? Mira una mano, mira la otra, mira los pies: ¿no ves flores de rosa? (c. 23)

                                   b- Se la vincula con el Paraíso celestial, es decir, evoca las dichas eternas. P.ej: Prudencio: “Allí emite toda la tierra suavísimo perfume de las purpúreas rosas ... “ (Cath. 5, v. 113-114); Fortunato: “Floribus aeternis oculos rosa, lilia pascunt” (De Virginitate, l.8, v. 29-30)

                                   c- María: flor predilecta en el paraíso de la Iglesia; la más bella, la más perfumada de virtudes; su corona es el Rosario ...

            * La rosa aparece ya en las catacumbas: en el cementerio de San Ponciano, se ve el bautismo de Cristo, y al lado la cruz en medio de rosas; en la cripta de Lucina, en San Calixto, se ve un árbol, pájaros, y un campo sembrado de rosas; en la cripta de Santa Cecilia, el Papa Urbano, aparece representado en medio de rosas.
            * Finalmente diremos que para los antiguos los derivados de la rosa tenían propiedades curativas o mágicas; p.ej: contra la ebriedad, para calmar dolores de cabeza, etc. (desde Plinio el Anciano hasta santa Hildegarda). Se hacían vinos, vinagres, mieles, etc.


            Y qué símbolo más hermoso que los girasoles en nuestros campos: cómo no ver en esas flores que miran siempre al sol una imagen de los cristianos que viven en la dependencia de Cristo, sol de justicia; que lo contemplan para copiarlo, pues cada girasol parece un sol vegetal.

            Finalmente, las flores nos deben hacer recordar lo efímero de nuestras vidas, y cómo deben terminar: a los pies de Cristo. (La Virgen dijo a Lucía en una de sus apariciones que aquel que sea fiel devoto de su Inmaculado Corazón será puesto como flor escogida, cerca del trono divino).


Las flores y la vida del hombre
Pedro Calderón de la Barca


Estas que fueron pompa y alegría,
despertando al albor de la mañana,
a la tarde serán lástima vana,
durmiendo en brazos de la noche fría.

Este matiz que al cielo desafía,
iris listado de oro, nieve y grana,
será escarmiento de la vida humana:
¡tanto se emprende en término de un día!

A florecer las rosas madrugaron,
y para envejecerse florecieron:
cuna y sepulcro en un botón hallaron.

Tales los hombres sus fortunas vieron;
en un día nacieron y expiraron;
que, pasados los siglos, horas fueron.






[1] “Super altare nihil omnino ponatur, quod ad Missae sacrificium vel ipsius altaris ornatum non pertineat”.
[2]  “Desuper vero altare in alto appendatur umbraculum quod baldachinum vocant, formae quadratae, cooperiens altare, et ipsius altaris scabellum, coloris coeterorum paramentorum”.
[3]  En el s.XVI los misioneros españoles debían tolerar un culto imperfecto de las imágenes por parte de los aborígenes. Pero han pasado cuatro siglos ...
[4] L’icône, vision du monde spirituel ..., p.12-13
[5] La Adomonitio fue ley general en todas las iglesias de Occidente, durante el s.X. El texto, con alguna variante ha pasado, a través del Pontifical de Durando de Mende (s.XIII) a la 3a. parte del Pontif. Rom. bajo el título de “Ordo ad Synodum”.
[6] “Vascula cum flosculis frondisbusque odoriferis seu serico contextis studiose ornata adhiberi poterunt.” (Coerem. episc. l.1, cap. XIII, n.12)
[7] “... sed et aliquoties et flores offerentur; offeratur ergo rosa et lilium, et alia vero non”
[8] Prudencio: “Nos tecta fovebimus ossa / violis et fronde frequenti” (Cathemerion X, v. 169)
[9] “... qui basilicas ecclesiae et martyrum conciliabula diversis floribus et arborum comis vitiumque pampinis adumbrabat”
[10]  En la Edad Media se fabricaban mieles, conservas y ‘aguas de vida’, a partir de las rosas, sobre todo de Provins.
[11]  Strabon, Hortulus ad Grimaldum, PL . 114, col. 1123
[12]  Cf.:  San Cipriano, Ad Mart. 1,8; De opere, et eleemosynis, c.26; San Jerónimo, Ep. ad Eust. 108, 31; Ep. ad Rust., 125, 2; Prudencio, Himno de Epifanía (12, v. 125-128)

sábado, 19 de febrero de 2011

3.1.2.ACCESORIOS DEL ALTAR


ACCESORIOS DEL ALTAR

            1- El tabernáculo y la lámpara votiva.
            2- La cruz
            3- Los cirios
            4- Los manteles
            5- Sacras y atril


1)- EL TABERNÁCULO

            1. Historia

                        1. El tabernáculo tal cual lo conocemos hoy día tiene sólo, aproximadamente, cuatro siglos.

                        2. Aunque parezca extraño, hasta el s. VII los fieles podían guardar la Santa Eucaristía en sus casas. Los Padres de la Iglesia hablan de ello:
                                   Tertuliano: “¿ No sabrá el marido qué gustas en secreto antes de cualquier otro manjar?, y si supiere que es pan, ¿no creerá que es aquel pan del que se habla?” (De Orat. 19; en l. 2, c.5)
                                   San Hipólito: “Todos eviten con diligencia que el infiel coma e la Eucaristía o que lo hagan los ratones u otro animal, y que ninguna otra coas en absoluto caiga en la Eucaristía y (que algo) perezca.” (Traditio; cf. Solano, p. 121; n.175)

                        Y no sólo se conservaba la Eucaristía en las casas, sino que también se comulgaba, tanto en Occidente, como en Oriente.

                        3. Pero, paralelamente, se guardaba en las iglesias. ¿En qué lugar?
                                   Const. Ap.: “Los diáconos tomarán el sobrante de las sagradas especies y los pondrán en el pastoforio”.
Pastoforio” viene de ‘pastos’= tálamo. [1]
En Oriente, el pastoforio o tabernáculo se hallaba al lado del altar, hacia el sur.


                                   En Roma, según el O.R. 1 (n.3), la reserva eucarística se hacía en una sencilla caja (‘capsa’). Esta, a la vez, se encerraba en un armario, el ‘conditorium’. Y el conditorium se hallaba dentro del ‘secretarium o sacrarium’.
                                   En la Galia se utilizaban las ‘torres eucarísticas o píxides’. La “Admonitio synodalis” admite sobre el altar la ‘píxide’ que contiene el viático para los enfermos.
                                   A partir del s.XI se utilizaron también las “palomas eucarísticas”[2]. La paloma era pequeña (unos 20 cm.) Presentaba una cavidad en la parte superior, cerrada por una tapaderita, a través de la cual se introducía la píxide con una o dos hostias. Toda ella se recubría con un velo. Pendía sobre el altar, a veces desde el baldaquino. Posteriormente, al desaparecer el baldaquino, se colgaba la paloma eucarística en la encorvadura de un báculo, sujeto a la trasera del altar ( o de una ménsula de hierro).



                                   Desde el s.XII se propagaron las ‘arcas’ o ‘propiciatorios’. El ‘propitiatorium’ es el antecesor inmediato de nuestros tabernáculos. Eran movibles y de pequeñas dimensiones ( Ej: el de Florencia mide 30 cm. de altura y 15 cm. de largo)     

                        4. Sobre el altar:
                                   a- En una Carta del Papa León IV al clero de Roma (s.IX) leemos: “No se puede depositar nada sobre el altar, a no ser las ‘capsae’ y las reliquias; los cuatro Evangelios, y el cofrecito del cuerpo de Cristo para el viático de los enfermos”.[3]
                                   b- En Italia, a partir del s.XI, se puso la reserva en sagrarios murales (ej: San Clemente de Roma). También se utilizó mucho en Alemania. Se construían ya en la pared al lado del altar , del lado Evangelio, ya en el coro. Se los denominaba “armarium, armariolum, sacrarium” ; tenían puerta y cerradura, y en ellos se colocaba la píxide con el Santísimo Sacramento.
                                   En los s.XIII-XIV se los decora, sobre todo la pared que rodea la portezuela. Los artistas italianos del s.XV tomaban como motivos: ángeles en adoración; Cristo saliendo del sepulcro o manando sangre de sus llagas (y un cáliz donde se la recoge); la Virgen, para indicar que también a ella le debemos la Eucaristía.
                                   c- Según Durando (+ 1296) sólo algunas iglesias colocaban el tabernáculo en la parte posterior del altar.[4]
                                   d- Hacia fines del s.IV y hasta el s.XVIII, se utiliza en el norte de Europa (Alemania, Países Bajos, norte de Francia), las ‘torres eucarísticas’ o ‘edículos’. Eran de gran altura (a veces llegaban hasta la bóveda), y se erigían junto al altar. En su mayor parte eran de estilo ojival. Contenían una hostia en un vaso transparente, colocado en medio de una rejilla metálica, y a veces, con cierta luz.

El origen de estas torrecillas, por las cuales tenía lugar un como exposición permanente fue el deseo vehemente de los fieles de aquella época, de contemplar la Eucaristía (A veces, mediando ciertas ideas supersticiosas).
                                   e- Pero desde el s.XVI se introdujo la costumbre de fijar establemente el tabernáculo sobre los altares. Los promotores de esta modalidad fueron Mateo Gilberti, obispo de Verona, y san Carlos Borromeo.
                                   f- El último paso fue la determinación del altar del tabernáculo: evidentemente, por su dignidad, se eligió el altar mayor. Pero esto se hizo obligatorio, sólo a fines del siglo pasado.
El Código de 1917 dice: “Se guardará en el lugar más digno y excelente de la iglesia y por tanto, de ordinario en el altar mayor, a nos ser que resulte más conveniente y digno para el culto y veneración de tan admirable sacramento guardarlo en otro altar...” (c. 1268 # 2)


            2. Legislación actual ( c. 1265-1274)[5]

                        1. De ordinario, en las iglesias y oratorios el tabernáculo en que se guarda el Smo. Sacramento, es del altar mayor. Pero si es más conveniente y digno para el culto y veneración del Santísimo, se lo puede guardar en otro altar.
Así p.ej: en las iglesias en las que se celebran funciones corales junto al altar mayor o en los santuarios donde hay mucho movimiento de gente.[6]
                        2. El tabernáculo debe:
                                   a- ser bendecido con la fórmula del Ritual que sirve para la bendición del copón (Tit. 9, c.9, n.6; cf. D.4035)
                                   b- colocarse en un verdadero altar; todo otro modo de conservar la Sagrada Eucaristía está terminantemente prohibido (en la pared, al lado o detrás del altar, en una columna o edículo separados del altar)[7];
                                          y en el centro del altar (c. 1269, n.1)
                                   c- ser inamovible, que no pueda destornillarse ni arrancarse[8]
                                   d- de materia sólida y resistente, o sea, madera, mármol o metal. Evidentemente ello tiene como fin evitar las profanaciones. [9]
                                   La Esposa de Cristo tiene celo sumo por la gloria de su Esposo; por ello, cuando ocurría una profanación, sin importar la causa, el Obispo tenía que entablar un proceso contra el párroco y remitir el acta del proceso a la S. C. R. (AAS, 1938, p.199 y 1957, p.425)
                                   e- estar artísticamente elaborado, cerrado con solidez por todos lados, convenientemente adornado. (c.1269, n.2). Los rectores de iglesias deben procurar que el altar donde está el Santísimo esté mejor adornado que todos los otros. (c. 1268, n.4)
                                   Su forma y tamaño deben ser dignos del Sacramento (SCR 1-VI-1957, n.4). En lo posible, debe ser conforme al estilo del altar y de la iglesia.
                                   No debe tener forma de caja o de urna, sino más bien de tienda de campaña; los símbolos que adornan el tabernáculo deben ser conformes al uso tradicional de la Iglesia; o sea, que hay que evitar toda representación extraña o que no condiga con la Eucaristía (S.C.R. 1-VI- 1957, n.7)
                                   f- estar dorado o forrado enteramente por dentro con seda blanca ( D.4035,4). Y, aunque estuviere dorado, se colocará siempre un corporal bendecido y limpio, el cual se cambiará con la debida frecuencia.

                        3. Dentro del sagrario sólo puede guardarse el Santísimo; ni los óleos, ni cálices, etc. Excepciones: temporalmente, la Custodia con el Santísimo y los copones aun no purificados. (Rit., V, 1, n.6; c.1269 #2)


            3. Elementos relacionados:

                        A)- El conopeo

                        1. Todo sagrario donde se encuentra el Santísimo debe tener su puerta cubierta con un velo o conopeo. Y eso aunque la puerta esté ricamente trabajada. No se trata de admirar una obra artística, sino de adorar al Dios escondido. [10]
                        No se debe poner conopeo en los sagrarios donde no hay presencia eucarística.
                        2. Materia: lo más conveniente es la seda, pero puede emplearse también algodón, lana, etc. (D. 3035, 10)
                        No conviene una pintura metálica o un bordado, o una oleografía con símbolos religiosos (D. 4000)
                        3. Forma: debe ser tal que en lo posible cubra incluso los lados del tabernáculo. No puede reemplazarse el conopeo por una tela fijada delante del tabernáculo, y menos aun por una tela transparente o dispuesta a modo de cortinas levantadas.
                        4. Color: puede ser siempre blanco, pero es preferible el color correspondiente al Oficio del día. (R.g.n. 117; D. 3035, 10)
Así, pues, en las funciones solemnes el color del conopeo sea el mismo de los ornamentos, salvo si siguen inmediatamente al rezo del Oficio coral, p.ej, las misas conventuales.
Aunque se trate de una función fúnebre no se puede utilizar el color negro, sino que ha de ser morado.
Para la exposición del Santísimo siempre debe ser blanco, a no ser que preceda o signa inmediatamente a otra función (Misa, Vísperas), y que el celebrante no salga del Coro o presbiterio; en cuyo caso se conserva el color conveniente a dicha función (D. 3559)

                        B)- La llave

                                   1. La puerta del sagrario debe ser bien sólida, con su cerradura y llave. (Rit., V, 1, n.5), y de tamaño tal que pueda sacarse con facilidad el copón.
                                   La llave debe ser de plata o al menos plateada.
                                   Debe haber copia, para que si se pierde, no haya necesidad de recurrir al cerrajero.
                                   2. La llave debe guardarla el párroco (si se trata de una iglesia parroquial) o el rector o capellán para las iglesias no parroquiales; nunca un seglar, aunque sea sacristán (Conc.Plen.Lat., n.890) Pero si se guarda la llave del sagrario en la sacristía, se le puede dar esa llave, por si otro sacerdote la necesita (en caso de ausencia del párroco).
                                   El rector de la iglesia debe guardar la llave del sagrario:
                                               - o en su casa;
                                               - o en la sacristía, en un lugar seguro y secreto, y bajo llave (la cual guardará en su casa o llevará consigo);
                                               - o la llevará consigo (SCR 26-V-1938)
                                   El cuidado que el rector de la iglesia debe tener de la llave del sagrario - chers confrères!- obliga sub gravi (c. 1268, # 4)
                                   En principio, no se debe dejar la llave puesta en la cerradura, ni sobre la mesa del altar (Sobre todo si el altar no está a la vista).


                        C)- La lámpara votiva



                                               1. Hay como un anticipo de lo que sería nuestra lámpara votiva, en la que Dios mismo había ordenado se tuviese encendida frente al tabernáculo, de cuyo cuidado estaba encargado Aarón (Lev. 24)
                                               2. El nicho o armario en que se colocaba la Santa Eucaristía estaba dentro de un ‘oculus’, en el cual ardía siempre una lámpara, cuyo resplandor se veía desde fuera.
                                               Un Sínodo de Verdún (s.VI) prescribía: “Que el lugar donde se reserve el precioso depósito de la Eucaristía sea un lugar destacado, eminente y digno y que, si los recursos de la iglesia lo permiten, haya siempre delante de ella una lámpara encendida”.
                                               Esa norma fue obligatoria desde la Edad Media.
                                               3. Disciplina actual: debe arder frente al tabernáculo, al menos, una lámpara, día y noche, sin interrupción, aun cuando se trate de una iglesia pobre (c.1271).[11]
                                               La lámpara debe estar alimentada con aceite de oliva. Pero si no se puede conseguir fácilmente, o es muy caro, el Ordinario puede permitir el uso de otros aceites vegetales o minerales (D. 3121). Puede también usarse cera de abejas; y, en casos de excepción, utilizar luz eléctrica (D. 4334).
(Así lo permitió la Santa Sede durante las dos Guerras)
                                               El color del vidrio puede ser cualquiera (D.3576)


            Simbolismo

            Juntamente con el simbolismo que veremos luego al hablar de los cirios, y que se aplica también a la lámpara votiva, Amalario ve en el uso de ésta una proclamación de la realeza de Cristo, puesto que en la antigüedad se llevaba una luz ante los emperadores y los reyes.

                “Sí, el fuego está emparentado a lo viviente. Es símbolo puro de nuestra alma viviente, imagen de todo lo que nosotros experimentamos interiormente: cálido y resplandeciente, siempre en movimiento, siempre esforzándose por elevarse. Cuando vemos agitarse a la llama después de cada soplo de aire, y sin embargo íntegra en su elevación, radiante de luz, transmitiendo olas de calor: ¿ no sentimos aquí una profunda afinidad con aquello que en nosotros también arde, es luz y se esfuerza por elevarse, a menudo incluso doblegado por fuerzas opuestas? Y cuando vemos de qué manera la llama penetra, anima y transfigura todo su contorno; cuando vemos que ella se convierte inmediatamente en el punto medio que siempre ilumina: ¿no es ésta una imagen de la luz misteriosa que está encendida en nosotros, encendida en este mundo para penetrarlo todo y darle una patria?.
                Así es. La llama arde como una imagen de nuestro interior; es como una imagen de nuestro esfuerzo de irradiación, de la fuerza, del espíritu. Donde la encontramos sentimos su agitarse e iluminarse como algo vivo que nos habla. Si queremos expresar nuestra propia vida, si queremos dejarla hablar en cualquier lugar, entonces encendemos ahí una llama.                                                                Así entendemos también por qué tiene que arder allí donde deberíamos estar propiamente: ante el altar. Allí deberíamos estar de pie, adorando, atentos, toda claridad y fuerza, concentrada en nosotros en la santa cercanía. La mirada de Dios dirigida hacia nosotros y nosotros dirigidos hacia El. Así debería ser. Confesamos esto porque encendemos allí la lámpara como imagen y expresión de nuestra vida.
                                        La llama en la lámpara votiva. ¿Ya has pensado en ello? Esto eres tú. Tu alma la representa; ¡debe representarla! Pues por sí sola la luz terrenal nada dice. Tienes que tronarla expresión de tu vida dedicada a Dios. Allí, el lugar de la santa cercanía, debe ser realmente el lugar donde tu alma -toda llama y toda luz para Dios- está íntegramente viva. Allí el alma debe estar en todo sentido en su casa, para que la silenciosa llama en la lámpara sea efectivamente expresión de tu interior.
                                        Esfuérzate para ello, no viene por sí mismo. Pero si tú te acercas a El entonces puedes - después de tales momentos de reposo luminoso- volver tranquilamente con los hombres. La llama se queda en el lugar de la santa cercanía y habla por tí.”


R. Guardini, Los signos sagrados, p.40-41









2)- El CRUCIFIJO



            1. RUBRICA

            “Super altare adsit in medio crux satis magna cum Crucifixo...”
( R. G. Misal, n. 527)
           
Sobre el altar, en el medio, entre los candelabros, se debe colocar un crucifijo (cruz + Cristo), de tales dimensiones que tanto el celebrante como los fieles puedan ver cómodamente la cruz y la imagen de Cristo (D. 2621 ad 7). Los candelabros no deben ser el centro de nuestra atención, sino la cruz.
            La cruz puede colocarse sobre el tabernáculo. Si arriba del alatr, en el retablo o en la pared, hubiese un crucifijo grande (pintado o esculpido), que se vea claramente, no es necesario colocar otra cruz. (D. 1270)
            No es necesario bendecir la cruz, pero es muy conveniente (D. 2143)


            2. HISTORIA

            1. Se sabe que hasta la conversión de Constantino (313), no se representaba la cruz de manera directa, sino a través de símbolos: el ancla, el tridente, el arado, etc. Ello era lógico por todo lo que significaba la cruz como signo de ignominia, al ser el suplicio de  los malhechores y los esclavos. [12]
            Pero después de la victoria de Constantino sobre Majencio (‘In hoc signos vinces’), y el hallazgo de la Santa Cruz, se comienza a ver en las basílicas imperiales, en los mosaicos absidales, la cruz como símbolo triunfal. Sobre un  fondo de oro, se ven cruces resplandecientes de piedras preciosas.
P.ej: En la Basílica de Santa Pudenciana (s.IV), se ve sobre el Cristo ‘Panthocrator’, una cruz de oro engastada de piedras preciosas, erigida en el Calvario, y rodeada de los monumentos que Constantino había hecho erigir en Jerusalén. (Constantino había hecho erigir una cruz de oro en el Calvario).

            2. En varios documentos siríacos del s.IV-V, se indica la costumbre de los cristianos de trazar una cruz en el muro oriental de sus cuartos, para rezar frente a ella. Y ello se conecta ciertamente con el hecho de que las basílicas bizantinas  que se construen hacia esta época, tienen su ábside orientado, y pintada, sobre él, una inmnensa cruz.

            3. Desde el s.VI comienza a pintarse no sólo la cruz, sino también a N.S.J.C., sea en forma realista, sea en forma simbólica ( Buen Pastor, Cordero, etc.). Pero en ningún caso como Cristo sufriente sino triunfante.
Ej: en San Apolinario in Classe, en Ravena, se ve una cruz fulgurante (s.VI). En Roma, en la iglesia de San Esteban Rotondo (s.VII), se ve una cruz triunfal, y sobre ella un busto de Cristo. Una mano desde el cielo, lo corona de laureles.

            4. En Siria se da una situación diferente: los monofisitas negaban la naturaleza humana de Cristo, y por tanto, no había sufrido tormento alguno. Entonces el arte se va a encargar de manifestar la ortodoxia. Por eso, en Siria, se ve ya desde el s.V, el crucifijo vinculado al altar.
Existe un Evangelio iluminado por un monje sirio del s.VI, llamado ¨Rabula, en el que se ve a Cristo crucificado, barbudo, y revestido del ‘colobium’.
            En el año 692,  el concilio ‘in Trullo’ de Constantinopla, decreta que ya no se representará más a Cristo de una manera simbólica, sino real.
            En esta época los sirios navegaban todo el tiempo por el Mediterráneo. Y como es la época de la herejía iconoclasta, muchos monjes orientales se dirigieron a Occidente, difundiendo así el crucifijo.
            Además varios Papas de esta época (s. VII - VIII) son de origen sirio, y fomentan el uso del crucifijo.

            Por este tiempo se viste a Nuestro Señor con el ‘colobium’ (que cubre todo el cuerpo), o sólo desde la cintura hasta las rodillas. Pero lo que tienen en común todas las representaciones es que se trata de un Cristo no sufriente, sino vencedor. Un Cristo majestuoso, Rey y Sacerdote; lleno de paz; la cruz es más el trono desde el que domina, que instrumento de suplicio.
            Se ve, a veces, la cruz pintada de verde, en alusión al árbol de la vida.
            Diversas causas hicieron que hacia el s.XII los artistas comienzen a insistir más en Cristo como ‘Varón de dolores’, que en plasmar su realeza (como había sido en arte cristiano de los primeros siglos). Por una lado, San Bernardo en sus escritos, realslta la humanidad de Cirfsto, como fuente de contemplación; se repreenta la Pasión en forma de ‘misterios’ (teatro sagrado; San Francisco recibe los estigmas; San Luis manda construir la Sainte Chapelle para cobijar la corona de espinas de N.S., etc.

            Desde el s.VIII se ven estas representaciones (Cristo con su cruz, vencedor de la muerte; Cristo Juez) suspendidas del arco triunfal de la iglesia o apoyadas en una viga ( ‘trabes’).
            Con el paso de los siglos ese motivo no hace sino repetirse; en el s.XV se lo ve en las iglesias de Francia, Bélgica, Italia, Inglaterra.
            En muchos lugares, en lugar de la ‘trabes’, existe una galeria, que separa el coro de la nave, y es entonces allí donde se ve la cruz triunfal. Ésta era  generalmente de madera, adornada de policromáiua y dorada. Decorada con los símbolos de los evangelistas, y a sus lados la imagen de la Virgen y de San Juan.
            En el s.XVI san Carlos Borromeo escribía: “Bajo la arcada principal del coro, en toda iglesia, sobre todo si es parroquial, se colocará la cruz con la imagen de Jesucristo. Esta imagen será de madera o de otra materia; el estilo será religioso y decorativo. Si la arcada es poco elevada, como así tambie´n la bóveda del coro, entonces el crucifijo será fijado sobre el muro que se eleva sobre la arcada, o al menos, sobre la puerta de la reja del coro”. [13]


            5. En la antigüedad se colgaban cruces de plata o de oro, desde el baldaquino o una viga (‘pergula’), sobre el altar, a manera de ex-votos.
            Constantino hizo colgar sobre el altar mayor de San Pedro, su corona imperial, de la que pendía una cruz en oro. Y siguieron su ejemplo varios príncipes como Clovis y Carlomagno. Otro tanto hicieron algunos Papas, sea ofreciendo coronas o cruces de plata o de oro.



                        6. Antecedente inmediato de la cruz de altar: la cruz procesional
                        Cuando Carlomagno fue coronado emperrador por León III, obsequió as éste una cruz con piedras preciosas, y le pidrió que dicha crruz fuese al frente de la procesión de las letanías (Lib. Pont., II). Desde entonces el cortejo pontifical fue precedido por una cruz, a la cual se le agregó un asta (como hoy día).  Las primeras cruces procesionales no tenía asta; ello se puede comprobar, p.ej., en la procesión del mosaico de San Vital, en Ravena -s.VI- Frecuentemente se la tomaba del palo transversal.
                        En el s.XII, cuando se celebraban las estaciones (culto papal), un subdiácono regional llevaba una cruz estacional (‘crux stationalis’) a la cabeza del cortejo papal, acompañado del clero y de los fieles de las parroquias romanas. Todos se dirigían hacia la basílica donde correspondía ese día celebrar (‘statio’). Cuando llegaba al altar, el subdiácono se quedaba allí sosteniendo la cruz, o la fijaba en un trípode, frente al celebrante. (entre el altar y los fieles).
A veces, al llegar al presbiterio, el subdiácono sacaba la cruz del asta y la colocaba en un soporte sobre el altar. Terminada la Misa, la volvía a colocar sobre el asta, para encabezar la procesión.
Hoy día también, en la Misa pontifical, el subdiácono y la cruz se colocan del lado Evangelio.

                        7. Finalmente:
                                   * s.XI: Había ya cruces de altar propiamente dichas (no procesionales)
                                   * s.XII:  Se conocen en todos lados
                                   * s. XIII: se prescribe su uso durante la celebración de la Misa.[14]
                                   * s.XVI:  La cruz se coloca en forma permanente sobre los altares (Aunque no es seguro que haya sido obligatorio)



            3. SIMBOLISMO

                        “Nada en el mundo puede existir ni formar un todo sin este signo”
(San Justino, Ap.1)

                        La imagen de la cruz  

                        Toman figura de la cruz
                        las golondrinas que vuelan,
                        los mástiles que se arbolan,
                        los estandartes que ondean,
                        los pinos que van creciendo,
                        los caminos que se encuentran,
                        los frailes que amor predican,
                        los marineros que reman,
                        el niño que va a su madre,
                        y el pecador que al fin reza
                        con los brazos extendidos
                        cual ave que al cielo vuela.

                                                           Jacinto Verdaguer


            En primer lugar hablaremos de la razón de ser de la cruz en el altar. Luego del simbolismo de la cruz en general.

            Simbolismo de la cruz en el altar




            1. 1. Respecto a lo primero: es evidente que la cruz tiene como fin inmediato recordar al celebrante y a los fieles, que la Santa Misa es la renovación del sacrificio de Jesús.[15]

            1. 2.  Pero no hay que olvidar que históricamente, como vimos, la cruz es también signo triunfal, de gozo. Quisiéramos citar algunos textos que ponen de relieve este último aspecto, tan desconocido actualmente.

 ( NB: Queremos aclarar que si transcribimos varias citas de los Padres, es no sólo para ver que se trata de una doctrina común, sino también para brindar la oportunidad al lector de conocer a los Padres. Esto que decimos aquí se aplica a todos nuestros artículos.)

                        Jean Daniélou: “El signo de la cruz apareció en su origen, no como una alusión a la Pasión de Cristo, sino como una designación de su Gloria divina. Incluso cuando, más tarde, se refiera a la cruz en que Cristo murió, ésta será consideerada como expresión del poder divino que actúa  a través de su muerte; y los cuatro brazos de la cruz aparecerán como el símbolo del carácter cósmico de esta acción salvadora” (Los símbolos cristianos primitivos, p.122)
                        San Juan Crisóstomo: “Este es para nosotro sun día de fiesta y de reunión, queridos hermanos, porque en un día como este, nuestro Maestro fue clavado a la cruz. No os parezca extraño, que en memoria de una cosa tan odiosa, nosotros estemos de fiesta: todos estos eventos son espirituales y opuestos al curso comùn de las cosas humanas. Para convenceos acabadamente: ¿ qué significaba antes hablar de la cruz? Era hablar de suplicio y condenación, mientras que ahora la cuz es un bojeto de veneración y amor. Antiguamente la cuz estaba consagrada a la vergüenza y al fracaso; hoy día es fuente de gloria y honor. Sí; la cruz es fuente de gloria; escuchad estas palabras de Cristo: ‘Y ahora Tú, Padre, glorifícame a Mí junto a Ti mismo, con aquella gloria que en Ti tuve antes que el mundo existiese’ (Jn. 17,5) Es a su cruz que Él hacía alusión. La cruz es principio de nuestra salvación; a la cruz debemos una infinidad de bienes. Gracias a la cruz, los que hasta no hace mucho no éramos más que objeto de desprecio e ignominia, somos ahora admitidos a la categoría de hijos.  Gracias a la cruz, no somos más juguetes del error, y conocemos la verdad. Gracias a la cruz, los que adorábamos árboles y piedras, conocemos ahora al Autor de todas esas cosas. Gracias a la cruz, hemos pasado de la esclavitud  del pecado a la libertad de la justicia. En fin, por la cruz la tierra se ha transformado en cielo... “ ( Sermón sobre la cruz, Viernes Santo)

                        San León Magno: “Entregado Cristo a la voluntad de sus crueles enemigos, para irrisión de su regia dignidad, se le obligó a portar él mismo el instrumento del suplicio, para que se cumpliese lo que había anunciado el profeta Isaías: ‘He aquí que ha nacido el Niño, se nos ha dado el Hijo, cuyo imperio lo lleva sobre los hombros’. Puesto que cuando el Señor cargó con el madero de la cruz, que se convertía así en cetro de su poder, a los ojos de los impíos era aquello una gran ignominia, pero para los fieles quedaba manifiesto un gran misterio; pues el gloriosísimo vencedor del demonio y triunfador de las potestades enemigas portaba hermosamente el trofeo de su triunfo; y sobre los hombros de su invicta paciencia llevaba el signo de la salvación que había de ofrecerse a la adoración de todos los reinos, como si con la misma imagen de su propia obra quisiera confirmar sus seguidores diciéndoles: ‘Quien carga con su cruz y me sigue, no es digno de Mí’ (Com. a Isaías, IX, 6 - PL 54, 339-340)

                        San Efrén: “Esta preciosa cruz aparacerá en el cielo, pródromo de la segunda venida del Señor, como el cetro de Cristo gran Rey, la señal del Hijo del Hombre. Se mostrará la primera, escoltada por el ejército de los ángeles, iluminando la tierra entera de una extremidad a otra, superando el brillo del sol y anunciando la venida del Señor de todas las cosas, Cristo”.

                        Este pensamiento de los Padres de la Iglesia - de ser la cruz cetro del Rey, signo de victoria - lo recoge la Santa Liturgia. Así. p.ej., en el hermosísimo himno de Vísperas del tiempo de Pasión, compuesto por Venancio Fortunato en el s.VI, el ‘Vexilla Regis prodeunt’:

                        “Flamean las banderas de nuestro Rey,
                        resplandece el misterio de la cruz,
                        en la cual la Vida sufrió la muerte,
                        y con la muerte produjo la vida...”


Para cerrar este punto, acerca de la bivalencia simbólica de la cruz en el altar, apuntamos una reflexión de Dom Beauduin que nos parece acertada:

                        “Sin duda, el artista cristiano debe respetar la realidad histórica. Pero en el misterio de Cristo sobre la cruz, tiene lugar otra realidad tan verdadera como el hecho material que cae bajo los sentidos: la realidad perceptible por los ojos de la fe, del tiunfo definitivo y univesal sobre la muerte y el infiero, de la victoria más gloriosa que culquier otra victoria y que Jesús obtiene en ese momento. Y mi fe, mi amor y mi reconocimiento quieren celebrar ese triunfo, contemplar esa victoria, transformar en trofeos gloriosos las ignominias del Calvario; y si el artista cristiano no me habla con fuerza de esa realidad trascendente, no me habla acabadamente del misterio de la cruz” (“Le Christ triomphant”, Les quest. lit., 2do. año, p.194-195)

Por nuestra parte creemos que la Santa Síndone logra ese objetivo: Cristo está yacente, pero parece de pie; su cuerpo es todo una llaga, pero su rostro es todo paz y majestad; nos introduce en la oscuridad del sepulcro, pero nos baña los ojos de luz; la luz de la Resurrección...



            Simbolismo de la cruz en general

La cruz:

                        1- Ha sido el altar de los holocaustos (era de madera), sobre el que se inmoló el Cordero de Dios. El fuego que consumió la Víctima fue su propia caridad (“He venido a traer fuego sobre la tierra...”)
                        2- Manifiesta los motivos de Jesús al dar su vida:
                                   * el palo vertical: amor al Padre
                                   * el palo horizontal: amor a los hombres
                                   El primero sostine al segundo; es su punto de apoyo, y le permite elevarse...
                        3- Se eleva entre el cielo y la tierra, como signo de reconciliación; horizontal = tierra; vertical = cielo y Jesús mismo es el nudo de ese abrazo ...
                        4- Signo de la Encarnación: el Hijo de Dios viene de lo alto, y nace en este mundo; la eternidad se inserta en el tiempo: una cruz, dos maderos (= teandrismo)
                        5- Abraza todos los tiempos: el pasado representado por la parte izquierda de la horizontal; el presente por el vertical; y el futuro, por la derecha de la horizontal.
                        Abraza todos los lugares: la cruz indica los cuatro puntos cardinales.
                        6- Señala el Imperio de Cristo: en lo alto (cielo = redimidos; Cristo está allí, con sus llagas: Amor, gloria); en el medio (esta tierra; Iglesia militante; tiempo de gracia; misericordia); abajo = base, la cruz hunde sus raíces  (Infierno; Justicia).
                        7- Es balanza: a la izquierda, la Justicia divina, que reclamaba el pago; a la derecha: la Misericordia, que proporcionaba el recurso; en el medio, la prenda de Redención, que estableció el justo equilibrio.[16]
                        8- En ella quiso morir Cristo para significar el objeto de su entrega: la cruz era el suplicio de los esclavos, y Él había venido a liberarnos del pecado (Gal. 3,13; II Cor. 5,21)
                        9- Es la llave que abre el cielo; la vara de Moisés que toca el Corazón de Dios y hace descender un torrente de gracias.
                        10- Imán poderosísimo: “Cuando Yo haya sido elevado sobre la tierra, atraeré todo hacia Mí” (Jn. 12, 32)
                        11- Es mástil: a él debemos atarnos para no perecer cuando la nave es agitada por las olas. San Máximo de Turín relaciona el mito de Ulises con el valor salvífico de la cruz: quien se ata fuertemente al mástil, no temerá el canto seductor de las sirenas (= las creaturas)[17]




Palabras a una cruz de palo
...............
Si bastan cuatro tiempos de compás
para ceñir el cósmico concierto,
para abrazar el infinito incierto,
bastan tus cuatro brazos, nada más.

De tu cuádruple abrazo es el esfuerzo
síntesis de las cuatro lejanías
y las elementales energías
en que se crucifica el universo.

Con tu símbolo + sumo las dos
hipótesis del tiempo y el espacio
y mi voracidad de lumbre sacio
despejando la incógnita de Dios.

Eres conciliadora abreviatura
de dos caminos de peregrinante:
uno ideal, tendido hacia adelante,
y otro sentimental, hacia la altura.

Tus aspas son del único molino
que con suspiros de plegaria rueda
para que el hombre bondadoso pueda
moler el trigo de su pan divino.

Anuda tanta caridad y tanta
misericordia de perdón tu nudo
que pareces al sollozo mudo
que está crucificando mi garganta.

Franciso L. Bernárdez

(NB: La poesía elegida se relaciona con el tema tratado en “2000 años de Misa”)






3)- LOS  CIRIOS (luz y fuego)  




            1. Reglas litúrgicas

                        a)- Materia: todas las velas prescriptas para todas las funciones litúrgicas, deben ser de cera blanca de abejas (D. 3173).
                        Sin embargo, “en atención a la gran dificultad de conseguir verdadera cera de abejas, o de evitar las indebidas mezclas, puede mezclarse la cera con otra materia vegetal o animal, pero los Obispos pondrán mucha atención a que el Cirio Pascual, y las dos velas que se enciendan en las Misas sean de cera de abejas, ‘saltem in maxima parte’, v. gr. 75 a 80 %; respecto a las demás velas, que deben colocarse en el altar, es preciso que sean también de la misma cera, ‘in majori vel notabili quantitate’, por lo tanto en 60 % o siquiera 50 %. En esto, los párrocos y demás rectores de las iglesias y oratorios pueden atenerse con seguridad a las reglas establecidas por los respectivos Ordinarios, y los celebrantes no están obligados a averiguar con inquietud la calidad de las velas” (D.4147)
Por otro decreto (S.C.R., 13 - XII- 1957) se permitía a las Conferencias Episcopales el establecer el porcentaje necesario de cera de abejas.
                        Se tolera la costumbre de introducir las velas en tubos de madera o metal, con tal que dichos tubos sean parecidos a los cirios ordinarios, no más altos que ellos, y que la vela sea de cera (D. 3448 ad 13)
                        Además de las velas prescriptas por la Liturgia, sea en la Misa, sea en las Bendiciones eucarísticas, no pueden tolerarse velas de estearina y menos de sebo ‘intra ambitum altaris’ (o sea, en la mesa del altar, en las gradillas y en la parte del retablo unida al altar) (D. 4257 ad 5)
También están prohibidas las lamparillas de aceite. (D. 4035 ad 6)

                        b)- Número de cirios requeridos para la celebración

                                   * En las Misas rezadas: dos cirios; los candelabros se colocan a los lados de la cruz, sobre la mesa del altar o en las gradillas. (D. 3759)
                                   No se pueden encender más de dos cirios por distinción personal del celebrante, si no es obispo, cualquiera sea su dignidad. Pero sí se pueden encender cuatro, si la Misa rezada reemplaza la misa parroquial o conventual, o con motivo de alguna solemnidad. (D. 3059 ad 7)
                                   * En las cantadas: “se encienden los candeleros requeridos según la calidad de la Misa” (R.G. Misal n. 527). Pueden encenderse siempre seis, pero no más (D. 1725 ad 2). Deben encenderse seis en las Misas y Oficios de 1 y II clase.
En las de III cl. basta cuatro; en las ferias y Misas votivas de IV cl., dos (Coer. Ep. 1, c.12, n. 11 y 24)
Para la Misa cantada de Requiem, se deben encender al menos cuatro (D. 4054 ad 2).
En la Misa pontifical solemne del obispo residencial en su propia diócesis, se deben encender siete velas (salvo en la de Requiem y en las vísperas pontificales).
                                   “El uso de encender un cirio, cerca del altar, desde la consagración hasta la comunión, donde existe, debe conservarse” (R.g.M. 530)
El cirio se coloca en las gradillas de los candeleros del lado Epístola, o en las gradas mismas del altar.

                        c)- Cómo se encienden los cirios: se principia por el más cercano a la cruz, del lado epístola, y se sigue encendiendo por orden los demás del mismo lado y de la misma hilera, si hay varias. Luego se encienden los del lado Evangelio, siguiendo la misma regla.
                        Para apagarlos, se sigue el orden inverso: se principia por el cirio más apartado de la cruz del lado Evangelio, y los demás por orden. Luego se apagan los cirios del lado Epístola, siguiendo la misma regla y el mismo orden (D. 4198 ad 9).

                        d)- El uso de luz eléctrica: No se puede colocar sobre el altar, aun entre los candeleros, o en el retablo que forma parte del altar (D. 4206)
Está prohibido rodear con bombillos y sobre todo de color, los nichos de santos colocados en el retablo; pero puede colocarse una lámpara eléctrica al pie de las imágenes para iluminarlas (D. 4322)
En los otros lugares y en los demás casos, se permite la iluminación eléctrica, según el parecer del Ordinario, con tal que la iluminación no tenga nada de teatral (D. 3859)
El Decreto Urbi et orbe, del 3 -III- 1942, concedía a los Ordinarios el que permitiesen suplir con luces eléctricas algunos cirios prescriptos por las rúbricas, pero en circunstancias especiales.


            2. Historia

                        a)- En el paganismo
                                   Sobre el uso de los cirios y el fuego entre los paganos dice Kapellari:
                                   “ ... Pero ya antes de la existencia del cristianismo y simultáneamente a su aparición en la historia fueron símbolos importantes para las gentes de otras creencias. Desde siempre, la noche tenebrosa se consideró un tiempo inquietante y amenazador.  La luz en la noche brindaba, a la vez que calor en su condición de fuego, una protección frente a los peligros invisibles. La luz caldeante pronto adquirió carta de ciudadanía en los hogares, en tanto que la luz de iluminación se obtenía mediante teas, hachones y lámparas de aceite en los países en que abundaba el olivo. Originariamente, esas lámparas eran muy sencillas: pequeñas copas de barro, en cuya masa blanda y antes de cocerla se hacía con fibras vegetales o con restos de tela. Más tarde la forma de las lámparas se fue afinando cada vez más.
                                   Pero tales lámparas, y también los cirios y velas hechos con cera de abejas, no eran simples utensilios cotidianos con una determinada utilidad. Fueron, además, objetos con un significado religioso. Su luz, que iluminaba las tinieblas de la noche, era símbolo de la existencia del hombre, de su caminar desde la oscuridad a la luz; un símbolo del nacimiento, por el cual se pasa del seno materno a la luz del mundo, y un símbolo del segundo nacimiento desde el seno de la muerte hasta la luz eterna del más allá. Los templo paganos, y lo mismo el templo judío de Jerusalén, estaban iluminados por la luz de muchas lámparas. Entre griegos y romanos, el acto de encender las luces, tanto en los templos como en los hogares, era un hecho de alcance religioso. El portador de la luz entraba, al tiempo que formulaba un buen deseo o una exclamación como ‘¡Buena luz!’, a la que respondían los presentes: ‘¡Bienvenida sea la luz!’ ...” ( p.77-78)


                        Fustel de Coulanges dedica el cap. III de su famosa obra “La Ciudad antigua” al tema del fuego sagrado entre los pueblos arios. Habla de la antigüedad y universalidad del culto al fuego (al hogar), considerado como un dios; y de la conexión de este culto con el tributado a los difuntos. Veamos algunos pasajes:
                                   “La gran prueba de la antigüedad de estas creencias y estas prácticas es que se las halla a la vez entre los habitantes de las orillas del Mediterráneo y los de la península indostánica...”
                                   “Si la existencia de este culto en todos los pueblos indoeuropeos no demostrase bastante su remota antigüedad, hallaríamos otras pruebas en los ritos religiosos de los griegos y romanos. En todos los sacrificios, aun en los que se hacían en honor de Zeus y Atenea, siempre se dirigía al hogar la primera invocación... “
                                   “La casa de un griego o de un romano encerraba un altar y en él debía haber siempre un poco de ceniza y carbones encendidos. Era obligación sagrada del dueño de cada casa mantener el fuego día y noche, y ¡desgraciada aquélla en que llegase a apagarse!”
                                   La sacralidad de este fuego se ponía de manifiesto por la manera en que se iniciaba y mantenía: no podía usarse pedernal y eslabón para encenderlo, sino que “el único procedimiento lícito era concentrar en un punto el calor de los rayos solares o frotar enérgicamente dos astillas de una especie determinada hasta sacar chispas. En cuanto a la materia para alimentar ese fuego: no se podía usar leña de cualquier árbol, sino de aquellos que estaban permitidos; y no debía arrojarse a ese fuego ningún objeto extraño, ningún cuerpo sucio. El sentido espiritual de ello era que ‘no debía cometerse en su presencia ninguna acción vituperable’.
                                   “Había un día en el año, que entre los romanos era el primero de marzo, que le estaba permitido a cada familia apagar su fuego sagrado y encender otro en el acto, pero para encender el nuevo fuego era preciso observar escrupulosamente los ritos”. Es interesante señalar el que antiguamente, en ciertos lugares de Europa, la noche del Sábado Santo, los fieles apagaban el fuego de sus hogares. Y lo volvían a encender con el fuego bendito de esa noche (para lo cual llevaban algunas ramitas). Por otro lado, el fuego del Sábado Santo tendría que encenderse no por medios artificiales, sino a partir de la piedra de pedernal. De hecho, en una de las oraciones se dice que esa piedra simboliza a Cristo (quien vino a traer fuego a esta tierra...)

                        b)- En el Judaísmo
                                   Se usaba el fuego en el altar de los holocaustos (Lev. 6, 8-9), para el incienso y en el candelabro de siete brazos (fuego perpetuo)

                        c)- En el cristianismo

                                   Según el O.R. 1 (s. VIII) mientras el Papa se reviste para celebrar, siete acólitos de la región de servicio esperan con sus cirios. Cuando el Papa está listo, el subdiácono sale de la sacristía (‘secretarium’) y dice ‘Accendite!’ (¡Encended!). Entonces los acólitos encienden sus cirios y avanzan.
Así el Papa va a encontrarse entre siete candelabros como Cristo, según al visión del Apocalipsis (2,1). A sus lados se hallan el archidiácono y el segundo diácono; un subdiácono los precede con el ‘thyamaterium’, hornillo que contiene incienso, y que sirve para volver a encender los cirios
Los cirios y el incienso son señales de honor hacia el Pontífice. En efecto, según el derecho romano, ciertos dignatarios tenían el privilegio de ser precedidos por cirios e incienso. Bajo los Antoninos, el derecho a cirio (‘jus ad cereum’) era privilegio del emperador. Más tarde, los altos magistrados de Roma, en el ejercicio de sus funciones, eran acompañados con las insignias de su dignidad, es decir, iban precedidos de cuatro cirios y del código (‘liber mandatorum’). El incienso quedó reservado al emperador.
Constantino otorgó a los obispos el derecho de juzgar ciertas causas (derecho confirmado en el Codex Justiniano, L.1, t.IV, lex 8) Por lo que tenían derecho a ir precedidos de los cuatro cirios y del código.
Paulatinamente, lo que se daba en el ámbito de la justicia pasó al ámbito litúrgico; es decir, no ya cuando el obispo se comportaba como juez, sino como celebrante.
Así como el libro de la ley se colocaba sobre la tribuna, en medio de antorchas, así el libro de los Evangelios se colocaba sobre el altar, rodeado de cirios. Pero en lugar de uno, dos o cuatro cirios, la liturgia utilizará siete, para honrar al Papa y los obispos. Ello se debió seguramente a la visión apocalíptica: “Me volví para ver al que hablaba conmigo. Y vuelto vi siete candeleros de oro, y en medio de los candeleros alguien como  Hijo de hombre...” (Ap.1, 12-13)

            Cuando la procesión llegaba cerca del cancel, los acólitos se formaban de un lado y otro para dejar pasar al Papa. Según el O.R. II (s.IX) desde que la Schola entona el Kyrie, los acólitos depositan los candeleros sobre el pavimento de la iglesia, cuatro a la derecha y tres a la izquierda.
Según el O.R. V (s.IX-X) sostienen los candelabros hasta después del Gloria.
En esta época no podía colocarse sobre el altar sino la Eucaristía, el Evangelio y las reliquias.
Probablemente en el s.XII, y ciertamente en el s.XIII, los cirios (como la cruz), se ponen sobre el altar. (OR XIII). Inocencio III (+1215) dice que la cruz de altar se coloca entre dos cirios (De Sacro Alt. Myst., II, 21)
En el s.XV-XVI, el uso se generaliza y es confirmado por el Misal romano (1570).
En cuanto a la Misa pontifical: el obispo en su diócesis celebra con siete cirios: el séptimo, superior a los otros, se coloca detrás de la cruz. (Coer.Episc., lib.1, c.XII, n.12)
En otros casos, aun siendo Misa del obispo, se colocan sólo seis cirios, evidentemente por simetría.

            3. Simbolismo



                        Que el uso de los cirios en nuestro no tenga un fin meramente utilitario, práctico, sino también simbólico, lo ponía ya de manifiesto San Jerónimo: “En todas las iglesias de Oriente se encienden luces cuando ha de leerse el Evangelio, y aunque brille el sol. Naturalmente que esto no se hace para disipar la obscuridad, sino para expresar alegría” (Contra Vig., c.7)
Lo mismo dirá siglos después el Micrólogo: no es para disipar las tinieblas que se encienden velas, sino para simbolizar la luz divina.[18]

                        1- El hombre fue creado para conocer y amar a Dios. Pero el pecado original produjo ceguera y frialdad en su alma. Por eso necesita de una luz y fuego espiritual, que se simbolizan bien de dos maneras: por el sol, en la Creación, templo hecho por las manos de Dios para el hombre; y por los cirios, en el templo construído por el hombre para Dios.
Las oraciones de la Fiesta de la Purificación se expresan en ese sentido:
“Señor Jesucristo, luz verdadera que ilumina a todo hombre que viene a este mundo: derrama tu bendición sobre estos cirios, y santifícalos con la luz de tu gracia; y así como estas antorchas encendidas con fuego visible ahuyentan las tinieblas de la noche, así nuestros corazones alumbrados con luz invisible, esto es, con la claridad del Espíritu Santo, se libren de la ceguedad de todos los vicios, para que, purificada la vista del alma, podamos ver lo que te es grato y útil a nuestra salvación, y así merezcamos llegar, después de las peligrosas tinieblas de este mundo, a la luz indeficiente. Por Ti...” ( 3a. Oración)

                        2- El cirio representa a Cristo: la cera (hecha por las ‘virginales abejas’[19]), representa su cuerpo (hecho de María); la mecha, su alma; la llama, su divinidad.[20]
                        La luz es símbolo de su divinidad. Sin luz no puede haber vida. Las plantas necesitan de la luz; los animales de las plantas; el hombre de ambos.
                        La luz permite ver las cosas cómo son; Dios es la fuente de toda verdad.
“Dios es luz y en Él no hay tiniebla alguna” (1 Jn., 1,5); es el “Padre de las luces” (Sant. 1,17); y “habita una luz inaccesible” (1 Tim. 6,16). “A Dios nadie lo vio jamás; Dios unigénito, que está en el seno del Padre, ése le ha dado a conocer” (Jn. 1,18). Aquel que es “Dios de Dios, Luz de Luz” (Credo); “irradiación de su gloria” (Hebr. 1,3). Esa Luz se revistió de carne, para dejarse ver por los hombres... “Era la luz verdadera que, viniendo a este mundo, ilumina a todo hombre”. “Ego sum lux mundi” (Jn. 8,12). “En Él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz luce en las tinieblas, pero las tinieblas no la acogieron”. (Jn.1) Salvo algunos, como el anciano Simeón que lo llamó “luz para iluminación de las gentes, y gloria de Israel” (Lc. 2,32)

                        Cada cristiano, el día de su Bautismo asume el compromiso de ser también él mismo luz en medio del mundo, puesto que es ‘otro Cristo’.
“Vosotros sois la luz del mundo... Así ha de lucir vuestra luz ante los hombres, para que, viendo vuestras buenas obras, glorifiquen a vuestro Padre, que está en los cielos” (Mt. 5, 14-16)
Y como un eco del mandato del Divino Maestro, el Apóstol de las gentes conminaba a los Filipenses (2,15) a conducirse como “hijos de Dios sin mancha, en medio de esta generación perversa, entre la cual aparecéis como antorchas en el mundo...”
Y a los efesios decía (5, 8-14): “Fuisteis algún tiempo tinieblas, pero ahora sois luz en el Señor; andad, pues, como hijos de la luz - el fruto de la luz consiste en toda bondad, justicia y verdad - ...”
Debemos estar siempre preparados para salir a recibir al Esposo, “con los lomos ceñidos y nuestras lámparas encendidas” (Lc. 12,35). Y entonces seremos trasladados al Reino de la luz y de la paz: “Lux perpetua luceat eis”.
Como se nos dice en el Rito bautismal: “Recibe la lámpara ardiente, y guarda tu Bautismo de una manera irreprochable: cumple los mandamientos de Dios, para que cuando venga el Señor a las nupcias, puedas salir a su encuentro con todos los Santos, en la morada celestial y vivas por los siglos de los siglos”.


                        3. El cirio, símbolo de las virtudes: “Las tres virtudes teologales, la fe, la esperanza y la caridad, están también representadas por al luz: la claridad de la llama representa la fe, que luz para nuestros pies y llama en nuestros senderos (Ps. 118); la dirección constante de la llama, que tiende hacia lo alto, es una imagen de la esperanza cristiana, que dirige todos nuestros deseos hacia los bienes sobrenaturales; el calor de la llama, que consume poco a poco la mecha y la cera, es el emblema de la caridad, que consagra todo lo que tiene, las fuerzas de su alma y de su cuerpo, al servicio de Dios” (Ghir, p. 353)

                        4. El cirio y el alma de oración: “En el lugar que se tocan el cirio y la llama se realiza un gran misterio: la transfiguración de cera en vida, de frío en calor. La vela convierte su cuerpo puro y sencillo en fuego, adquiere por ello una categoría superior: entrega su ser en alabanza de Dios” (A. Wagner De Reyna, p.110)
                        “... Para este amor hay una bella imagen: luz y calor. Aquí se encuentra la vela con una llama radiante; nuestra mirada ve su luz, la incorpora en sí, forma con ella una sola cosa, y sin embargo no la toca. La llama permanece en sí misma y la mirada también, y sin embargo tiene lugar un llegar a ser uno: una unión sin contacto ni mezcla, pura en el mirar, hasta se podría decir con veneración y castidad. Esta es una imagen profunda para aquella unión que se realiza entre Dios y el alma en el conocimiento...” (Guardini, p. 47-48)

                        5. El cirio representa a Cristo resucitado.
                        El Sábado Santo se realiza la bendición del fuego. Se trata de un fuego perpetuo, sacado de la piedra, que estará todo el año presente a través de la “lámpara votiva”. La chispa con la que se inicia ese fuego sagrado nos recuerda los destellos del cuerpo resucitado de Cristo, que atravesó la roca.
En efecto, la oración de bendición del fuego dice: “Oh Dios, que por medio de tu Hijo, que es la piedra angular, diste a tus fieles el fuego de tu claridad (‘claritatis tuae ignem’), santifica este nuevo fuego sacado del pedernal, y que ha de servir para nuestros usos, y haz que, de tal manera nos inflamemos con deseos celestiales en estas fiestas pascuales, que merezcamos llegar con almas puras a las fiestas de la luz perpetua” (‘perpetuae claritatis... festa’)”
Los cirios del altar participan de ese simbolismo. Leamos algunos pasajes de uno de los textos más bellos de la liturgia católica, el famoso ‘Exultet’:
                        “Alégrese también la tierra, radiante con tan magníficos resplandores; e iluminada con el esplendor del Rey eterno, comprenda que todo el orbe se ha visto libre de la oscuridad que lo envolvía. Alégrese también nuestra Madre la Iglesia adornada con el resplandor de luz tan brillante ... (‘tanti luminis adornata fulgoribus’)
                        “... que este Cirio consagrado en honor de tu nombre, continúe siempre ardiendo, para disipar las tinieblas de esta noche que su luz suba, como olor de suavidad, a mezclarse con las celestiales lumbreras. Que el lucero de la mañana lo halle encendido: aquel lucero -digo- que no tiene ocaso; aquel que, volviendo de los infiernos, derramó una clara luz sobre el género humano”.

                        La virtud apotropeica de los cirios. El cirio simboliza entonces la victoria de la luz sobre las tinieblas; de Cristo Rey, luz del mundo, sobre el Príncipe de las tinieblas. Pero no es sólo símbolo: al recibir la bendición de la Iglesia pasa a ser un sacramental, que tiene como efecto especial alejar la acción diabólica. Ya se ve claro en la oración de bendición del Cirio pascual al decir: “... que irradie por doquier benéficamente contra los maleficios del demonio” (‘expulsa diabolicae fraudis nequitis’). Y más aun, en la bendición de las candelas que presenta el Ritual romano (tit. VIII, c.3)
                        Respecto a este punto nos parece interesante lo que dice Eisenhofer:
“En época muy temprana se encendían luces delante de las reliquias, es decir, de los sepulcros de los mártires, costumbre contra la que arremete el Concilio de Elvira (c.34 - año 305). También San Jerónimo conoce esta costumbre, sin que directamente la repruebe. Ciertamente esta costumbre proviene de los pueblos antiguos, que hacían arder las luces delante de los difuntos. Atribuíase a las luces una virtud apotropeica, de ahuyentar los demonios que pululaban, según se creía, por los lugares de muerte y corrupción...” (p.50)

                        6. Nuestros cirios y el candelabro judío.
                        En la Misa solemne se utilizan 6 velas; 7 en la Misa episcopal. Lo que se vincula con el candelabro judío. Sus 7 brazos eran alimentados con aceite de oliva, consagrado (Lev. 24,2) Y había sido confeccionado según la visión de Moisés: “... Y mira lo hagas según modelo que te ha sido mostrado en el monte”. “El candelabro era de oro, labrado a martillo ... Moisés lo había hecho conforme al modelo que Yahvé le había mostrado”. (Ex. 25,31-40; 37, 17-24; Num. 8, 1-4)
En el Apocalipsis se hablará nuevamente del candelabro de 7 brazos:
                        “Al ángel de la Iglesia de Éfeso escríbele: ‘Esto dice el que tiene las siete estrellas en su mano derecha, el que anda en medio de los siete candelabros de oro ... Recuerda pues, de donde has caído, y arrepiéntete ... si no vengo a ti, y te quitaré tu candelabro de su lugar” (2, 1-5)
                        “... y delante del trono había siete lámparas de fuego encendidas, que son los siete espíritus de Dios”. (4, 5)
                        Y en 5,6, se nos dice que el Cordero degollado tiene siete ojos, “que son los siete espíritus de Dios en misión por toda la tierra”.

                        El número siete (7): respecto del número de brazos del candelabro dice Flavio Josefo que significa la santidad de Yahvé; y según Filón los siete planetas. Lo mismo que éste último dice Clemente de Alejandría, señalando que el brazo central simboliza a Cristo, Sol de justicia.
                        En todo caso, el 7 es sin duda, uno de los números más importantes en el simbolismo cristiano e indica siempre plenitud, perfección: siete fueron los días de la Creación; las edades del mundo; los Patriarcas; los ángeles que están en la presencia de Dios; los dones del Espíritu Santo; las virtudes fundamentales (3 teologales, 4 cardinales); los pecados capitales; los sacramentos; las peticiones del Pater; los planetas, los metales, los colores, las notas fundamentales; las artes liberales, etc.
                        Se ve claramente que es el número de la manifestación divina: ya que el 3 es el número divino (Santísima Trinidad), y el 4 el del mundo creado (4 elementos, 4 puntos cardinales, etc.)
                        Clemente de Alejandría: “Cuando hubiere subido el más alto escalón que puede alcanzarse en la carne, todavía continuará, como se debe, cambiándose en mejor, aspirará a llegar, pasando por el número sagrado de siete, a la casa del Padre, a las moradas reales del Señor, donde se convertirá, por decirlo así, en una luz constante y eterna, y en todo aspecto perfecta e invariable”. (Strom. 7, 57, 5)




POESÍAS PARA REZAR [21]

¡Oh llama de amor viva,
que tiernamente hieres
de mi alma en el más profundo centro!,
pues ya no eres esquiva,
acaba ya si quieres,
rompe la tela deste dulce encuentro.
............................................................
¡Oh lámparas de fuego,
en cuyos resplandores
las profundas cavernas del sentido,
que estaba obscuro y ciego,
con extraños primores
calor y luz dan junto a su querido!

                        San Juan de la Cruz



Llamé mi luz a la tiniebla escura;
gloria, a mi pena; a mi dolor, consuelo;
provecho al daño, y al infierno cielo.
¡Qué ciego error, qué bárbara locura!

¡Ay luz divina, sobre todas pura
cuántas vivieran el humano velo!;
¡oh, el intelectual de ardiente celo,
quién conociera, entonces, tu hermosura!

Origen de la luz, luz poderosa;
¡luz que ilumina el sol, las once esferas!
Luz, ¿quién es luz sino tu luz hermosa?

¡Ay, loca ceguedad, cuál me pusieras,
si fiado de tu luz tan mentirosa
eterna noche de mis ojos fueras!

                                                           Lope de Vega



                       
4)- LOS MANTELES ( ‘mappae, tobalae, linteamina’)

            1- Rúbrica e historia
            1. Actualmente está prescrito el uso de tres manteles, uno de los cuales debe llegar, por los costados, hasta el suelo.[22] (R.g. M., n.526)
            2. Al comienzo un gran corporal, que se colocaba antes del Ofertorio (como actualmente hace el diácono en la Misa solemne), servía de único mantel.
El documento más antiguo que hace referencia a su uso son las “Actas del Santo Tomás” (gnóstico, s.II)
Optato Milevitano habla de los manteles como cosa de uso común.[23]
            3. En el s.VIII se colocaban varios manteles para evitar que el vino derramado sobre el altar, cayera fuera del mismo.
El número de manteles ha sido diferente según las épocas (de dos a cuatro, y aun más) En el s.XV el Ordo de Bucardo de Estrasburgo señala el número de tres como una costumbre romana.
            4. Desde la Baja Edad Media se acostumbra cubrir el altar con un tapete, cuando no se celebra Misa. No es obligatorio, pero lo fue en muchas diócesis y el Ceremonial de obispos lo suponía (II, c.1, n.13)

            2- Simbolismo
                        1. En primer lugar el mantel representa la Santa Síndone.
De hecho, el uso del lino fue prescrito por el Papa Silvestre, teniendo en mente la Santa Síndone. Así lo afirma el Lib. Pontif. (1, 171): “Estableció que el sacrificio del altar fuese celebrado, no sobre sedas o tejidos de color, sino sobre tela de lino, que se cosecha de la tierra, de la misma manera que el cuerpo del Señor fue sepultado con un blanco lienzo de lino”
                        2. Otro simbolismo, un tanto ‘más trabajado’ es el enunciado por Durando (l.4, c. 29, n.3): los manteles representan a los fieles. Como el altar representa a Cristo, los manteles que están confeccionados con lino representan a los fieles porque el lino debe ser macerado para adquirir blancura, como los fieles deben pasar por diversas tribulaciones para unirse a Cristo en la patria celestial.
Este simbolismo se confirma con el Pontifical Romano. En la ordenación del subdiácono se dice que los cristianos son como vestimentas que recubren y adornan a Cristo.[24]


5)- LAS SACRAS Y EL ATRIL

            La rúbrica del Misal manda que se pongan las sacras sólo para la Misa; y en el lado Epístola un almohadón o atril para sostener el Misal. (R.g.M., XI, n.527)[25]

            LAS SACRAS
                        Son los tres cartones enmarcados que vemos en el centro y a los lados del altar. Sobre ellos se encuentran inscriptos:
                        - en el lado Epístola: la bendición del agua previa al Ofertorio (“Deus, qui humanae substantiae”); y el salmo “Lavabo”;
                        - en el centro: el Gloria y el Credo; las oraciones del Ofertorio; las palabras de la consagración, y las que preceden y siguen inmediatamente; la oración “Placeat tibi”;
                        - en el lado Evangelio: el Prólogo de San Juan.

                        Se trata, pues, de ayudas-memoria, para no tener que estar buscando en el Misal, en caso de olvido.

                        La central se usa desde el s.XVI; las laterales desde el s.XVII. Pero existe un pergamino inserto en un Misal del s.XIII donde se ven tres columnas: en la primera están el Gloria y el Credo; en la del medio, las palabras de la consagración y en la tercera el prólogo de San Juan.

                        Muchas sacras son simplemente decorativas, inservibles desde el punto de vista práctico, puesto que los textos están impresos en letra muy pequeña.


            EL ATRIL
                        Es el armazón de madera o metal sobre el que se coloca el Misal, para facilitar su lectura. Al comienzo fue un cojín, una almohadilla, y de hecho se lo puede usar aún hoy día, en lugar del atril convencional. (la rúbrica habla de ‘cussinus’ )
                        Al comienzo se usó para que no se arruinase la cubierta de plata o marfil de los misales o sacramentarios. Su uso está ya atestiguado por Inocencio III (De sacr. alt. myst., II, 41), en el s.XIII. E incluso se conserva un ejemplar de madera, en Poitiers, que se cree data del s.VI.




[1] Cf. San Jerónimo, In Ezeq., 40.
[2] Desde el s.V se utilizaban para contener el santo crisma, y se hallaban en el baptisterio.
[3] “Super altare nihil ponatur nisi capsae cum reliquiis sanctorum (o capsae reliquiae) et quattuor Evangelia et pixis cum corpore Domini ad viaticum infirmorum”- PL 115. 677. (Hoy día algunos autores niegan que haya sido escrita por ese Papa)
[4] “Et deinde tabernaculu sive locus super posteriori parte altaris collocatus in quo Christus, propitiatio nostra, id est, hostia consecrata servatur; hodie propiatotium nuncupatur” - Rat. div. off., 1, 4, 1.15)

[5] Nuevo Cod.: c.934- 944)
[6] Sagrada Congr. de Ritos, 11-Y-1958; D. 1-VI-1957, n.2)
[7] Pío XII, 22-IX-1956; SCR 1-VI-1957 y 11-Y-1958)

[8] SCR 1-VI-1957, n.2; 26_V-1938; 10-II-1934
[9] Con tal fin, en algunos lugares se colocaba dentro del tabernáculo una caja fuerte. No nos parece una idea muy feliz. (Aunque se haya allí nuestro Tesoro...)
[10]  Rit. V, 1, 6; c.1269; D. 3150, 3520 y 4137
[11] Los moralistas dicen que si se deja el Santísimo sin lámpara votiva por un día entero o dos noches consecutivas, se peca mortalmente.
[12]  Aunque existen contadas excepciones: la representación realista de la crucifixión de la puerta de Santa Sabina de Roma, consagrada en el 432; un márfil del s.V, que se conserva en el Museo Británico.
[13]  “ Instructionum fabrice ecclesiasticae et suppellectilis eccleisasticae”, lib. II, 1, c.XI
[14] Inocencio III, “De alt.myst.; Durando, “Rationale”, 1, c.III, n.31
[15] “Ab aspectu crucis sacerdoti celebranti passio Christi in memoriam revocatur, cujus passionis viva imago et realis repraesentatio hoc sacrificium est, mortem cruentam Salvatoris nostri incruente exprimens, tamquam idem sacrificium, quod in cruce oblatum est, quamvis diverso modo offeretur” (Bona, “Rer. Lit., 1, cap. 25, n.8)
[16] “Beata cujus brachiis pretium pependit...”
[17]  Cf. Alfredo Sáenz, “La celebraciòn de los misterios en los sermones de S. Máximo de Turín, p.135 ss; Leopoldo Marechal utiliza la misma imagen en su hermoso opúsculo, “Ascenso y descenso del alma por la belleza”, cuya lectura recomendamos vivamente.
[18] “Juxta ordinem romanum, numquam missam absque lumine celebramus: non utique ad depellendas tenebras cum sit clara dies; sed potius in typum illius luminis, cujus sacramentum ibi conficimus, sine quo et  in meridie palpabimus, ut in nocte”.
[19] Los antiguos creían en la partenogénesis de las abejas.
[20] “Recte cereus Christum significat propter tria quae in eo sunt: lychnum namque animam, cera corpus, et lumen divinitatem significat” - Durando, Rat., lib.VI, c.89, n.6
[21] Las poesías fueron elegidas en relación con el tema desarrollado en “2000 años de Misa”
[22]  “Altare cooperiatur tribus tobaleis, rite bendectis, quarum una ita oblonga sit ut, ad latera, usque ad terram pertingat”.
[23]  “Quis fidelium  nescit, in peragendis mysteriis ipsa linteamine cooperiri ? De Schism. Donta. 1, VI, n.1)
[24] “Altaris pallae et corporalia sunt membra Christi, scilicet fideles Dei, quibus dominus quasi vestimentis pretiosis circumdatur, ut ait Psalmista: Dominus regnavit, decorem indutus est. Beatus quoque Joannes in Apocalypsi vidit Filium hominis praecinctum zona aurea”.
[25]  “Ponantur insuper sic dictae ‘tabellae secretarurm’, sed p-ro tempore Missae tantun; et, ad latus Epistolae, cussinus, seu legile, Missali supponendum”