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domingo, 20 de febrero de 2011

POR QUÉ EL LATÍN ES LA LENGUA DE LA IGLESIA CATÓLICA


POR QUÉ EL LATÍN ES LA LENGUA DE LA IGLESIA CATÓLICA


R.P.Brian Moore


 
I- INTRODUCCIÓN

1- Algo extraño ha ocurrido con la cuestión del latín: el Papa que inicia el Concilio Vaticano II 
( Juan XXIII) escribe un magnífico documento para dar nueva vida a la lengua de la Iglesia, pero el Papa que cierra dicho Concilio (Paulo VI) asiste a su entierro: “ Para quienes perciben la belleza, la fuerza, la sacralidad expresiva del latín, la sutitución del mismo por la lengua vulgar supondrá ciertamente un sacrificio grande. Perdemos de ese modo, el lenguaje de los siglos cristianos, nos convertimos en intrusos y profanos en el recinto de la expresión sagrada; perdemos incluso gran parte del estupendo e incomparable tesoro artístico y espiritual que es el canto gregoriano. Tenemos pues motivo para entristecernos y hasta turbarnos. ¿Con qué substituiremos esta lengua angelical? Se trata de un sacrificio de inestimable valor”. Pero luego justifica el abandono del latín con estas palabras: “…vale mucho más entender el contenido de la plegaria que conservar los viejos ropajes con los que se había revestido; vale mucho más la participación del pueblo, de este pueblo moderno ávido de palabra clara, inteligible, traducible a la conversación profana” (Audiencia General del 26-XI-1969)



2- 1. ¿Cómo se perdió este “tesoro de valor incomparable”, como llamó Juan XXIII al latín .

Existen causas remotas y causas próximas, agentes externos a la Iglesia y agentes internos, que causaron el destierro del latín. No podemos detenernos a hacer un largo análisis de este asunto sino sólo proporcionar algunas pistas, y remitir al lector a las diversas obras que han tratado la materia.

2. Por un lado se hallan los enemigos externos de la Iglesia que han visto en el latín todo un símbolo, asociado a lo eclesial y sagrado. Así dice el P. Cayuela: “¿Cómo se explica, pues, que, reconociéndose las ventajas del latín para la comunicación universal del pensamiento, hayan rehuído las naciones el aceptarlo, y hasta se le haya declarado la guerra más o menos solapada, con miras a desterrarlo de la enseñanza? El fenómeno es por extremo curioso, y no tendría explicación racional, sino constara la inquina que han sentido hacia el idioma de la Iglesia Católica cuantos se han propuesto hostilizarla en todas sus posiciones. Que, en efecto, el odio a la Iglesia ha presidido las campañas antilatinas desde el siglo XVIII hasta nuestros días, es cosa fuera de toda duda. Lo prueba el Padre Arsenio Cahur en su libro “Des études classiques et des etudes professionelles”, con hechos y documentos evidentes”. [1]
3. Joseph de Maistre nos habla especialmente del caso de Francia: “ El siglo pasado que se encarnizó con todo lo que hay de sagrado o venerable, no dejó de declararle la guerra al latín. Los franceses, que siempre dan la nota, se olvidaron casi totalmente de esa lengua; se olvidaron de sí mismos hasta hacerla desaparecer de su moneda, y no parece que se hayan dado cuenta aun del delito cometido contra el buen sentido europeo, contra el buen gusto y contra la Religión”. [2]

4. Algunos estiman que el abandono del latín comienza en el Renacimiento, al hacer del cultivo del latín algo exclusivo a una élite intelectual. “Los humanistas del Renacimiento –dice un historiador- hicieron del latín una lengua muerta. Hasta ellos, el latín había permanecido vivo… (Pero) ellos cayeron en el pastiche, inauguraron el “ciceronismo”, complicaron una lengua que sus antecesores habían simplificado”.[3] Es sabido que fueron esos humanistas quienes hablaron de “Edad Media” para designar una etapa de “decadencia” del latín; ellos eran los restauradores…
5. También algunas actitudes en el campo eclesiástico pueden haber abierto brecha, aunque hayan sido adoptadas por celo apostólico. Así p.ej, el caso del pueblo eslavo, y el caso del pueblo chino , estudiados por Dom Gueranger.[4]
6. En todo caso, lo cierto es que el latín fue desterrado por obra de los modernistas[5], hijo legítimos del protestantismo. En efecto, dice Dom Guéranger: “El odio a la lengua latina es innato a todos los enemigos de Roma. En ella ven el bien de los católicos de todo el universo, el arsenal de la ortodoxia contra todas las sutilezas del espíritu de secta”.[6]
Los modernistas han querido instaurar una liturgia más “comprensible”, más “popular”, más a tono con el hombre moderno, y evidentemente, el latín les molestaba. Pero así como no es lo mismo decir Misa en una cancha de fútbol que en un templo; el día Sábado que el día Domingo, así tampoco es lo mismo decirla en lengua vulgar que en latín.
En los tres casos se trata de algo fundamental que han perdido los modernos: el sentido de lo sagrado. Sagrado quiere decir segregado; separado de lo que es más humano, para que el hombre sea más divino. Por eso se delimita un espacio (el templo); por eso se santifica el tiempo (año litúrgico); y por eso también se emplea una lengua que no es la usada en la calle, para hablar con Dios y para hablar de Dios.


5. El presente artículo tiene como fin principal demostrar que el latín es la lengua de la Iglesia Católica, y analizar cuáles son las razones de ello; se trata de indagar qué movió a la Santa Iglesia a tomar el latín como lengua propia, y sobre todo a conservarla en condición de tal, durante siglos.
O sea, que no nos proponemos estudiar los cambios habidos desde el Concilio, sino reafirmar la “catolicidad” y “sacralidad” del latín.
Nuestro marco de referencia será la Constitución Apostólica “Veterum Sapientia”, del Papa Juan XXIII. [7]
En dicho documento se hallan los argumentos fundamentales acerca de la cuestión que estamos tratando.

Y creemos que pueden reducirse a tres:
1. El latín fue la lengua hablada por el Imperio que Dios preparó para la venida de su Hijo.
2. La lengua forjada por los creadores de ese Imperio es una lengua digna de la Iglesia.
3. Es una lengua connatural a la Iglesia.



Por eso desarrollaremos a continuación tres items:
- La lengua del Imperio
- Cualidades del latín
- El latín, lengua católica


II- LA LENGUA DEL IMPERIO



1. El Papa comienza estableciendo un postulado de teología de la historia: el Imperio romano fue querido por Dios como lugar y momento histórico para la Encarnación del Verbo. Es la “plenitud de los tiempos” de la que habla san Pablo, y los Padres de la Iglesia. Así por ej. San León Magno: “En efecto, convenía sobremanera a la obra dispuesta por la mano divina que muchos reinos fueran unidos en federación en un solo Imperio, de modo que la predicación universal pudiera así extenderse a los pueblos regidos por un solo gobierno”.[8]
Conforme a ello, dice Juan XXIII que el latín “fue el aureo ropaje de la sabiduría misma”, que la iglesia acogió con veneración; “no sin especial providencia de Dios…, llegó a ser la lengua propia de la Sede Apostólica”; y luego “admirable instrumento para la propagación del cristianismo en Occidente”.

Veamos cómo nos explica este punto M.M.Martin: “La mayor parte de los Padres de la Iglesia, y toda la Edad Media, vieron en ese imperio de una grandeza única, el preámbulo providencial de la rápida expansión del cristianismo. Uno de ellos escribía a fines del s.II: ‘Puesto que era voluntad de Dios que todas las naciones estuviesen preparadas a recibir la doctrina de Cristo, su Providencia las sometió al único emperador de los romanos… La multiplicidad de imperios hubiera sido un obstáculo a la difusión de la doctrina de Jesús en todo el universo.’” (p.42-43) Y más adelante: “Cuarenta años más tarde, habiendo sido crucificado Cristo ‘bajo Poncio Pilato’, procurador de Roma, sus apóstoles parten para la conquista del mundo conocido. Y, ¿con qué se encuentran? ¿Desiertos?¿Bosques?¿Espacios confusos, informes? No; encuentran un imperio, con rutas y ciudades de firmes murallas; encuentran a Roma con sus soldados, sus administradores, sus jueces. Es en ese imperio que se establece el cristianismo, y es de él que la Iglesia recibe rápidamente su forma terrestre, su jerarquía, su estructura, en fin, su lengua, adoptada por la humanidad entera.
Para su predicación universal, Dios le ha preparado un imperio universal; para su llamado que no excluye a persona alguna, Dios le ha dado el reino que acogía a todos los reinos; para ser Roma de los Papas, Dios ha permitido que existiese primero la Roma Ciudad que reunía al mundo.
Y pronto la Iglesia llegó a ser ella misma Roma, pero una Roma superior, exaltada hasta los cielos. Poco importa. Se trata siempre de la misma Ciudad y el mismo orden; también el mismo lenguaje, pero portador de otra plegaria”. (p.263-264)

2. Por lo dicho, el abandono del latín es todo un signo que debe hacernos reflexionar sobre los tiempos que nos toca vivir. En efecto, el Imperio romano fue considerado el “obstáculo” del que habla san Pablo en II Tes.2,7. El Imperio romano no pereció sino que perduró –transformado- en la Cristiandad.[9] Y por eso si desde el fin de la Edad Media, la Cristiandad se disgrega, es que se está allanando el camino al Anticristo. Ese proceso de disgregación comenzó con el Humanismo, pero llega a su término en nuestros días, cuando a veces son ciertos jerarcas mismos de nuestra Iglesia católica misma la que no quiere saber nada con la Cristiandad; es ella misma la que ha propugnado la laicización de los Estados, y la que ha negado la realeza social de Cristo.
En el Nuevo Concordato se diluye el carácter sacro de Roma. Ciudad en la cual murieron, por voluntad divina, San Pedro y san Pablo, columnas de la Iglesia, y que fue fecundada con la sangre de tantos mártires. Abandono del latín, abandono de Roma: dos gestos elocuentes…[10]


III- CUALIDADES DEL LATÍN

1. El latín es una lengua que encierra ciertas nobles cualidades que la hacen digna de ser empleada por la Iglesia de Cristo.
Juan XXIII la llama “tesoro de valor incomparable”, y dice “tiene una conformación propia, noble y característica; un estilo conciso, variado, armonioso, lleno de majestad y de dignidad, que conviene de modo singular a la claridad y a la gravedad”.

2. ¿De dónde le vienen al latín esas características?
2.1. El P. Cayuela nos da una razón histórico-filológica: el latín llegó a su apogeo en el momento adecuado. (s.I a.C). Estaba suficientemente lejos de su nacimiento, como para haber pasado su infancia y adolescencia, y haberse enriquecido ya con palabras y giros capaces de expresar cualquier pensamiento humano. Y por otro lado, estaba suficientemente cerca de sus orígenes como para que se conservase todavía el frescor nativo de los valores humanos, y el pueblo romano amase esos valores y gustase el expresarlos. Sobre todo, que pudiese hacerlo con propiedad por poseer los medios de expresión adecuados.
Ello se debe a la gramática latina, profundamente lógica y a su sistema de flexión nominal.[11]
2.2. Veamos tres características del latín:
2.2.1. El carácter sintético
2.2.2. El hipérbaton
2.2.3. El encadenamiento lógico


2.2.1. El carácter sintético

Se percibe bien dicho carácter al comparar el latín con las lenguas romances. Estas deben emplear más vocablos que el latín, y recargar la frase para expresar la misma idea. Ello se debe a …
- no contar con desinencias de casos
- la necesidad de acudir a verbos auxiliares para formar varios de los tiempos verbales;
- el empleo de partículas, p.ej., en las oraciones de infinitivo;
- el escaso número de participios;
- la carencia de formas propias para la voz pasiva y los tiempos de obligación.

Este carácter sintético de la lengua latina se hace patente en múltiples inscripciones, epitafios, sentencias, escritos sobre piedras o pergaminos.

“Hay lenguas que cantan; otras que dibujan y pintan. El latín graba (esculpe) y eso que graba es imborrable. Se podría decir que aquello que no es universal o eterno no es latín”. (Brunetière)

2.2.2. El hipérbaton

“Gracias a la identidad de terminaciones de casos con que se relacionan entre sí los sustantivos y adjetivos que conciertan, y a la dependencia íntima de regimen que une estrechamente a las partes de la oración, se permite el latín un hipérbaton o trasposición de las palabras, que, mientras deja clarísimo el proceso lógico de las ideas, rompe con soltura y libertad genial el orden monótono, frío y meticuloso con que en las lenguas modernas (sobre todo algunas como el francés y el inglés) se van colocando unas tras otras las voces según su mera relación gramatical; y pone así de relieve otras relaciones más directamente salidas del alma, más intencionadas; con lo cual, juntando o disociando las palabras según las exigencias del pensamiento, del afecto o del ritmo, comunica a la frase una gran energía ideológica, un movimiento vivísimo y una dulce armonía. Diríase que el curso y el giro de la frase va retratando las impresiones que se suceden en el alma delante de un objeto o de un suceso, con el mismo orden con que las siente el espíritu, no precisamente con aquel orden con que la mente las analiza luego fríamente aplicándoles la plomada rígida de la lógica. ¡Cuánto más humano resulta ese modo de expresarse! Insistimos en la idea de siempre. El hombre no es entendimiento solo, ni cuando habla interviene sólo esa facultad. El hombre es un ser muy complejo; y al comunicarse por medio de la palabra, se ponen en actividad todas sus energías anímicas. Aquella lengua, pues, será más humana y humanizará más, que más al vivo reproduzca en su fisonomía la complejidad de actividades anímicas del escritor y orador”. [12]


2.2.3. Encadenamiento lógico

Las cualidades del latín para expresar correctamente el pensamiento se ve no sólo en las oraciones, sino también en cada párrafo. En un texto histórico, en una pieza oratoria, se puede percibir lo férreo de su estructura. La sintaxis latina cuenta con diversos recursos para manifestar la subordinación y lógica dependencia de pensamientos en un párrafo. Así por ej.:
- la consecución de modos y tiempos
- el empleo del subjuntivo para indicar el modo de pensar de la persona cuyo pensamiento se limita el autor a reproducir;
- la “oración oblicua”, en la que todos los modos y tiempos se hacen depender de un “dice” o “dijo”;
- a veces se sintetiza en un participio activo o pasivo toda una oración de tiempo simultáneo o pasado, respecto de la expresada por el verbo principal, etc.

Todas estas cualidades hacían decir a Gonzague de Reynold: “No hay lengua más adherida a la realidad que el latín… Hay pues, un instinto profundo … en nuestra conciencia, que nos conduce siempre al latín, esa lengua sin equívocos, cada vez que sentimos la necesidad de un vocabulario preciso, de definiciones claras y de fórmulas grabadas en bronce… El latín puede expresar lo universal sin disolverse en la abstracción”.[13]


2.3. Razones de las características del latín

a- El pueblo romano era un pueblo campesino, amante del terruño. De allí el realismo y la solidez de la lengua, y la predilección por los términos concretos.
P.ej: en lugar de decir “aceite”, los romanos decían “oliva” (“olea”): el primero, término abstracto; el segundo, concreto ( lo que es producto del olivo)


b- La construcción misma de la frase latina manifiesta esa predilección por lo concreto, por la acción. En efecto, en ella se señala al autor de la acción, el objeto de la acción y la acción misma. (Ej: “Caesar pontem fecit”)

c- Por ser el romano un pueblo guerrero el latín tiene una gran concisión, ama las formulas lapidarias. “Veni, vidi, vici”.


d- También fue un pueblo de juristas y moralistas. Por eso amantes de las sentencias y del equilibrio en las frases.
 Ulpiano

e- Pueblo de historiadores. Por eso el latín dará al lenguaje escriturario (nos referimos a la Sagrada Escritura) su ropaje de certeza y veracidad.


f- Pueblo de poetas como Virgilio, Lucrecio y Horacio.
Virgilio

Como consecuencia de esos rasgos el latín tiene una gran virtud para formar la mente juvenil, para educar el espíritu, y así lo señala el Papa Juan XXIII en su Constitución: El latín …
- “cultiva, madura y perfecciona las mejores facultades del espíritu;
- dá destreza de mente y fineza de juicio;
- enseña a pensar y hablar con orden sumo”.




IV- EL LATÍN, LENGUA CATÓLICA



¿Por qué al comienzo de este artículo hemos hablado de la connaturalidad de la lengua latina con la Iglesia de Cristo? Juan XXIII nos lo explica: “Pío XI, el cual indagando científicamente sus razones, indicó tres dotes de esta lengua, en admirable consonancia con la naturaleza de la Iglesia. En efecto, la Iglesia, al abrazar en su seno a todas las naciones y al estar destinada a durar hasta la consumación de los siglos, exige por su misma naturaleza, una lengua universal, immutable, no popular”.

Veamos detenidamente cada una de las características que el Papa reconoce como propias de la lengua de la Iglesia.


1)- Lengua UNIVERSAL



1. “Católico” quiere decir justamente universal. El Papa explica cómo siendo jefe de todas las iglesias del mundo, debe disponer de una lengua que le permita comunicarse con todas las regiones de su reino. Evidentemente no puede utilizar una lengua romance, con preferencia a las otras, porque es Padre común, no de un solo pueblo; y porque se necesita una lengua precisa, que sea punto de referencia para el conocimiento de los documentos emanados de la Santa Sede, sin posibilidad de desvirtuar el sentido de los textos.
Además esta lengua común permite que el culto sea el mismo en Europa que en América; en Asia que en Africa. En la época en que vivimos, en que tanta gente viaja, se hace evidente la ventaja inmensa que reporta a los fieles el que la Santa Misa se diga en la misma lengua en cualquier parte del mundo. Hoy en día un fiel que desconoce el idioma del país que visita no puede seguir la Misa (aun cuando hubiere unidad de rito en la Iglesia actual). En cambio, un fiel con su misal puede seguir fácilmente cada oración de la Misa, al tener frente a su vista el texto en la lengua de todos los pueblos (“católica”) y la de su propio pueblo.




2. El profesor Romano Amerio, en su magnífica obra “Iota Unum”, ahonda aun más en el concepto de “universalidad”: “…La Iglesia es universal, pero su universalidad no es puramente geográfica, ni consiste, como se dice en el Canon nuevo, en estar difundida por toda la tierra. (En nota: “Realmente no es algo difuso… sino más bien continuamente disperso”) Dicha universalidad deriva de su vocación (están llamados todos los hombres) y de su nexo con Cristo, que ata y reúne en Sí a todo el género humano. La Iglesia ha educado a las nacionalidades de Europa y creado los alfabetos nacionales (eslavo, armenio), dando origen a los primeros textos escritos. En consonancia con la acción civilizadora de los Estados Europeos, ha educado a las nacionalidades de Africa. Sin embargo, no puede adoptar el idioma de un pueblo particular, perjudicando a los demás. A pesar de la disgregación postconciliar, a la Iglesia católica parece escapársele lo mucho que la unidad de la lengua aporta a la unidad de un cuerpo colectivo: no ocurre así con el Islam, que usa en sus ritos el paleoárabe incluso en los países no árabes; ni con los hebreos, que usan para la religión el paleohebraico. Tampoco se les escapa a los Estados que han alcanzado después de la guerra su unidad nacional, pues ninguno de ellos ha adoptado como lengua oficial una de las lenguas nacionales, sino el inglés o francés, lenguas de sus colonizadores y civilizadores”. (p.415-416)



3. “Qué idea sublime –decía Joseph de Maistre- la de una lengua universal para la Iglesia Universal! De un polo a otro, el católico que entra en una Iglesia de su rito, está “como en su casa” (“chez lui”), y nada le es extraño. Al llegar, escucha lo que ha escuchado toda su vida; puede mezclar su voz a la de sus hermanos. Los comprende, y es comprendido; así puede exclamar: “Rome est toute en tous lieux, elle est toute ou je suis”.[14] La fraternidad que resulta de una lengua común es un vínculo misterioso de una fuerza inmensa. En el siglo IX, Juan VIII, pontífice demasiado blando, había concedido a los eslavos el permiso de celebrar el oficio divino en su lengua; lo que puede sorprender a quien haya leído la carta CXCV de ese Papa, en la que reconoce los inconvenientes de dicha tolerancia. Gregorio VII levantó esa permisión; pero eso no duró mucho tiempo respecto a los rusos, y sabemos lo que ello costó a ese gran pueblo. Si la lengua latina hubiera asentado sus reales en Kiev, en Novogorod, en Moscú, jamás hubiera sido destronada; jamás los ilustres eslavos, parientes de Roma por la lengua, se hubieran echado en los brazos de aquellos griegos corrompidos del Bajo Imperio, cuya historia causa lástima, cuando no provoca horror”.[15]


2)- Lengua INMUTABLE

1. “No tan sólo universal sino también immutable debe ser la lengua usada por la Iglesia. Porque si las verdades de la Iglesia Católica fueran encomendadas a algunas o a muchas de las mudables lenguas modernas…, acontecería que, varias como son, no a muchas sería manifiesto con suficiente precisión y claridad el sentido de tales verdades, y por otra parte, no habría ninguna lengua que sirviera de norma común y constante, sobre la cual tener que regular el exacto sentido de las demás lenguas. Pues bien, la lengua latina, ya desde hace siglos sustraída a las variaciones de significado que el uso cotidiano suele introducir en los vocablos, debe considerarse fija e invariable, ya que los nuevos significados de algunas palabras latinas, exigidos por el desarrollo, por la explicación y defensa de las verdades cristianas, han sido desde hace tiempo determinados en forma estable.” Y por eso el latín “es una puerta que pone en contacto directo con las verdades cristianas transmitidas por la tradición y con los documentos de la enseñanza de la Iglesia”, y “un vínculo eficacísimo que une en admirable e inalterable continuidad a la Iglesia de hoy con la de ayer y mañana”. (Veterum Sapientia)
2. Esta inmutabilidad del latín, es entonces un “antídoto eficaz contra toda corrupción de la pura doctrina” (Pío XII). Ello se hace evidente en esta época post-conciliar, en que se han empleado y se emplean traducciones inverosílimes en liturgia y Sagrada Escritura. Cuando no se trata de textos forjados por la mente febril de cualquier mercachifle de religión. Lo de “Traductor, traidor”, se aplica de una manera eminente cuando se trata de un lenguaje que busca expresar las realidades más sublimes.
3. Sabido es que el lenguaje es expresión de nuestro pensamiento. Por lo tanto, manipulando el lenguaje se pervierten las inteligencias y se corrompen las conciencias. La palabra languidece hoy día porque los hombres se han alejado de la Palabra, el Verbo de Dios. Vivimos en un mundo que ha hecho de la palabra una mercancía; y donde “la palabra dada” es una pieza de museo. Ello es lógico porque este mundo es el Reino del Maligno, “Padre de la mentira”. Ha llegado el tiempo anunciado por san Pablo “en que los hombres no pueden sufrir la sana doctrina, sino que con el prurito de oir doctrinas que lisonjeen sus pasiones, se rodean de doctores de su gusto; y cerrando su oído a la verdad, lo aplican a frivolidades.” (II Tim. 4, 1-8) Esos doctores son los curas progresistas y los periodistas de los distintos medios, los políticos y los malos profesores.[16] Todos aquellos que con una palabra, con una etiqueta desacreditan a una persona, la difaman, la hunden de por vida (“fascista”, “retrógrado”, etc.); los que adulan al pueblo hablándoles de su participación, de sus derechos, de su libertad, etc., para poder seguir manejando sus vidas. Nosotros, actuemos como personas, y no como parte de la masa. La masa reacciona como los animales: por instinto; como un perrito que se contenta con un huesito, y al que se doblega frotándole el lomo; al que se hace andar de un lado para otro, e incluso se eche en el lodazal y encadenarlo de por vida a su necedad. Sí; hoy día asistimos a una “guerra semántica”; y debemos precavernos porque “los hijos de las tinieblas son más astutos que los hijos de la luz…”. Debemos amar el gran don de la palabra (seremos juzgados por la proferida inútilmente); que nuestro lenguaje sea “sí, sí; no, no; todo lo demás viene del Maligno”. En un mundo hecho de mentiras y para la mentira, debemos ser testigos de la Verdad.

4. ¿Qué tiene que ver este largo ex cursus con el latín?
Lo siguiente: el haberlo abandonado es una de las causas de la crisis de la Iglesia, crisis que es ante todo, crisis doctrinal. Y que antes de reflejarse en la feligresía –Iglesia discente-, afectó y afecta a los Pastores –Iglesia docente-. Un texto del Papa Pío XI hará ver con claridad lo que queremos decir: “Por lo cual, y ateniéndonos a lo establecido por el mismo Derecho canónico, en las clases de Letras donde se forman los que son la esperanza del clero, queremos que los alumnos sean instruídos en la lengua latina con el mayor esmero y perfección, entre otras causas para que no suceda que al pasar a los estudios superiores, los cuales por cierto se han de enseñar y aprender en latín, se vean incapacitados, por no dominar esta lengua, para atender bien las doctrinas filosóficas y teológicas, y mucho más para ejercitarse en esas disputas escolásticas donde tanto se aguzan los ingenios y se preparan para defender la verdad. De este modo no acaecerá lo que con tanta pena vemos a menudo, que nuestros clérigos y sacerdotes, desprovistos de suficiente caudal de lengua, por no haber estudiado como debieran la lengua y literatura latinas, dando de mano a los riquísimos libros de los Padres y Doctores de la Iglesia, en que se presentan los dogmas de la fe propuestos con toda claridad y defendidos con invencible fuerza de razones, vayan a abastecerse de doctrina en ciertos autores modernos, en cuyos escritos se echa de menos, no ya sólo la perspicuidad en el estilo y en la exposición, sino aun la fidelidad en la interpretación de los dogmas, lo cual es mucho más de lamentar en estos tiempos que corremos, en que se va vendiendo por ahí tanta mercancía averiada de errores y falacias, al amparo del nombre y apariencia de cosa científica. Semejantes errores, ¿quién los sabrá descubrir y refutar, si no penetra bien en el sentido de los dogmas? Y ¿quién atinará a penetrarlo, si no comprende perfectamente la fuerza y la propiedad de las voces con que están solemnemente declarados; en una palabra, si no domina la lengua que emplea la Iglesia?”[17]

Se nos perdonará lo largo de la cita pero creemos que es un texto esclarecedor para comprender la importancia del latín, no sólo en el ámbito litúrgico, sino también doctrinal.

5. Debemos hacer una aclaración: la inmutabilidad es absoluta en cuanto a gran parte de los textos litúrgicos y de los escritos de los Santos Padres que son el vehículo de la Tradición. Hay cierta evolución, ciertos cambios, en cuanto lengua viva, lengua hablada por los eclesiásticos, y en lo que se refiere a ciertos textos teológicos, filosóficos y científicos. Pero, evidentemente, los cambios o el enriquecimiento del latín en comparación con las lenguas romances, es mínimo.
Como dice el profesor Amerio: “La Iglesia es esencialmente immutable, sustraída (relativamente y más que cualquier otra) a las alteraciones de las lenguas usuales: alteraciones tan rápidas que todos los idiomas hablados hoy tienen necesidad de glosarios para poder entender las obras literarias de sus primeros tiempos. La Iglesia tiene necesidad de una lengua que responda a su condición intemporal y esté privada de dimensión diacrónica. Ahora bien, siendo imposible que una lengua de hombres escape al devenir, la Iglesia se acomoda a un lenguaje que elide en cuanto es possible la evolución de la palabra. Hablo en términos prudentes porque, coincidiendo la diventabilidad con la vida de un idioma, sé bien que también el latín de la Iglesia va cambiando con el correr del tiempo. Incluso prescindiendo de la presente decadencia de la latinidad, tanto profana como eclesial, basta confrontar las encíclicas del siglo XIX con las de los últimos pontificados para advertir la diferencia”.[18]



3)- Lengua NO POPULAR



1. Es decir, que la Iglesia no puede utilizar , especialmente en su culto, el lenguaje del “hombre de la calle”. Porque la Iglesia habla a Dios, y habla de Dios.
“En todas partes –dice la gran filóloga holandesa Christine Mohrmann- donde el hombre toca a las cosas divinas, su lenguaje se aleja del lenguaje corriente; su lenguaje es santificado, por decirlo de alguna manera, por el contacto con lo divino. Ahora bien, la concepción de que existe una lengua sagrada, una lengua divina, se encuentra en muchos pueblos”. Y luego de dar algunos ejemplos hace un análisis de la naturaleza de las lenguas sagradas, del cual extraemos los siguientes párrafos:
“Desde el punto de vista linguístico, se puede señalar en todos esos fenómenos una misma tendencia: el sentimiento religioso, el contacto con lo divino aleja la lengua de lo corriente; dicho de otra manera: disminuye la función social del lenguaje. Ahora bien, es sabido que siendo la lengua una institución social, tiene como fin primario el permitir a los individuos el comunicarse entre ellos… Pero puesto que la lengua no es solo un hecho social, sino también un hecho psicológico, es al mismo tiempo, medio de expresión no sólo del pensamiento personal sino y sobre todo, de los movimientos de la sensibilidad. Se puede decir, de manera general, que las necesidades de la comunicación se oponen a las de la expresión. Se trata aquí del principio de eficacidad, que se manifiesta a un tal alto nivel en muchas de las lenguas modernas, que se transforman en instrumentos de comunicación cada vez más perfectos, pero a menudo, en detrimento de la expresión. La comunicación tiende a establecer en materia de lenguaje una cierta racionalización, una ‘estandarización’ que es al mismo tiempo una simplificación. En cambio, la expresión busca los matices, tiende a lo pintoresco, y es favorable a la conservación de las formas antiguas. Junto a las exigencias duras y frías de la comunicación, que derivan de la función social de la lengua, la lengua como expresión cumple su destino de instrumento sensitivo y artístico…
Ahora bien, en todas las lenguas religiosas o hieráticas, la comunicación es ignorada, de una manera más o menos completa, en favor de la expresión. Esta tendencia se manifiesta muy a menudo en un conservadurismo que permanence fiel a elementos antiguos y venerables, que la lengua de comunicación ha abandonado, pero que conservan una contenido afectivo en las lenguas hieráticas, aun cuando se hagan de más en más incomprensibles”.
Luego de haber presentado estos rasgos de lo que es una lengua sagrada, los aplica al latín cristiano:
“Si …analizamos los textos litúrgicos latinos más antiguos, podemos ver que la práctica de la Iglesia ha encontrado el justo medio entre dos extremos. La Iglesia rechazó decididamente un lenguaje de la oración que descuidase el elemento social de comunicación; no ha querido una lengua de misterio. Pero por otra parte, no ha abandonado la Antigua tradición de un estilo especial de la plegaria: lo que ella ha creado es una lengua hierática, instrumento de la oración de la Iglesia, medio de comunicación y al mismo tiempo, expresión de los sentimientos religiosos. En la tradición de la Iglesia se formó un estilo sagrado, que es la realización de lo que san Hilario de Poitiers había deseado; esa lengua se diferencia del propósito de la lengua corriente: ‘Vigilandum ergo et curandum est, un nihil humile dicamus’. Hay una búsqueda de dignidad y unción que evita, según las palabras de san Hilario, toda banalidad: ‘Non enim secundum sermonis nostri usum promiscuam in his esse oportet facilitatem’. Lo que san Hilario ha intuído aquí , es una da las funciones más importantes de toda lengua hierática y litúrgica: guardar distancia entre el misterio religioso y espiritual y la vida profana y material; evocar el sentimiento de lo sagrado, del misterio divino, y sobre todo, elevar al hombre por sobre las cosas humanas. Por otra parte, existe el carácter colectivo de la liturgia que pone ciertos límites a la búsqueda de esa dignidad y unción, que acentúa el elemento social de la lengua y que tiende a llevarla al nivel humano. Ahora bien, la plegaria litúrgica es una plegaria de la comunidad, como lo había visto ya san Cipriano; “Publica est nobis et communis oratio, et quando oramus non pro uno sed pro toto populo oramus, quia totus populus unus’.[19]
Así, pues, se verifica siempre una cierta tensión entre las dos funciones esenciales de la lengua litúrgica: la expresión religiosa y la comunicación”.[20]

3. Muchos dicen que el latín aleja al pueblo del culto. Son puras paparruchadas. Lo que aleja a la gente del culto es tener que asistir a una Misa empobrecida, ‘democrática’, pero donde reina la chatura. La gente se aleja (se alejó) del templo porque ha dejado de ser el lugar del misterio, de lo sagrado, para transformarse en un centro de beneficencia, o de encuentro juvenil…
Se establece una falsa dialéctica: el pueblo no entiende el latín, por lo tanto no puede participar del culto; el pueblo no sabe latín, por lo tanto hay que suprimirlo.
Cuando el pueblo asiste a la Misa puede escuchar las lecturas y el sermón en su lengua nativa, y eso le puede bastar para su instrucción. Porque en lo que hace a la parte sacrificial, es de competencia del sacerdote, y por lo tanto, no hay razón para que se emplee una lengua inteligible para el simple fiel. Queremos decir, no hay una necesidad estricta de que el fiel conozca y comprenda cada palabra del Ofertorio o del Canon. Pero como una de las realidades que desconoce el progresismo es el sacerdocio jerárquico, es lógico que se halla buscado suprimir lo que pudiera indicar distanciamiento entre el ministro y el pueblo. Es curioso que en la era conciliar, tan pronta a descubrir “las inefables riquezas del judaísmo”, no se repare en la diferenciación de la casta sacerdotal respecto del pueblo. Y en lo que hace al idioma, el hecho que en las sinagogas del tiempo de NSJC, aunque el pueblo ya no comprendía el hebreo, se hacían las lecturas en esa lengua (aunque luego se tradujesen). En este siglo, los cristianos han abandonado la que fuera su lengua, mientras que los judíos imponen en Palestina el uso del hebreo…



Si se trata de comprender, de la inteligencia de los textos litúrgicos, no basta con traducir los textos. Esa comprensión implica una formación que no toda persona puede tener. Por eso “en cuanto al pueblo propiamente dicho, si no entiende las palabras, tanto mejor. En ello gana el respeto, y la inteligencia no pierde nada. Aquel que no comprende nada, comprende más que el que comprende mal”. Estas palabras de Joseph de Maistre creemos se aplican a muchos de nuestros contemporáneos, incluso y sobre todo, a las personas mayores que dicen: “Ahora es mucho mejor que en mi época; antes la Misa era en latín, y no se entendía nada…” Basta que uno les pregunte qué es la santa Misa, para darse cuenta de cuál sea el grado de comprensión que han adquirido…
Si el pueblo no conoce el latín es simplemente porque la Iglesia no se preocupó por enseñarle. Si en los colegios y centros católicos se enseñaze a los niños y a los jóvenes el latín, habría una feligresía capaz de gustar los tesoros que encierra la liturgia tradicional. No se nos acuse de utopistas; porque ello se hacía antes, en este mismo siglo. ¿O será que los niños de nuestra época no son tan capaces como los de décadas atrás?
El latín no es para una élite intelectual, sino para todo cristiano. Escuchemos al respecto lo que dice un sacerdote, el Padre Berto, que dedicó su vida a la educación: “Nunca insistiremos lo suficiente: adaptar la liturgia al pueblo, es rebajar la liturgia sin por ello elevar al pueblo; adaptar el pueblo a la liturgia, es elevar al pueblo sin envilecer la liturgia. Nosotros ya hemos elegido. Dedicados desde hace más de un cuarto de siglo a la educación de los más necesitados, entre los niños de este pobre pueblo, que ha sido expoliado por el el laicismo de las riquezas que le ofrece la Iglesia a la cual aun él pertenece, por el bautismo, casi en su totalidad, (aunque cruelmente alejado en su vida la mayor parte); no, ciertamente no queremos una religión de mandarines, como no lo quieren los que buscan el remedio en el empleo de las lenguas vulgares en la liturgia; no, no queremos una religión para clases sociales superiores; no, no queremos una religión de estetas y para gente de gusto refinado.
Pero nosotros negamos, con todas nuestras fuerzas, que la liturgia en latín sea un obstáculo para la participación del pueblo cristiano, en el culto cristiano. Justamente porque nosotros amamos al pueblo, porque no vivimos sino para servirlo, no consentiremos que sea despojado siquiera de un centavo de su herencia. Tiene derecho a oro puro; no aceptaremos que “se le dé gato por liebre”[21]. Que no se le cierren las puertas; que le sean abiertas de para en par, que tenga libre acceso a la belleza milenaria de los textos y cantos litúrgicos latinos”.




V- CONCLUSIÓN

Debemos ser los guardianes del tesoro que nos transmitieron los siglos cristianos, según la consigna dada por León XIII al episcopado francés, sobre el latín y los métodos de enseñanza tradicionales:
“Si un día, lo que Dios no quiera, hubieran de excluirse totalmente de las escuelas públicas (¡ de nuestra Iglesia! –agregamos nosotros-), que vuestros Seminarios menores y colegios libres los guarden con inteligencia y [22]patriótica solicitud; e imitaréis así a los sacerdotes de Jerusalén que, queriendo sustraer a los bárbaros invasores el fuego sagrado del Templo, lo escondieron de manera que pudiesen encontrarlo y devolverle todo su esplendor cuando los malos días hubiesen pasado”.






BIBLIOGRAFÍA

Como ya dijimos al comienzo de este trabajo, el documento fundamental del Magisterio sobre este tema es la Constitución Apostólica “Veterum Sapientia”, del Papa Juan XXIII, del 22 de febrero de 1962.

AMERIO, Romano. Iota Unum, Salamanca, Gráficas Varona, 1995.-
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WILTGEN, Fr.Ralph M.. The Rhine flows into de Tiber. Rockford, TAN, 1985.-

Notas

[1] Arturo Cayuela, SJ, “Humanidades clásicas”, p.394-395
[2] “Du Pape”, p.162
[3] M.M.Martin, “Le latin immortel”, p.115
[4] El abad de Solesmes nos cuenta cómo los jesuitas solicitaron varias veces a los Papas, en el s.XVII, el que les permitieran decir la Misa en chino, por razones pastorales, pero no se les concedió.
[5] Paulo VI, en una Carta dirigida a los superiors generales de los religiosos obligados a coro, les decía: “Debemos confesar que Nos estamos profundamente conmovidos y no poco entristecidos, a causa de estas peticiones, y nos preguntamos de dónde ha brotado y por qué motivo se ha propagado tal modo de pensar y tal menosprecio, antes desconocido.” (“Sacrificium laudis”. 15-VIII-1966)
[6] En el Concilio Vaticano II se discutió ampliamente acerca del latín. Cf. los libros del P.Wiltgen, M.Davies, Salleron, etc.
[7] Es de señalar la importancia que el Papa dio a su promulgación:
- en presencia de todo el clero romano (Cardenales, Curia, etc.);
- en la fiesta de la cátedra de San Pedro;
- y firmó el documento frente mismo al altar de la confesión de san Pedro.
[8] Migne, PL 54, 423
[9] Santo Tomás comenta así el pasaje citado en la II Tes.: “Pero, ¿ cómo debe entenderse todo esto, teniendo en cuenta que ya hace mucho tiempo que las gentes se apartaron del Imperio romano, y sin embargo todavía no ha venido el Anticristo?. Hay que decir que todavía no ha cesado (el Imperio romano), sino que se convirtió de temporal (terrenal) en espiritual, como dice el Papa León en el sermón sobre los Apóstoles. Por lo que debe decirse que el apartamiento del Imperio romano debe entenderse, no solo del temporal, sino también del espiritual, o sea de la fe católica de la Iglesia romana. Es por lo tanto un signo conveniente que así como Cristo vino cuando el Imperio romano dominaba a todos, así por el contrario, al apartarse de él será un signo (de la venida) del Anticristo”. (Ver texto latino en Textos complementarios)
[10] El Tratado de Letrán de 1929, art.1, parágrafo 2, decía: “En consideración del carácter sagrado de la Ciudad Eterna, sede Episcopal del Soberano Pontífice, centro del mundo católico, y meta de peregrinos, el gobierno italiano cuidará de impedir en Roma todo lo que pueda oponerse a dicho carácter”.
El Nuevo Concordato, del 18-II-1984, art.2, par.4: “La República Italiana reconoce el significado particular que tiene para la catolicidad Roma, sede Episcopal del Sumo Pontífice”. (Observ.Rom., ed.esp., 4-III-84)
[11] Cayuela, oc., p.405-406
[12] Cayuela, p.148
[13] Cit. por M.M.Martin en su oc., p.255
[14] “Roma toda se halla en todas partes; está toda donde yo estoy “.
[15] Du Pape, p.160
[16] “Pero la radio y la televisión serán dentro de poco del dominio exclusivo del Príncipe de este mundo; y “aquel inicuo” que de él recibirá poder para hacer prodigios mendaces podrá hablar un día y por televisión ser visto hablando a las multitudes reunidas en plazas y templos, a todo un universo aterrado y exaltado, “que estará delante de él como una oveja delante del lobo”… (L.Castellani, “Los papeles de Benjamín Benavides, p.293, Bs.As., Dictio, 1978)
[17] Pío XI, Encíclica “Officiorum omnium”, del 1-VIII-1922; AAS XIV, 499 ss.
[18] Iota Unum, p.416
[19] “Nuestra oración es pública y común, y cuando rezamos lo hacemos no por alguien en especial, sino por todo el pueblo, porque todo el pueblo es una sola cosa”. (De Dom. Or., 8)
[20] C.Mohrmann, “L’Ordinaire de la Messe”., p.32-33; 35-36
[21] “qu’on lui refile de la pacotille’
[22] “Depuis le jour”, 8-IX-1899. El Papa hace referencia a II Mac.1,19-22.

3.1.3.ORNATO DEL ALTAR


3.1.3. EL ORNATO DEL ALTAR

            Sobre el altar no debe colocarse “absolutamente nada” ( ‘nihil omnino’) que no sirva al Sacrificio de la Misa o a la estricta ornamentación del altar. (R. g. M., n.529)[1]

            Aquí queremos incluir elementos de diversa especie, pero que de una manera u otra embellecen el altar.
            No nos parece correcto considerar las imágenes de santos y las reliquias como si fueran parte de la decoración del altar. Si se colocan allí es para ser veneradas por los fieles ( Cer. Episc. l.1, cap. 12, n.12) Pero varios autores hablan de ellas bajo el título de este parágrafo.
            Trataremos entonces de:
                        1. El baldaquino o ciborio
                        2. El retablo
                        3. El frontal y el cortinaje
                        4. Las imágenes
                        5. Las reliquias
                        6. Las flores


1)- EL BALDAQUINO O CIBORIO



            1. El nombre: El término ‘ciborio’ proviene del latín ‘ciborium’ = copa (la vaina del haba de Egipto tiene esa forma, que designa el término griego primitivo)
            El termino ‘baldaquino’ viene de ‘Baldac’, nombre dado en la Edad media a Bagdad, de donde venía una tela así llamada.
            2. Qué es: se trata de una estructura en forma de dosel, generalmente sobre cuatro elementos de apoyo ( pértigas, pilares, columnas) para cubrir una altar o una tumba.
            Sobre el origen del baldaquino dice J.A. Iñiguez: “Ya se ha visto cómo es propio de la tumba al aire libre y pasó a significar en las basílicas martiriales el lugar de las reliquias; más adelante, cuando el altar se colocó definitivamente sobre ellas, pues lo hace así accidentalmente bajo aquel, y poco a poco, queda el primero como elemento unido al altar para dignificarle, al perder su simbolismo funerario ... “ (p.143)

            El ciborio es una reproducción, en cierta manera, del santuario todo. Tiene forma cúbica, cuatro columnas y remata en una ‘cúpula’ o techo. Concentra más la atención sobre el altar y lo señala como centro del templo.

            3. Historia: Desde la época carolingia hasta el emperador Otón (936-973) se habla de varios ciborios o baldaquinos. Pero es sobre todo a partir del s.XI que los ‘ciboria’ van a construirse. P. ej: el de San Ambrosio de Milán (s.XII, de 8,84 m.); el de San Marcos de Venecia  (s.XIII); en Roma: San Lorenzo Extramuros; el de Santa Maria in Trastevere; el de San Clemente, San Pablo Extramuros;  el de santa María in Cosmedín, etc. (todos de los s.XII y XIII); San Juan de Letrán (año 1367) y el más famoso, obra de Bernini: el de San Pedro, hecho totalmente en bronce y que tiene una altura de 29 m. (año 1633)
 Ciborio-Altar de San Ambrosio

            4. Según el Ceremonial de los obispos, si no hay ‘ciborium’, se debe colgar sobre el altar mayor (o el de la Reserva) un baldaquino (‘baldachinum seu umbraculum’). (Coer. Ep. l.1, c. 12 n.3; Cf. n. 14; c. 13, n.3; c.14, n.1)[2]
            El término ‘baldaquino’ designa primitivamente una sedería oriental de gran precio.
            Es un dosel conformado por una tela o colgaduras, montadas sobre una estructura oblonga, poligonal o circular, y suspendida sobre el altar por una cadena.
El baldaquino debe ser suficientemente largo y ancho como para recubrir no sólo el altar, sino también la tarima.
            Como las columnas del ‘ciborium’ puede entorpecer el normal desarrollo de las ceremonias de la Misa solemne, el baldaquino puede ser la solución.


2)- EL RETABLO ( ‘Retro-tabula’)

 Altar de San Idelfonso
             

            Se introdujo hacia fines del s.XI.
            Se trataba de pequeños cuadros rectangulares, de poca altura, esculpidos en piedra o metal, pintados sobre tabla o recamados sobre tela, representando la efigie del Señor, de la Virgen o de los santos, o escenas de sus vidas. Se colocaban en la parte posterior de la mesa de los altares adosados a las paredes de las naves laterales, para sostén de la piedad. (Según Righetti, el retablo habría nacido como consecuencia de la falta de reliquias para exponer a la veneración de los fieles).
            Al comienzo eran pequeños, y se podían substituir fácilmente cuando hiciera falta ( p. ej. en  ciertas fiestas).
            “Cuando el dosel estaba constituido por un tríptico, frecuentemente en la parte central se unían con una bisagra dos alas ( ‘sportelli’), que se abrían durante la función. Terminada ésta, se cerraban sobre la imagen, cubriéndola enteramente. Todo se apoyaba sobre una base rectangular, también ésta pintada, llamada ‘predella’ “ (Righ. t.I, p.496, nota 61).
            Pero en el gótico los retablos se hacen imponentes, y se los fija sobre el altar principal, o inmediatamente detrás de él.
            Durante el Renacimiento el retablo continúa creciendo en importancia, por será sin duda  en el Barroco que alcanzará su máximo desarrollo. “El retablo no es ya un accesorio del altar; antes al contrario, el altar ha venido a ser un accesorio del retablo ... Esta inversión de valores litúrgicos se manifiesta principalmente en las iglesias construídas en los s.XVII al XVIII, según el tipo del Gesù, de Roma, en las cuales el altar mayor, adosado a la pared del ábside, parece no tener otra función que al de servir de base a la monumental apoteosis del santo o del misterio al que está dedicado” (Righ. T.I, p.470)





3)- EL FRONTAL  (‘pallium’, ‘antipendium’, ‘frontale’)

            Cuando la parte delantera del altar no es artística, preciosa o decorada finamente, está mandado que se revista el altar con frontal de metal precioso o de tisú o de seda del color de la fiesta (D. 4000)
            Si el altar está colocado entre el coro y la nave, el frontal recubre también la parte posterior del mismo (´Coer. Episc. l, c.12, n.11)
            Debe ser del color correspondiente al Oficio y Misa del día u otra Misa que se celebre conforme a las rúbricas (R.g.M., n.117)
            Si está expuesto el Santísimo sólo puede ser de color blanco. En las funciones fúnebres debe ser negro.

            Se ven antependios ya en los mosaicos de Ravena del s.VI.

            EL CORTINAJE: Se pueden colocar cortinas en el ábside del templo. Deben ser del color litúrgico del día.
            Muchos antiguos tapices que se ven hoy día en las sacristías tuvieron ese fin.


4)- LAS IMÁGENES


 Iglesia San Ponciano-La Plata

            1. 1. En el II Concilio de Nicea (747) se estableció definitivamente la doctrina de la Iglesia sobre el culto de las imágenes. (Dz. 302-304)

            “Definimos, con toda certeza y precisión, que, lo mismo que la figura de la preciosa y vivificante cruz, las santas y venerables imágenes, ya sea fabricadas en pintura o en mosaico, ya sea en cualquier otra materia adecuada, deben ser propuestas en las santas iglesias de Dios, en los vasos y vestidos sagrados, en los muros y en los cuadros, en las casas y en los caminos; tanto la imagen de Dios Salvador y Señor Nuestro Jesucristo, como la de la purísima Señora Nuestra y Santa Madre de Dios, como la de todos los nobles y santos varones. Porque cuanto más frecuentemente se les contempla en forma de imágenes, tanto más vivamente los que las contemplan se mueven al recuerdo y anhelo de los prototipos representados en ellas, y a otorgarles ósculos y muestras de veneración. No ciertamente una verdadera latría, que, conforme a nuestra fe, corresponde solamente a la esencia divina; sino que debe otorgárseles las mismas muestras de honor, de inciensos y luminarias que al precioso y vivificante signo de la cruz, a los santos Evangelios, y a las demás cosas sagradas, como fue nuestra antigua costumbre.
Porque la honra dada a la imagen pasa al prototipo en ella representado ...”

                        2. La misma doctrina retomó el Concilio de Trento en la Sesión XXV, cuando se renovó el espíritu iconoclasta por parte de los protestantes.
                        En el Código de Derecho Canónico de 1917:
                        Canon 1276: “Es saludable y útil invocar humildemente a los siervos de Dios (...) y venerar sus reliquias e imágenes...”
                        Canon 1255 & 2 : “También a las sagradas reliquias e imágenes se les debe veneración y culto relativo propio de la persona a quien las reliquias e imágenes se refieren”.

                        3. Dice San Buenaventura ( III, dist. 9, a.1, q.2) que las imágenes fueron incorporadas al culto por tres razones:
                                   a)- Para ayudar a la gente sencilla (‘propter simplicium ruditatem’): la que no sabe leer, pueda así conocer los misterios de nuestra fe a través de las imágenes y pinturas. (Ello se cumplió ciertamente en las catedrales góticas, a través de las esculturas y vitrales. Por eso se dice que son ‘enciclopedias en piedra’)
Esta idea ya la había enunciado San Gregorio Magno: “Lo que la Santa Escritura es para los letrados, la imagen lo es para los iletrados”.
                                   b)- Para fomentar la devoción ( ‘p. affectus tarditatem’): si alguien no se conmueve al escuchar lo que hizo N.S. por nosotros, lo haga a la vista de sus misterios representados (“Plus enim excitatur affectus noster per ea quae videt, quam per ea quae audit”).
                                   c)- Para fijar en la memoria los beneficios divinos y las grandezas de los santos (‘p. memoriae labilitatem’): muchas veces es más fácil recordar algo si se lo ha visto representado. (“Frequenter enim verificatur in multis illud quod consuevit dici: verbum intrat per unam aurem et exit per aliam”)

                                   4. Azcárate dice que las imágenes son “objetos sagrados que mueven a devoción, que instruyen, y que adornan; absolutamente como los santos a quienes representan , que nos edifican y nos mueven con sus virtudes, nos instruyen con sus ejemplos y constituyen el mejor ornamento de la Iglesia Católica y del Cielo” ( La flor de la liturgia, p.65)


            2. La multiplicación irracional de imágenes y el mal gusto.
            No parece conveniente atiborrar el altar mayor de imágenes.
Sagrario, altar, cruz: estos tres elementos nos hablan acabadamente de N.S.; ¿hay necesidad de añadir una imagen del Sagrado Corazón?

            Dice Pío XII: “... Y si bien ya hemos reprobado el criterio erróneo de quienes, bajo la apariencia de volver a la antigüedad, se oponen al uso de las sagradas imágenes en los templos, creemos que es Nuestro deber reprobar también aquella piedad mal formada de los que sin razón suficiente, llenan templos y altares con multitud de imágenes y efigies expuestas a la veneración de los fieles” (Mediator Dei, IV, 2)
            En la misma Encíclica: “Obligados por Nuestra conciencia y oficio, Nos sentimos precisados a tener que reprobar y condenar ciertas imágenes y formas introducidas últimamente por algunos artistas, que, a su extravagancia y degeneración estética, unen el ofender más de una vez al decoro, a la piedad y a la modestia cristiana, y ofenden el mismo sentimiento religioso”. ( IV, 2)

           
            San Juan de la Cruz, en la “Subida al Monte Carmelo” nos enseña de qué manera se ha de usar de las imágenes para nuestro provecho espiritual.
            1-  Por un lado, advierte que puesto que el uso de éstas es práctica de la Iglesia, nada se puede objetar. Por el contrario, es de alabar.
             2-  Pero se debe tener presente que la imagen es sólo un medio, no un fin. De allí que:
                        a- Tendrán más necesidad de ellas las personas más sencillas, y menos avanzadas en la vida espiritual. Por el contrario, el que ha llegado a cierta perfección, poco necesita de ellas.
                        b- No debe haber un apego desordenado a tal o cual imagen, de forma tal que si se me quita esa imagen, se me haga casi imposible rezar.
                        c- No hay que recargar los oratorios de imágenes. Y han de estar bien hechas.

            “Pero se ha de advertir aquí, que no por eso convenimos, ni queremos convenir, en esta nuestra doctrina con la de aquellos pestíferos hombres, que persuadidos de la soberbia y envidia de Satanás quisieron quitar de delante de los ojos de los fieles el santo y necesario uso e ínclita adoración de las imágenes de los santos de Dios. Antes de esta nuestra doctrina es muy diferente de aquella, porque aquí no tratamos que no hay imágenes y que no sean adoradas, como ellos; sino damos a entender la diferencia que hay de ellas a Dios, y que de tal manera pasen por lo pintado, que no impidan de ir a lo vivo, haciendo en ello más presa de la que basta para ir a lo espiritual. Porque así como es bueno y necesario el medio para el fin,  como lo son las imágenes para acordarnos de Dios y de los santos; así cuando y se repara en el medio más que por solo medio, estorba e impide tanto, en su tanto, como otra cualquier cosa diferente ... Porque acerca de la memoria y adoración y estimación de las imágenes, que naturalmente la Iglesia Católica nos propone, ningún engaño ni peligro puede haber, pues en ella, no se estima otra cosa sino lo que representan; ni la memoria de ellas dejará de hacer provecho al alma, pues aquella no es sino con amor de al que representan, que, como no repare en ellas más que para esto, siempre le ayudarán a la unión de Dios, como deje volar el alma (cuando Dios le hiciere merced) de lo pintado a Dios vivo, en olvido de toda criatura y cosa de criatura”  ( Subida, l.III, cap. 15)

            “La persona devota de veras en lo invisible principalmente pone su devoción, y pocas imágenes ha menester y de pocas usa, y de aquellas que más se conforman con lo divino que con lo humano ... Ni en esas de que usa tiene asido el corazón, porque, si se las quitan, se apena muy poco; porque la viva imagen busca dentro de sí, que es Cristo crucificado ... Que aunque es bueno gustar de tener aquellas imágenes que ayuden al alma a más devoción .. pero no es perfección estar tan asido a ellas que con propiedad las posea, de manera que, si se las quitaren, se entristezca” (cap. 35)

            Mucho había que decir de la rudeza que muchas personas tienen acerca de las imágenes; porque llega la bobería a tanto, que algunas ponen más confianza en unas imágenes que en otras, entendiendo que les oirá Dios más por éstas que por aquellas, representando ambas una misma cosa, como dos de Cristo, o dos de Nuestra Señora” (cap. 36)

            “ De aquí  es (...) que algunas personas no se hartan de añadir unas y otras imágenes a su oratorio, gustando del orden y atavío con que las ponen, a fin de que su oratorio esté bien adornado y parezca bien; y a Dios no le quieren más así que así, mas antes que menos, pues el gusto que ponen en aquellos ornatos pintados, quitan a lo vivo, como hemos dicho. Que aunque es verdad que todo ornato y atavío y reverencia que se puede hacer a las imágenes, es muy poco ( por lo cual los que las tienen en poca decencia y reverencia son dignos de mucha reprensión, junto con los que hacen  algunas tan mal talladas que antes quitan la devoción que la añaden, por lo cual habían de impedir a algunos oficiales que en esta arte son cortos y toscos); pero ¿qué tiene esto que ver con la propiedad y asimiento y apetito que tú tienes en estos ornatos y atavíos exteriores, cuando de tal manera te engolfan el sentido, que te impiden mucho el corazón de ir a Dios, y amarle y olvidarte de todas las cosas por su amor ? ( cap. 38)

            “Para encaminar a Dios el espíritu en este género, conviene advertir que a los principiantes bien se les permite, y aun les conviene, tener algún gusto y jugo sensible acerca de las imágenes, oratorios y otras cosas devotas visibles, por cuanto aun no tienen destetado ni desarrimado el paladar de las cosas del siglo, porque con este gusto dejen el otro. Como al niño que, por desembarazarle la mano de una cosa, se la ocupan con otra, porque no llore, dejándole las manos vacías. Pero para ir adelante, también se ha de desnudar el espiritual de todos esos gustos ... ; porque el puro espíritu muy poco se ata a nada de esos objetos, sino sólo en recogimiento interior y trato mental con Dios. Que aunque se aprovecha de las imágenes y oratorios, es muy de paso, y luego para su espíritu en Dios, olvidado de todo lo sensible. “ (cap. 39)

            Qué más podemos añadir a una doctrina tan clara, sino pedir a ciertos fieles - siempre prontos a dar lecciones de piedad al sacerdote-  que formen su gusto y no nos cansen con su ignorante superchería...
( Para más precisiones dirigirse al irresponsable autor de estas líneas)



TEXTOS

1. San Gregorio Magno: Las imágenes son la Biblia de los iletrados

            “Ha llegado a noticia nuestra que, encendido por un inconsiderado celo, has destrozado algunas imágenes con la excusa de que no deben ser adoradas. Es cierto que te alabamos por haber prohibido que fueran adoradas; pero te reprendemos por haberlas destrozado. Dinos, hermano, ¿cuándo has oído que un sacerdote hiciera lo que tú has hecho ? ¿Cómo no pudo retenerte el pensamiento de que, despreciando a tus hermanos, eras tú el verdadero santo y prudente ? Una cosa es adorar una pintura, y otra cosa es servirse de una pintura para conocer a quién hay que adorar. Porque lo que un libro proporciona al que lo lee, eso es lo que una pintura ofrece a los analfabetos que la contemplan, pues en ella aun los ignorantes ven cómo tienen que comportarse, en ella leen los que no tienen letras. De ahí que, sobre todo para los paganos, la pintura equivale a la lectura. Y eso es lo que debieras haber tenido en cuenta tú que habitas entre los gentiles, para que no ocurriera que, arrebatado por un celo imprudente, causaras escándalo en almas todavía incultas.[3] Por tanto, no se debiera haber destrozado lo que en las iglesias se coloca no para ser adorado sino sólo para instrucción de los ignorantes ...
            Tienes que procurar convocar a los que has dispersado por tu imprudencia, y decirles: Si queréis tener en la iglesias imágenes, conforme a la antigua tradición, para vuestra instrucción, permitiré que se hagan y se conserven. Y diles que lo que te desagradó no fue la visión de la historia que estaba representada en la pintura, sino la adoración que indebidamente se les dispensaba. Y, tranquilizándoles con estas palabras, procura recobrar su concordia. Y si alguien quiere fabricar imágenes, no se lo prohibas, sino impide que de cualquier manera las adoren. Y amonéstalos de manera que al contemplar las proezas (de los santos) se sientan enardecidos por la compunción, y se prosternen humildemente sólo ante la santa Trinidad”
(Carta a Sereno, PL 77, 1128-1129)

           
2. San Juan Damasceno : Sermón 1 de las Imágenes

            “ Lo que el sermón propone a los oídos, eso mismo la pintura silenciosa lo logra por la mímesis” (San Basilio). No puede demostrarse con palabras más claras que entre los analfabetos las imágenes cumplen la función de los libros y son mudas pregoneras de la gloria de los santos, puesto que con una palabra tácita enseñan a aquellos que las contemplan, y hacen atractiva a la vista la santidad.
            Cuando no tengo ganas de estudiar y dispongo de tiempo libre, me voy de buena gana a la iglesia y contemplo las pinturas ... Acarician mis ojos como las flores del campo; y la gloria de Dios desciende a mi alma.  Considero la constancia de los mártires y el premio de su corona, y postrándome en tierra, por mediación del mártir consigo mi salvación ...
            Advierte que la esencia divina no brilla en figura visible o en una hermosura formal y elegante por los colores, sino que se la contempla por la fuerza de una inefable bienaventuranza, y por esa causa su imagen es irreprensible. En cambio la forma humana puede pintarse con colores sobre una tabla. Por tanto, si el Hijo de Dios, ‘tomando forma de siervo, se revistió de la figura humana, y hecho semejante a los hombres, apareció en su porte como hombre’, ¿qué nos impide que representemos su imagen?  Y si se estableció la costumbre de que a la imagen del Emperador la llamemos ‘el Emperador’, y que, según la frase del divino Basilio, ‘la honra dada a la imagen pasa al prototipo’ al que representa, ¿por qué no se va a dar honra y veneración a la imagen de Cristo ? No ciertamente como si fuera Dios, sino solamente como imagen del Dios que se encarnó.” (PG 94, 1268)

3. Erasmo de Rotterdam: Del uso y abuso de las imágenes

            “... Aunque ese culto en nuestros días se ha multiplicado al infinito. Sin embargo, no se trata de desterrar todas esas imágenes de nuestras iglesias, sino habría que enseñar al pueblo la manera como conviene servirse de las imágenes. Lo que haya de malo debe rectificarse, si se puede hacerlo sin grave turbulencia; y lo que hay de bueno debe fomentarse. Sería de desear que no se viera en los templos cristianos nada indigno de Cristo...
            ... Cuando un pintor quiere representar a la figura de la Virgen María o de santa Agueda, elige a veces como modelo a una ramera lasciva, o para tallar la imagen de Cristo o de San Pablo, se contenta con el primer juerguista que se le presenta o cualquier pícaro. Porque hay imágenes que provocan más a la lascivia que a la piedad; pero las toleramos porque somos conscientes de que su supresión causaría mayores males que su conservación...” (“Modo de orar a Dios, Opera, V, p.1120-1121)


4. Sobre la fealdad de las imágenes y la decadencia del arte cristiano


            K.H. Huysmans:“Evidentemente, en ningún lugar, en ningún país, en ninguna época, ha habido tal audacia en la exhibición de tan sacrílegos horrores; y si se piensa que han sido elaborados expresamente para Lourdes, fabricados exprofeso para Nuestra Señora, se puede deducir de este espectáculo alguna enseñanza. A no dudarlo, tales atentados no pueden atribuirse más que a bufonadas vindicativas del demonio. Es su venganza contra Aquella que tanto aborrece, y puede pensarse que le dice:
            ‘Yo te sigo la pista - dice el diablo a María- y dondequiera que tú te detengas, allí me instalaré yo también ... Y el arte, que es la única cosa limpia sobre la tierra después de la santidad, no solamente tú no lo tendrás, sino que yo me arreglaré para seas insultada sin descanso con la blasfemia continua de la fealdad ... Todo cuanto te represente a ti  y a tu Hijo será ridículo; todo cuanto figure a vuestros ángeles y vuestros santos será innoble ... Hasta he pensado en los objetos de culto, sobre todo en los que tocan a la carne misma de Cristo; he dedicado especial cuidado a los ostensorios y copones; he querido que fueran de un gusto suntuoso y horrendo” ... (Les foules de Lourdes, cap. VI)

            N. Fumet: “ Los atroces iconos que Cristo se ha visto obligado a soportar en un tiempo en que su Corazón tenía mayor necesidad de irradiar, responderán acaso mejor - al aumentar la escala de la humildad divina- a nuestras exigencias religiosas que las obras maestras del mejor Renacimiento, las cuales, más que llevarnos a la oración, nos suelen distraer. Porque esos modelos insignificantes, pintarrajeados en serie luego de haber sido concebidos por cerebros indigentes; esas figuras de fealdad repulsiva, unidas a toda la literatura boba que las acompaña, constituyen otras tantas hermosas genuflexiones divinas en el seno del abismo y la oscuridad. La luz que se abate en la miseria de los sentidos es Jesús, abrumado por el peso de la cruz.” (El proceso del arte, p.68-69)

            P. Saenz: “Si se creyese a las imágenes de devoción, hacerse santo sería una empresa dulce, agradable, aunque un tanto fastidiosa.
            De ahí la necesidad que reitera Oupensky de no confundir imagen sagrada con imagen de tema religioso, dos cosas absolutamente distintas. En consecuencia de tal confusión, el arte sacro ha sido ampliamente desterrado de nuestras iglesias y reemplazado por el arte religioso. Este arte, de índole prevalentemente emotiva, expresa más bien el estado de alma del autor de la obra que el contenido salvífico del misterio representado. No es ya un órgano de la Iglesia docente, sino la expresión de la personalidad del artista, que comunica su sentimiento a los fieles. ‘El fin del arte religioso es provocar cierta emoción. Ahora bien, el arte litúrgico no se propone emocionar, sino transfigurar todo sentimiento humano’.[4]
            Como muestra decadente de esta inclinación sentimental se destaca el llamado arte sulpiciano, cuyas estatuas y cuadros llenan nuestras iglesias. Es un ersatz de arte, con productos hechos en serie, sometidos a los cánones del comercio y del negocio...
            De los portales de Chartres a las estatuas de las santerías, de los iconos de Rubliov a las estampitas de primera comunión, el abismo resulta infranqueable. Es toda la distancia que va de un cristianismo militante y mistérico a un pseudocristianismo condescendiente y acaramelado. El arte tiene siempre valor de diagnóstico y de testimonio. El arte de San Sulpicio es un signo impresionante de la anemia del catolicismo pre-conciliar, de su fe languideciente y de su falta de virilidad. Mas al tiempo signo de un cristianismo en decadencia, ha sido también causa de envenenamiento para la piedad de muchos fieles. Decía Bernanos que Cristo no nos pidió que fuéramos la miel de la tierra, sino la sal de la tierra. La sal pica ... y aquello empalaga.
            Refiriéndose a esas imágenes indeterminadas y neutras, escribía el terrible Thibon: ‘Me cuesta creer que el relamido arte de San Sulpicio  una cierta música y literatura llamadas religiosas,, constituyan menor ultraje a la pureza divina que una blasfemia, un robo o un adulterio’.
            Sin embargo, a muchos dicho arte ‘les ayuda a rezar’ (!). No hay que extrañarse de ello, ya que, como decía Maritain, parafraseando la Escritura, ‘el número de los cristianos de mal gusto es inifinito’”.  ( El icono, esplendor de lo sagrado, p.376-377)




5)- LAS RELIQUIAS


            1. Legislación
                        1. El Código (1917) legislaba sobre las reliquias en el Título XVI del libro III, “De las cosas”, cánones 1281-1289 (Cf. 1276 y 1255 & 2)
                        2. Estas reliquias son incensadas en la Misa cantada y en Vísperas. Durante la Exposición del Santísimo Sacramento deben ser retiradas del altar, o cubiertas.

            2. Historia

                        El exponer las reliquias sobre el altar data del s.IX ( si no antes). Hubo un tiempo que en que eran expuestas en forma permanente; luego se las colocó solo para las grandes solemnidades.
                        La “Adomonitio Synodalis” (s.IX o comienzos del s.X) prescribió el que sobre los altares se tuviese solamente las urnas ( ‘capsae’) con las reliquias de los santos, el Evangelario y la píxide con el cuerpo del Señor, para los enfermos; las demás cosas se guardarán en lugar a propósito.
Según Righetti, esta norma “fue el punto de partida de una profunda transformación en la estructura externa del altar” (p. 468)[5]
                        A partir del s.X se acrecienta el culto público de los santos. Sus cuerpos son extraídos de criptas y de bajo los altares para exponerlos a la veneración de los fieles. Cada pueblo o ciudad quería poseer insignes reliquias, que fueran su orgullo. En Oriente los cruzados buscan cuerpos y reliquias de santos para llevarlos a sus patrias.
                        Para exponer las reliquias se utilizaban unas urnas que se colocaban en el borde posterior central del altar, o sobre un retablo adosado a éste. El otro lado de la urna apoyaba sobre un zócalo o pared, de modo que se pudiera pasar detrás del altar por debajo de las reliquias del santo patrono. Esto se denominaba  “elevare in altum”.
Sobre la urna del santo se erigía un templete o baldaquín de honor. Alrededor del altar se colocaban algunas columnitas que remataban en ángeles; unas barritas puestas sobre las columnas servían para sostener preciosas cortinas.

            3. Simbolismo
                        El mártir es ciertamente el prototipo del cristiano, por su entrega total a Cristo. N.S., modelo de todos los mártires, para podernos dejar la Eucaristía tuvo que inmolarse completamente, morir como la semilla bajo la tierra; ser pisoteado como la uva en el lagar ...
                        Vamos a transcribir algunos pasajes de la  hermosísima Carta de San Ignacio de Antioquía a los Romanos, cuando iba camino a su martirio y los cristianos buscaban evitarle la muerte.  Ella nos hará comprender qué adecuado es el que los restos de los mártires descansen bajo el ara; la unión de su sacrificio al del Maestro, e incluso su carácter cultual:

                        “Después de haber suplicado a Dios, alcancé a ver vuestro rostros dignos de Dios, y más de lo que pedía ... ; porque encadenado en Cristo espero saludaros, si fuere voluntad (suya) hacerme digno hasta el final. Porque el principio está bien puesto; si al menos alcanzase la gracia de conseguir sin impedimento mi suerte ! Porque temo vuestra caridad, que no me perjudique. Porque a vosotros os es fácil hacer lo que queréis, pero a mí me es difícil alcanzar a Dios, si vosotros no me dais oportunidad.
                        Porque no quiero que vosotros agradéis a los hombres, sino que agradéis a Dios, como le habéis agradado. Yo nunca he tenido esta oportunidad de alcanzar a Dios, ni vosotros, si guardáis silencio, podéis suscribir obra mejor. Porque si guardáis silencio sobre mí, yo seré palabra de Dios; mas si amáis mi carne, de nuevo seré voz. No me procuréis nada mejor que ser ofrecido a Dios, que ya está preparado el altar, a fin de que haciéndoos un coro en la caridad cantéis al Padre en Cristo Jesús; porque Dios, después de haberme enviado del Oriente al Occidente, se ha dignado hallar al obispo de Siria. Es bueno que, orientado hacia Dios, estar oculto al mundo, para amanecer en Él...”
                        “Escribo a todas las iglesias y ordeno a todos que complacido voy a morir por Dios, si vosotros no lo impedís. Os exhorto no hay para mí una complacencia inoportuna. Dejadme ser pasto de las bestias, por las que tengo que alcanzar a Dios. Trigo soy de Dios y por los dientes de las fieras voy a ser molido, para que sea hallado pan puro de Cristo. Acariciada más bien a las fieras para que sean para mí sepulcro y nada dejen de mi cuerpo, a fin de que, muerto, a nadie sea molesto. Entonces seré verdaderamente discípulo de Jesucristo, cuando el mundo no vea mi cuerpo. Implorada a Cristo por mí, para que por estos instrumentos sea hallado sacrificio para Dios...”
                        “... Ojalá goce yo de las fieras que me están preparadas y suplico hallarlas veloces para mí; las azuzaré para que rápidamente me devoren, no sea que, amedrentadas, me respeten como algunos. Si ellas, paradas, no quisieran, yo las hostigaré. Tened compasión de mí; yo sé muy bien lo que me conviene. Ahora comienzo a ser discípulo. Que nada de los seres visibles o invisibles me impida por celo el que alcance a Jesucristo. Fuego y cruz, manadas de bestias, disecciones, desgarramientos, quebrantamientos de huesos, desconyuntamiento de miembros, moraduras de todo el cuerpo, suplicios atroces del diablo vengan sobre mí, con tal que yo alcance a Jesucristo.
                        “ De nada me aprovecharán los confines del mundo ni los reinos de este siglo. Para mí es mejor morir por Cristo Jesús que regir los términos de la tierra. Busco Aquel que murió por nosotros; Aquel quiero, que nosotros resucitó. El parto es inminente. Compadeceos de mí, hermanos no me impidáis vivir; no queráis que yo muera; no entreguéis al mundo al que quiere ser de Dios, ni os seduzca la materia; dejadme recibir la luz pura; llegado allí, seré hombre. Permitidme ser imitador de la pasión de mi Dios. Si alguno lo tiene dentro de sí mismo, comprenderá lo que quiero, y me compadecerá, consciente de lo que me urge.”
                        “ ... Mi amor está crucificado; ya no hay en mí fuego para amar la materia, pero sí agua viviente que murmura en mí, diciéndome interiormente: Ven al Padre ! No siento placer por la comida corruptible ni por los placeres de la vida. Quiero el pan de Dios, que es la carne de Jesucristo ... y como bebida su sangre, que es caridad incorruptible”.


6)- LAS FLORES



            1. Legislación
                        El Ceremonial de los obispos recomienda adornar el altar con flores, sobre todo en las grandes fiestas. Las flores pueden ser artificiales, pero deben estar confeccionadas con un material noble, rico (el Ceremonial habla de seda). Por supuesto que en lo posible se han de utilizar las naturales.[6]

            2. Historia
                        Ya en la “Traditio” se habla de flores que adornan el altar: específicamente de rosas y lirios.[7]
            Conforme a la costumbre universal se honraban las tumbas de los mártires con flores. Y era lógico entonces que se colocasen luego flores en los altares en los altares, dentro de los cuales se hallaban reliquias de aquellos.[8]
            San Jerónimo alaba a Nepociano, el cual adornaba diligentemente con flores la iglesia... (Cf. Epist. 60 ad Heliodorum)[9]
            Al parecer, en algunos altares antiguos se ven ciertos agujeros en el borde de la mesa, que habrían servido para colocar flores.


           
            3. Simbolismo
                        Evidentemente el simbolismo del que hablaremos se da en las flores naturales, y secundaria y relativamente en las artificiales.

                        1. La belleza de las flores fue señalada por el mismo Cristo, al afirmar que ni la pompa de los vestidos reales más hermosos puede comparársele ( El que las había creado, sabía lo que decía...)
                        2. La flor por su color y aroma agrada los sentidos, y es así un símbolo del gozo espiritual.
El IV Dom. de Cuaresma (‘Laetare’) el papa bendecía una rosa de oro: recitaba plegarias especiales, la ungía con el santo crisma. esparcía sobre ella ciertos agradables aromas, la rociaba con agua bendita y la incensaba. En una de las oraciones pedía a Dios “la alegría y delicias de los fieles, bendecir y santificar esta rosa, tan agradable por su belleza y su perfume, como signo de alegrías espirituales, a fin de que su pueblo, liberado de Babilonia, por la gracia de su Unigénito, tenga desde ahora parte en las alegrías de la Jerusalén celestial. Y como la Iglesia, en honor del nombre divino, manifiesta su alegría por este signo, le conceda una felicidad y piedad verdaderas y perfectas, a fin de que por el fruto de las buenas obras,  imite ella el buen aroma de esta flor, la cual, salida de la vara de Jesé, es llamada la flor de la pradera y el lirio de los valles”.
Dice J. Pascher: “Según León IX, la ceremonia es un acto de culto a la santa cruz. Efectivamente, el año 1049 escribe sobre la rosa que suele ser llevada por Nos y por nuestros antecesores: ‘Porque por este tiempo del año se celebra la victoria de N.S.J.C., que padeció en ti ¡ oh santa cruz!, entonces espantosa, ahora deseable y adorable.” (PL 143, 635). Así parece que la rosa papal hubo de nacer de la costumbre que tenía la población romana de ofrecer rosas a la cruz como signo de veneración. Es posible que se trate en el fondo de una costumbre romana de primavera.
Por lo que se refiere a la predicación sobre la rosa, de ella poseemos ejemplos. Así Inocencio III (1198-1216): ‘El día de hoy todo el oficio está lleno de alegría, todo está cargado de felicidad ... , así se ve también claramente por las propiedades de esta flor, que ofrecemos a vuestra vista: Amor en el color, agrado en el perfume, y hartura en el gusto. Y es así que más que otras flores, la rosa alegra por su color, refresca por su perfume, fortalece por su gusto” (PL 217, 393)[10]  (Pascher, “El año litúrgico, p.94-95)




                        3. Las flores nos representan: así como la flor crece bajo los rayos del sol, necesita de él, así también el cristiano vive de la Sagrada Eucaristía. Las flores, una junto a otra, en torno del sagrario, representan la comunidad orante, ansiosa de alabar a Cristo. Cada flor necesita del agua para vivir, como el cristiano necesita de la gracia, “el agua que salta hasta la vida”; y de ser por el ejercicio de las buenas obras “el buen olor de Cristo”.
                        “Una voz dice: Escuchadme, vosotros que sois prosapia de Dios, y brotad como rosales, plantados junto a las corrientes de las aguas. Esparcid suaves olores, como el Líbano. Floreced como azucenas; despedid fragancia, y echad graciosas ramas; entonad cánticos de alabanza, y bendecid al Señor en sus obras” (Eclo. 39, 17-18)

                        4. Hay flores que son símbolos tradicionales en el arte cristiano: la rosa, el lirio, la azucena, etc.
                        La rosa es la ‘flor de las flores’.[11] De ella dice Leclerq: “La rosa ha sido la flor más alabada y admirada por los antiguos y los testimonios de ello son tan variados, tan entusiastas que se ha podido consagrar todo un libro a su historia, en la Antigüedad y en la Edad Media; en Oriente y en Occidente”. (DACL, t. 15, 1, col, 9-14)
                        Los Padres de la Iglesia hablan de ella: San Gregorio de Tours (Hist. Franc. VI, c.44), Fortunato de Poitiers (Carm. 6,8); San Isidoro de Sevilla (Etim. 17, c.9, n.17)
                        La rosa simboliza:
                                   a- El martirio: por su rojo sangre.[12]
                                               Más aun, simboliza al Rey de los mártires, su Pasión, sus llagas, y su Sagrado Corazón.
                                               Al respecto dice San Buenaventura, en su obra “Vitis mystica”:
                        “En el benignísimo Jesús, nuestra Vid, florece la rosa bermeja y encendida. Bermeja de la sangre de la pasión, encendida por el fuego de la caridad, aljofarada con las lágrimas del dulce Jesús ...” (c.15)
                        “Así como la rosa, cerrada con el hielo de la noche, cuando el sol naciente hiere con sus rayos ábrese toda y los pétalos desplegados muestran en su púrpura un cierto ardor apacible; así también la deliciosa flor del cielo, el óptimo Jesús, que desde el pecado del primer hombre estaba como cerrada del frío nocturno, y no suministraba a los pecadores plenitud de gracia, al venir, en fin, la plenitud de los tiempos (Gal. 4,4), encendida con los rayos de ardorosa caridad, se abrió toda de par en par, y la llama de la rosa de amor resplandeció en la púrpura viva de su sangre.”
                        “ Ya ves cómo floreció en Jesús esta flor de rosa. Mira todo su cuerpo; ¿dónde no hallarás flor de rosa? Mira una mano, mira la otra, mira los pies: ¿no ves flores de rosa? (c. 23)

                                   b- Se la vincula con el Paraíso celestial, es decir, evoca las dichas eternas. P.ej: Prudencio: “Allí emite toda la tierra suavísimo perfume de las purpúreas rosas ... “ (Cath. 5, v. 113-114); Fortunato: “Floribus aeternis oculos rosa, lilia pascunt” (De Virginitate, l.8, v. 29-30)

                                   c- María: flor predilecta en el paraíso de la Iglesia; la más bella, la más perfumada de virtudes; su corona es el Rosario ...

            * La rosa aparece ya en las catacumbas: en el cementerio de San Ponciano, se ve el bautismo de Cristo, y al lado la cruz en medio de rosas; en la cripta de Lucina, en San Calixto, se ve un árbol, pájaros, y un campo sembrado de rosas; en la cripta de Santa Cecilia, el Papa Urbano, aparece representado en medio de rosas.
            * Finalmente diremos que para los antiguos los derivados de la rosa tenían propiedades curativas o mágicas; p.ej: contra la ebriedad, para calmar dolores de cabeza, etc. (desde Plinio el Anciano hasta santa Hildegarda). Se hacían vinos, vinagres, mieles, etc.


            Y qué símbolo más hermoso que los girasoles en nuestros campos: cómo no ver en esas flores que miran siempre al sol una imagen de los cristianos que viven en la dependencia de Cristo, sol de justicia; que lo contemplan para copiarlo, pues cada girasol parece un sol vegetal.

            Finalmente, las flores nos deben hacer recordar lo efímero de nuestras vidas, y cómo deben terminar: a los pies de Cristo. (La Virgen dijo a Lucía en una de sus apariciones que aquel que sea fiel devoto de su Inmaculado Corazón será puesto como flor escogida, cerca del trono divino).


Las flores y la vida del hombre
Pedro Calderón de la Barca


Estas que fueron pompa y alegría,
despertando al albor de la mañana,
a la tarde serán lástima vana,
durmiendo en brazos de la noche fría.

Este matiz que al cielo desafía,
iris listado de oro, nieve y grana,
será escarmiento de la vida humana:
¡tanto se emprende en término de un día!

A florecer las rosas madrugaron,
y para envejecerse florecieron:
cuna y sepulcro en un botón hallaron.

Tales los hombres sus fortunas vieron;
en un día nacieron y expiraron;
que, pasados los siglos, horas fueron.






[1] “Super altare nihil omnino ponatur, quod ad Missae sacrificium vel ipsius altaris ornatum non pertineat”.
[2]  “Desuper vero altare in alto appendatur umbraculum quod baldachinum vocant, formae quadratae, cooperiens altare, et ipsius altaris scabellum, coloris coeterorum paramentorum”.
[3]  En el s.XVI los misioneros españoles debían tolerar un culto imperfecto de las imágenes por parte de los aborígenes. Pero han pasado cuatro siglos ...
[4] L’icône, vision du monde spirituel ..., p.12-13
[5] La Adomonitio fue ley general en todas las iglesias de Occidente, durante el s.X. El texto, con alguna variante ha pasado, a través del Pontifical de Durando de Mende (s.XIII) a la 3a. parte del Pontif. Rom. bajo el título de “Ordo ad Synodum”.
[6] “Vascula cum flosculis frondisbusque odoriferis seu serico contextis studiose ornata adhiberi poterunt.” (Coerem. episc. l.1, cap. XIII, n.12)
[7] “... sed et aliquoties et flores offerentur; offeratur ergo rosa et lilium, et alia vero non”
[8] Prudencio: “Nos tecta fovebimus ossa / violis et fronde frequenti” (Cathemerion X, v. 169)
[9] “... qui basilicas ecclesiae et martyrum conciliabula diversis floribus et arborum comis vitiumque pampinis adumbrabat”
[10]  En la Edad Media se fabricaban mieles, conservas y ‘aguas de vida’, a partir de las rosas, sobre todo de Provins.
[11]  Strabon, Hortulus ad Grimaldum, PL . 114, col. 1123
[12]  Cf.:  San Cipriano, Ad Mart. 1,8; De opere, et eleemosynis, c.26; San Jerónimo, Ep. ad Eust. 108, 31; Ep. ad Rust., 125, 2; Prudencio, Himno de Epifanía (12, v. 125-128)