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sábado, 26 de marzo de 2011

MONS.LUIGI NEGRI- EL PAPA ES COMBATIDO


Mons. Negri: “El Papa está siendo obstaculizado por fuerzas negativas de resistencia"

Presentamos una interesantísima entrevista que Mons. Luigi Negri, obispo de San Marino-Montefeltro, ha concedido a La Voce di Romagna.

Excelencia, el rasgo característico de este pontificado es la relación entre fe y razón: ¿por qué insistir en la liturgia?

La liturgia es la vida de Cristo que se realiza en la Iglesia e involucra existencialmente a los cristianos. La liturgia no es simplemente un culto que se eleva desde el hombre a Dios, como en la gran mayoría de las formulaciones religiosas naturales.

La liturgia es el amplio realizarse del acontecimiento de la vida, pasión, muerte y resurrección del Señor que toma forma en el organismo sacramental e involucra a los cristianos en un sentido sustancial y fundamental, haciéndolos pertenecer a Cristo y a la Iglesia a través de los sacramentos de la iniciación cristiana, y luego los acompaña en las grandes opciones y en las grandes etapas de su vida. En las grandes opciones vocacionales – matrimonio, orden – o en las etapas de la vida. Ahora bien, la liturgia defiende la facticidad de Cristo y de la Iglesia. Por eso tengo mucha gratitud hacia el profesor De Mattei por su extraordinario libro sobre la historia del Vaticano II y las páginas dedicadas a un lento e inexorable “socializarse” de la liturgia, ya antes del Concilio: como si el valor de la liturgia estuviese en la posibilidad de que el pueblo cristiano participara activamente en un evento que era luego vaciado, de hecho, de su sacramentalidad y terminaba por ser una iniciativa de sociabilidad católica.

Y yo creo que en la liturgia se juega la verdad de la fe porque se juega la gran alternativa que Benedicto XVI ha puesto al comienzo de la Deus caritas est: el cristianismo no es una ideología de carácter religioso, no es un proyecto de carácter moralista, sino que es el encuentro con Cristo que permanece y se desarrolla en la vida de la Iglesia y en la vida de cada cristiano.

La liturgia hace presente el hecho de Cristo en el flujo y en el reflujo de las generaciones: “Haced esto en memoria mía”. Yo creo que también la defensa de una conciencia exacta del dogma depende de la verdad con que se vive la liturgia. En este sentido, desde siempre la Iglesia ha afirmado que “lex orandi, lex credendi”: es la ley de la oración que hace nacer la ley de la fe pero sobre todo que la vigila de manera adecuada y positiva.

*

Dos aspectos me parecen centrales en el libro de Ratzinger “Teología de la liturgia”: la prevalencia lamentablemente verificada de un sentido de la Misa como asamblea, “evento de un determinado grupo o Iglesia local”, cena; por o tanto, la participación entendida como el actuar de varias personas que, según el autor, se transforma a veces en parodia. Y luego la celebración hacia el pueblo que, por una serie de malentendidos y malas interpretaciones “se presenta hoy como el fruto de la renovación litúrgica querida por el Concilio”, escribe el Papa. Consecuencias: la comunidad como círculo cerrado en sí mismo y una clericalización nunca antes vista donde todo converge en el celebrante.

Yo estoy de acuerdo en que el Papa deberá continuar una “reforma de la reforma” litúrgica del Concilio, usando una expresión de don Nicola Bux. Pero debe ser dicho con extrema claridad que al Papa le está costando hacer esta “reforma de la reforma”. Existen tendencias negativas de resistencia, ni siquiera tan pasiva. La reforma litúrgica venida después del Concilio la mayoría de las veces se ha llenado de pseudo-interpretaciones o ha hecho valer casos excepcionales como norma – basta pensar en el problema de la lengua o el de la distribución de la Comunión en la mano. Ha habido auténticos “golpes” de las Conferencias episcopales frente a Roma.

Ciertamente hubo una debilidad de la reacción vaticana, probablemente debida a tensiones y contra-tensiones incluso dentro de las estructuras que debían regular la interpretación exacta y la aplicación del Concilio. Ahora bien, aún teniendo presentes estos datos condicionantes a los que un gobierno de la Iglesia debe hacer frente en forma realista, la alternativa es entre una sociologización de la liturgia – como decir, un funcionamiento adecuado de las leyes y de los comportamientos de la comunidad cristiana reunida para celebrar la Eucaristía, que se convierte en el sujeto de la celebración eucarística antes que en su interlocutor privilegiado – y el volver a traer al centro al verdadero sujeto de la celebración eucarística, que es Jesucristo en persona. La estructura de la tradición litúrgica, así como la Iglesia del Concilio la ha recibido, salva los derechos de Cristo y la presencia de Cristo. Entonces todo esto que se hace para agotar o reducir la conciencia de la presencia de Cristo en beneficio de la modalidad con que la comunidad está presente, es una pérdida del valor último de la liturgia, del valor ontológico, diría don Giussani, y por lo tanto, metodológico y educativo. En el tiempo en que entraba en vigor por primera vez la reforma del Concilio Vaticano II, una altísima personalidad vaticana – no puedo decirle cuál pero es cierto, porque lo he leído con mis propios ojos – escribió que así finalmente la celebración de la Misa volvía a ser “una sana palestra de sociabilidad católica”.

*

¿Me puede decir, al menos, si estaba unos escalones más arriba que Monseñor Bugnini?

Muchos escalones más arriba que monseñor Bugnini.

*

“En Italia, salvo pocas honrosas excepciones, los obispos y los superiores de las órdenes religiosas se han opuesto a la aplicación del Motu proprio”: lo declaró el vicepresidente de la Pontificia Comisión Ecclesia Dei a un año de distancia de Summorum Pontificum, con que Benedicto XVI “liberalizó” la liturgia tradicional tridentina. Una denuncia muy fuerte de desobediencia del episcopado italiano. ¿En qué punto estamos en la aplicación del Motu proprio? En su diócesis, ¿hay celebraciones de la liturgia en la forma extraordinaria del Misal Romano de 1962?

Yo he tratado de aplicar, además de recibir y explicar a mi clero el sentido profundo de este Motu proprio que, en mi opinión, es una posibilidad dada a quien quiere en la Iglesia valorizar una riqueza más amplia y articulada de aquello que está a disposición de todos. Es como si el Papa hubiese reabierto la posibilidad de una celebración litúrgica que el individuo y el grupo siente más acorde a su deseo de crecimiento y a sus principios. Sin embargo, debo decir que han faltado hasta ahora las normas aplicativas, que nosotros estamos esperando desde hace años.

Básicamente, por lo que se puede hacer hoy, allí donde el obispo ha obedecido, como en mi caso, se celebran no muchas sino todas aquellas Misas que han sido pedidas, según la modalidad precisamente identificada por el Motu proprio. Cuando antes dije que al Papa le resulta difícil hacer pasar la “reforma de la reforma” tenía precisamente en mente un Motu proprio del que faltan, a más de tres años de su promulgación, las dimensiones aplicativas. Pero me parece que el rechazo, la resistencia, han sido no tanto sobre el Motu proprio sino más si bien sobre el hecho de que la reforma litúrgica del Vaticano II, así como los textos son interpretados y como la liturgia se ha ido determinando, parece que no pueda ser puesta en discusión. La resistencia es sobre la posibilidad misma, que en cambio el Papa ha abierto, de tener otras formas de aplicación de la vida litúrgico-sacramental: esto está en cuestionamiento, no las aplicaciones. Mientras que el Papa dijo: hay una riqueza litúrgica sacramental a la que toda la Iglesia, si quiere, puede acceder, sin que todo sea reconducido a una sola forma; en mi opinión, hay un amplio estrato de los eclesiásticos que considera que, en cambio, la reforma del Concilio Vaticano II arrasó con todo lo que estaba antes. Es aquella hermenéutica de la discontinuidad sobre la que el Papa intervino con mucha claridad y decisión.

*

Según un sondeo de Doxa, el 71 por ciento de los católicos encontraría normal que en la propia parroquia conviviesen las dos formas del rito romano, tradicional y nuevo. El 40 por ciento de quienes van a Misa todos los domingos, si la tuviesen en la parroquia, preferirían ir todas las semanas a la Misa de San Pío V. ¿Cómo comenta estos datos, que deben ser tomados con cuidado como toda encuesta?

Sigo siendo de la opinión que, más allá de estos datos, hoy la Iglesia debe ser muy disponible en ofrecer formas y modos de participación en la vida de Cristo que correspondan en su diversidad a la inevitable diversidad que existe entre los hombres y entre los jóvenes. Creo que nos debe animar un sincero entusiasmo misionero. En un momento en que las iglesias se vacían y hay tantas dificultades para una percepción adecuada del misterio de Cristo y de la Iglesia, todo lo que pueda facilitar debe ser utilizado, ¡pero no para afirmar las propias opciones ideológicas! El choque tradicionalismo-progresismo no tiene ya razón de ser, y de esta superación estamos realmente en deuda con Benedicto XVI. Son contraposiciones ideológicas que hipostatizan puntos de vista, sensibilidades, formas, en lugar de preguntar qué sirve más a la misión de la Iglesia y, por lo tanto, a su tarea educativa.

*

¿Cómo celebraba la Misa don Luigi Giussani? ¿Cuál era su pensamiento sobre la liturgia y cómo recibió la reforma?

He visto a Giussani celebrar según el rito de san Pío V: lo celebraba con la conciencia profunda de ser protagonista de un evento de gracia que abría al corazón y a la vida de los hombres. Y lo he visto celebrar según la liturgia reformada, del mismo modo. Giussani iba a lo esencial y, por naturaleza, no estaba inclinado a subrayar excesivamente los particulares. No puedo decir cómo reaccionó a la reforma porque no recuerdo que hayamos hablado de esto, ni entre nosotros dos, aunque habíamos tenido centenares de horas de diálogo sobre todos los problemas de la vida de la Iglesia y de la sociedad, ni públicamente. Pero la imagen de la liturgia que tenía está contenida en aquel bellísimo librito “Dalla liturgia vissuta, una proposta”. Creo que tanto la liturgia tradicional como la liturgia reformada, si se mantienen en la identidad que le es reconocida por el magisterio, pueden favorecer que una vida se convierta en propuesta de vida: la liturgia es una vida, la vida de Cristo con los suyos, que se convierte en propuesta de vida. No creo que estuviese dispuesto a morir para salvar la liturgia de san Pío V pero no creo tampoco – por lo que lo he conocido en cincuenta años de convivencia – que dijese inmediatamente que la liturgia del Vaticano II fuese la mejor posible. Más bien creo que, como sobre otras cuestiones del Concilio Vaticano II, tuvo algunas dificultades interpretativas, como ahora es reconocido por parte de la gran mayoría de los pastores y de los teólogos inteligentes. Tan cierto es que, después de cuarenta años, Benedicto XVI dice que comienza ahora una verdadera interpretación del Concilio.

*

¿Qué características tendrá la parte religiosa y eclesial de la visita del Papa a San Marino en el 2011?

Habrá una celebración de la Misa en San Marino para toda la diócesis, en el estadio de Serravalle, en la mañana del 19 de junio, según el programa oficioso que poco a poco se está haciendo oficial.

*

En estos días usted ha sido objeto de la observación de un periodista, en un periódico laico, sobre la desproporción entre su personalidad – “punta de diamante” - y la diócesis que le ha sido confiada, definida “diócesis de opereta”.

Estoy agradecido a este periodista por los elogios, un poco inmerecidos, que me ha hecho, no sólo en este caso sino también en otros momentos. En los tortuosos caminos que terminan en la provisión de una determinada iglesia particular, o bien de una responsabilidad también central en la conducción de la Iglesia, nadie, y menos yo, es tan ingenuo como para no saber que hay movimientos, contra-movimientos, reacciones, contra-reacciones, intereses, que tienen un gran peso. Yo mismo escribí algo sobre el carrerismo en mi columna “Opportune et importune” en Studi Cattolici, por eso toda esta fenomenología de una presencia de actitudes políticas no me resulta tan excepcional o escandalosa. Yo soy de aquella generación de sacerdotes y de obispos que considera que, de todos modos, finalmente, y sobre todas estas corrientes, contra-corrientes, amistades, vetos cruzados, está la voluntad de Dios interpretada por el Santo Padre. Cuando el Santo Padre te llama, puedes estar seguro de que es Dios quien te llama, y si te llama a aquella realidad a la que te llama, es porque Dios considera que es lo mejor para ti en aquel momento. Es con este estado de ánimo, muy abandonado a la voluntad de Dios y muy alegre, que yo soy obispo de una diócesis definida “de opereta” por alguno; pero creo haber llevado esta diócesis a una presencia y una visibilidad en el contexto eclesial y social italiano, y no sólo.

*

Por otra parte, muchos nombramientos van a personas no siempre a la altura de las responsabilidades a ellos confiadas, un problema grave hoy, cuando la Iglesia debería dar el máximo en la propuesta cultural y pastoral. Excelencia, ¿no cree que esto es un freno o un impedimento para la misión de la Iglesia?

Pero aquí monseñor Negri no responde y cierra el diálogo. Me mira profundamente con sus ojos claros y hace silencio. Es el día de santa Lucía, la tarde está por ceder a la “noche más larga”. En Domagnano descienden los primeros copos de nieve. En cambio más arriba, en Rímini, todo se funde en agua.



Tomado de: http://infocatolica.com/blog/buhardilla.php/1012280639-mons-negri-el-papa-esta-siend#comments


viernes, 4 de marzo de 2011

LAS CUALIDADES DEL RITO TRADICIONAL DE LA MISA

MISA DE SAN PÍO V: SU RIQUEZA LITÚRGICA Y SU REHABILITACIÓN ACTUAL

R.P.Brian Moore

Conferencia a los padres de la Hermandad Cura Brochero
(La Falda, Córdoba, 2008)



I-CONSIDERANDOS PREVIOS

1. Importancia de la liturgia. El Concilio Vaticano II dice: “La liturgia es la cumbre a la tiende la actividad de la Iglesia y al mismo tiempo la fuente de donde mana toda su fuerza”
“Toda celebración litúrgica, por ser obra de Cristo sacerdote y de su Cuerpo, que es la Iglesia, es acción sagrada por excelencia, cuya eficacia, con el mismo título y en el mismo grado, no la iguala ninguna otra acción de la Iglesia” (Sacrosantum Concilium)

Ahora bien, la Santa Misa es la cúspide y el centro de ese corazón de la Iglesia. Por eso es fundamental estudiar con detenimiento y amor lo que hace referencia a ella. Y esto lo digo porque ha existido siempre una cierta negligencia el estudio de esta materia.
A algunos le interesan las cuestiones dogmáticas, a otras las morales, etc. Y sin embargo, nuestro principal encargo es ser liturgos. Somos liturgos de profesión.

2. De hecho el Papa dice que existe una gran ignorancia en esta materia.
“La formación litúrgica actual de los sacerdotes y de los laicos tiene un déficit que causa tristeza”

3. Dificultad en discutir cuestiones litúrgicas. No es lo mismo que cuestiones dogmáticas o morales. No hay margen de discusión respecto a cuántas Personas hay en Dios…

II- EL POR QUÉ DEL MOTU PROPIO

Según el pensamiento del Papa existen motivos de caridad, de justicia y de conveniencia.

a- Motivo de caridad: el Papa ha querido allanar el camino para una reconciliación definitiva con los grupos tradicionalistas. Así lo dice explícitamente en el Motu Proprio
b- Motivo de justicia: declarar públicamente que el rito tradicional nunca fue abolido . Digo motivo de justicia para aquellos que durante años han afirmado que el rito estaba vigente y fueron sistemáticamente desmentidos y perseguidos por muchos jerarcas de la Iglesia. En efecto, dice el Papa: “Quisiera llamar la atención sobre el hecho de que este Misal nunca ha sido jurídicamente abrogado y, por consiguiente, en principio, ha quedado siempre permitido” (M.P.)

Lo mismo ha afirmado Mons.Malcolm Ranjith, Secretario de la Congregación del Culto Divino: “El rito tridentino hace parte de la tradición de la Iglesia. El Papa ha explicado debidamente las razones de su medida, un acto de libertad y de justicia hacia los tradicionalistas”

Si no fue abolido, con más razón en estos días se exige una actitud de apertura y me refiero sobre todo a los obispos. Aun los mejores han hecho prevalecer su criterio al mandato del Papa.

Lo dice claramente Mons.Ranjith en una entrevista (con Bruno Volpe) :

-Excelencia, ¿Que acogida ha tenido el Motu Proprio de Benedicto XVI que ha liberalizado la Santa Misa según el rito tridentino? Algunos, en el seno de la Iglesia, han respingado sus narices ...

-“Ha habido reacciones positivas e, inútil negarlo, criticas y toma de posiciones contrarias, también de parte de teólogos, liturgistas, sacerdotes, Obispos y aún Cardenales. Francamente, no comprendo esta forma de alejamiento y, ¿por qué no?, de rebelión al Papa. Invito a todos, sobretodo a los pastores, a obedecer al Papa, que es el sucesor de Pedro. Los obispos en particular, han jurado fidelidad al Pontífice: sean coherentes y fieles a su compromiso”.

-En su opinión, ¿qué causa estas manifestaciones contrarias al Motu Proprio?

“Usted sabe que ha habido, de parte de algunas Diócesis, también documentos interpretativos que intentan inexplicablemente limitar el Motu Proprio del Papa. Dentro de éstas acciones se esconden por una parte prejuicios de tipo ideológico y por la otra, el orgullo, uno de los pecados más graves. Repito: invito a todos a obedecer al Papa. Si el Santo Padre ha resuelto promulgar el Motu Proprio, ha tenido sus razones, las cuales comparto en pleno”.

-Volviendo al Motu Proprio: algunos critican el uso del latín durante la Misa ...

“El rito tridentino hace parte de la tradición de la Iglesia. El Papa ha explicado debidamente las razones de su medida, un acto de libertad y de justicia hacia los tradicionalistas. En cuanto al latín, deseo delinear que no ha estado abolido, y lo que es más, garantiza la universalidad de la Iglesia. Pero repito: invito a los sacerdotes, Obispos y cardenales a la obediencia, dejando aparte todo tipo de orgullo y prejuicio”.

Cf. Otros textos en el Apéndice


c- Motivo de convenencia: servir de puente para una futura reforma. El Papa ha hablado más de una vez sobre la necesidad de “una reforma de la reforma” y su deseo de un rito que implique entonces la estructura del rito tradicional con los aportes y retoques necesarios.
“Pero creo que en lo futuro no deberá tener más que un solo rito; la existencia de dos ritos es difícilmente “manejable” para los obispos y sacerdotes. El rito romano del futuro deberá ser un solo rito, celebrado en latín o en lengua vulgar, pero basado enteramente en la tradición del rito antiguo. Podrá integrar algunos nuevos elementos que han hecho sus pruebas, algunos prefacios, lecturas más amplias –más posibilidades que antes, pero no mucho- una “Oratio fidelium”, es decir, una letanía de oraciones de intercesión después del ‘Oremus’ anterior al Ofertorio, donde estaba su lugar primitivo”
(Carta del 23 de junio de 2003 del cardenal Ratzinger a Heinz-Lothar Barth, reputado autor teológico, doctor ès lettres y maestro de conferencias en la cátedra de escritos clásicos de la Universidad de Bonn)




III- RIQUEZAS DEL RITO TRADICIONAL

El tema del rito tradicional de la Misa no puede desligarse del tema de la lengua sagrada y la música sacra. Sobre ellos también diremos dos palabras.

Vamos a desarrollar los siguientes puntos:
1. Antigüedad
2. Carácter sagrado
3. El rito y el dogma eucarístico
4. La música sagrada
5. La lengua sagrada


1. Antigüedad
La Iglesia Católica es por esencia Tradición. Ahora bien, el rito de San Pío V nos pone en contacto con cientos de generaciones de cristianos que asistieron a este rito; de santos sacerdotes que lo celebraron.
La liturgia debe ser signo de unidad en el tiempo y en el espacio. El rito tradicional unía con los ancestros y con los vivientes sobre la faz de la tierra, porque era exactamente el mismo rito en todas partes.
Dice Klaus Gamber: “El rito romano remonta en sus partes más importantes por lo menos al siglo V, y más precisamente al Papa San Dámaso (366-384). El Canon Missae, aparte de algunos retoques efectuados por San Gregorio I (590-604), había alcanzado con San Gelasio (492-496) la forma que ha conservado hasta ayer. La única cosa sobre la cual los Romanos Pontífices no cesaron de insistir desde el s.V en adelante, fue la importancia para todos de adoptar el Canon Missae Romanae, dado que dicho Canon se remonta nada menos que al mismo Apóstol Pedro”

- Las lecturas en el rito tradicional:
De su estudio se deducen dos verdades fundamentales:
La antigüedad e inmutabilidad de nuestra liturgia: hace 13 siglos que se vienen leyendo las mismas Epístolas.

“La ley fundamental de la disciplina cultual de la Iglesia Romana, dice Dom Beauduin, es el mantener la tradición, el respeto religioso de la antigüedad; este instinto de la inmutabilidad la preserva del espíritu de novedad y la mantiene igual a sí misma, no porque condene sin más todo cambio y progreso, pero sabe ella que es más fácil innovar que mantener”

“Uno se pregunta que habría ocurrido con nuestra liturgia si hubiera sido abandonada a los caprichos antitradicionales de tantos de nuestros contemporáneos animados de un celo más pío que ilustrado” (Esto escribía Croegaert en 1948…)

2. Carácter sagrado

¿Qué es lo que ve un fiel al asistir a la Misa tradicional y que implica lo que ve?

2.1. La estructura del templo (Los templos se construyeron para la Misa)
La arquitectura sagrada está relacionada con el culto. Simbolismo.

a)- Un lugar aislado: el presbiterio, exclusivo del sacerdote y ministros. Jamás se ve allí a un laico, porque es el “Sancta Sanctorum”.
b)- El altar en un lugar elevado: el sacerdote sube después de haberse preparado: “Introibo ad altare Dei”
*Sube a la montaña santa; se aparta del mundo, de lo profano, va al encuentro de Dios
* No está al mismo nivel que los fieles

c)- Ve al sacerdote “de espaldas”
El sacerdote no tiene rostro, queda desdibujado cuando va a realizar el sacrificio; su personita ya no importa porque va a obrar “in persona Christi”. El fiel no se distrae con sus gestos y sus defectos; con sus torpezas y lindezas…

Como sabemos el motivo de dicha postura no es el que sacerdote busque estar así, sino que es consecuencia de la orientación para la oración. Esta ley de rezar mirando a Oriente es de los tiempos apostólicos. No solo se da en el marco de la liturgia, sino también en la oración privada: los fieles pintaban una cruz en el muro oriental y rezaban mirando hacia allí.
La arquitectura sagrada entonces reflejará esa idea construyendo el ábside en el oriente. Es una ley inmutable desde la antigüedad y durante siglos. Emile Mâle dice que entre los s.XI y XVI no hay casi excepciones.
Uds. Conocerán el famoso libro de Gamber. Pero otros han escrito antes sobre el tema, como, p.ej, Jean Fournée: “La Misa cara a Dios” y el mismo Jungmann habla sobre ello su famosa obra la Misa
El Papa es un firme defensor de la orientación “No se trata aquí de lago accidental sino de algo esencial” (p.103)
“Hay algo que siempre estuvo claro en toda la Cristiandad hasta bien entrado el segundo milenio: la orientación de la oración hacia el oriente es una tradición que se remonta a los orígenes y es la expresión fundamental de la síntesis cristiana de cosmos e historia, del arraigo en la unicidad de la historia de la salvación, de salir al encuentro del Señor que viene. En ella se expresa, tanto la fidelidad a lo que hemos recibido, como la dinámica de lo que hay que hacer” (p.97)

Les dejo a uds. el trabajo de leer los libros citados
Solamente recuerdo brevemente qué significa mirar a oriente:
- Sol como símbolo de Cristo, sol de Justicia y del mismo Dios. El sol es la conditio sine qua non de la vida en la tierra. Es luz…calor…
- En Oriente está el Paraíso. Hacia él camina la Iglesia. El sacerdote va al frente como nuevo Moisés.
- Por Oriente vendrá Cristo en la Parusía. Y allí se verá la “señal del Hijo del Hombre”. Por eso en lo alto del ábside se pintaba la cruz gloriosa…

2.2. Las vestiduras sagradas. Jamás se verá a un celebrante sin su casulla…

2.3. El carácter hierático de los gestos del celebrante y los ministros. El celebrante no improvisa la acción, porque la acción lo trasciende infinitambente; su persona se desdibuja para que se vea claramente que, en definitiva, es Cristo quien celebra.

Dice el Papa: “La litugia no es un show, no es un espectáculo que necesite directores geniales y actores de talento. La liturgia no vive de sorpresas simpáticas, de ocurrencias cautivadoras, sino de repeticiones solemnes. No debe expresar la actualidad, el momento efímero, sino el misterio de lo sagrado”. Consecuencia de esta concepción: “Muchos han pensado y dicho que la liturgia debe ser hecha por toda la comunidad para que sea verdaderamente suya. Es ésta una visión que ha llevado a medir el resultado de la liturgia en términos de eficacia espectacular, de entretenimiento. De este modo se ha diluido lo propio de la liturgia: no proviene de lo que nosotros hacemos, sino del hecho de que aquí acontece Algo que todos nosotros juntos somos incapaces de hacer” (Informe sobre la fe, p.139)

2.4. El orden, la jerarquía y la armonía de los diversos movimientos prescriptos en las rúbricas. El papel que le cabe al sacerdote, diácono, subdiácono…

2.5. La lengua sagrada. El hecho de que se emplee una lengua que es la hablada en la vida cotidiana, permite comprender que allí está ocurriendo algo que no es de este mundo (ver más abajo)

2.6. El canto y la música sagrados (ver más abajo)


2.7. El SILENCIO = MISTERIO

Sobre todo en el Canon
“Con disgusto de muchos liturgistas, en 1978 sostuve que no se ha dicho (en absoluto), que el Canon haya que recitarlo en voz alta. Después de haber reflexionado, quiero volver a repetirlo una vez más con insistencia, con la esperanza de que, después de veinte años esta tesis encuentre un poco más de comprensión…
…Pero, por lo que yo puedo ver, continúan negando la posibilidad de que también el silencio y precisamente el silencio, pueda contribuir a crear comunión ante Dios”

Y el Papa (entonces Cardenal) refutaba la falsa dicotomía: participación activa / silencio.
“Este concepto nobilísimo (el de la participación activa) ha sufrido una restricción fatal en las interpretaciones postconciliares. Se ha llegado a creer que sólo se daba ‘participación activa’ allí donde tenía lugar una actividad exterior, verificable: discursos, palabras, cánticos, homilías, lecturas, estrechamiento de manos…Pero se ha olvidado que el Concilio, por actuosa participatio, entiende también el silencio, que permite una participación verdaderamente profunda y personal, abriéndonos a la escucha interior de la Palabra del Señor” (Informe sobre la fe, p.140)


2.8. DE RODILLAS (Y GENUFLEXIÓN) = ADORACIÓN

“Existen ámbitos, no poco influyentes, que intentan convecernos de que no hay necesidad de arrodillarse” (p.209)

“Puede ser que la cultura moderna no comprenda el gesto de arrodillarse, en la medida en que es una cultura que se ha alejado de la fe, y no conoce ya a Aquel ante el cual es el gesto adecuado, es más, interiormente necesario. Quien aprende a creer, aprende también a arrodillarse. Una fe o una liturgia que no conociese el acto de arrodillarse estaría enferma en un punto central. Allí donde ese gesto se haya perdido, hay que volver a aprenderlo, para permanecer con nuestra oración en comunión con los apóstoles y mártires, en comunión con todo el cosmos y en unidad con Jesucristo mismo” (p.219)

San Pablo nos dice que al nombre de Jesús toda rodilla se dobla (debe doblarse), hasta en los Infiernos (Fil.2, 6-11)


3. EL RITO Y EL DOGMA EUCARÍSTICO

3.1. LA MISA ES UN SACRIFICIO
Y sacrificio propiciatorio
* Se ve claramente ya en el Ofertorio…
* La presencia de la cruz sobre el altar y la obligación del sacerdote de mirar hacia ella en varias ocasiones recuerda esta unión entre el altar y la cruz
* También las bendiciones que se repiten abundantemente a lo largo del rito, aun después de la consagración
* El detalle tipográfico de los misales, al comenzar el Canon: “Te igitur…” se estila dibujar una Tau en forma de cruz
* La obligación de colocar reliquias de mártires en el altar…

NOTA sobre el “Pro multis” (polloi)
Dice el Catecismo Romano: “Cuando dijo pro vobis, dio a entender a los que estaban presentes o a los escogidos del pueblo judío, cuáles eran sus discípulos, excepto Judas, con los cuales estaba hablando. Y cuando añadió pro multis quiso se entendieran los demás elegidos de entre los judíos o los gentiles. Perfectamente, pues, obró no diciendo pro omnibus (por todos), ya que entonces sólo hablaba de los frutos de la Pasión, la cual sólo para los escogidos produce frutos de salvación” (II, cap.IV, n.24)

Frente a un texto tan claro, el cambio de las palabras de la consagración que tuvo lugar en su momento, no puede ser fruto más que de una malsana teología…

Diversos ritos orientales dicen también “por muchos” y no “por todos. Ej: el rito greco-bizantino, el copto, el maronita, el armenio, el siríaco.

3.2. CRISTO ESTÁ REALMENTE PRESENTE EN LA HOSTIA

* Tres manteles: por respecto a la sangre de Cristo. Si se derrama será absorbida por ellos y luego se los purificará debidamente.
El mantel se hace de lino en memoria de la Sábana Santa que envolvió el sacratísmo Cuerpo de N.S.
* Genuflexión inmediatamente después de consagrar
* Los dedos permanecen unidos después de haber consagrado
* El comulgar de rodillas
* El uso de la patena
* La forma de hacer las purificaciones – recoger partículas del corporal



3.3. EL CELEBRANTE ES EL PRESBÍTERO

* Misa “en privado”, solo: no hay problema (en principio tiene que haber un acólito que representa a toda la comunidad eclesial)
* Ya hablamos de las vestiduras y posturas del sacerdote
* Los gestos propios de él
* Canon en silencio. El sacerdote ha ingresado al Sancta Sanctorum



4. MÚSICA SACRA

“La música sacra es en sí misma liturgia, no simple accesorio”. Es decir, lo normal sería la Misa cantada.
La Schola tiene una función ministerial (no es para dilettantes…)

La música tiene que tener las mismas características de la liturgia católica: sacralidad, orden, belleza, universalidad
Son, en efecto, las cualidades que San Pío X señala en toda música sagrada:
- santidad: no profana
- bondad de formas: belleza
- universalidad: catolicidad

Se dan sobre todo en el canto gregoriano, modelo de todo canto sagrado

Hablando de la Misa de difuntos Gounod dijo que ningún músico puede componer algo más bello
Y Mozart ofrecía toda su gloria a cambio de la autoría del Prefacio de nuestra Misa gregoriana.

Benedicto nos dice que la verdadera liturgia es el medio por antonomasia de hacer apologética, porque la Verdad se reviste de Belleza sobrenatural
“La única apología verdadera del cristianismo puede reducirse a dos argumentos: los santos que la Iglesia ha elevado a los altares y el arte que ha surgido de su seno. El Señor se hace creíble por la grandeza sublime de la santidad y por la magnificencia del arte desplegadas en le interior de la comunidad creyente, más que por los astutos subterfugios que la apologética ha elaborado…”
Ej: la conversión de los bárbaros (San Agustín entre los ingleses; San Bonifacio; Carlomagno…)

Todo muy lindo…Pero no se puede pretender que el común de los cristianos pueda estar preparado para comprender dicha música.
Respuesta: “Lo que en realidad han hecho muchos liturgistas es dejar a un lado este tesoro, declarándolo accesible a pocos y abandonarlo en nombre de la comprensibilidad para todos y en todo momento de la liturgia postconciliar”
Ahora bien, esa incapacidad de nuestros contemporáneos ¿es algo inevitable o está vinculada a una decadencia cultural y espiritual? El Papa dice que se puede dar sobre todo en los jóvenes “cuya sensibilidad acústica se ha atrofiado a partir de los años sesenta por la influencia de la música rock y de otros productos afines”
Nosotros queremos decir que esta imposibilidad de llegar al común de los fieles es ficticia.
“La experiencia ha demostrado que el atenerse únicamente a la categoría de lo comprensible para todos no ha conseguido que la liturgia fuera verdaderamente más comprensible, más abierta, sino más pobre. La liturgia simple no significa liturgia mísera o barata; hay una simplicidad que viene de lo vulgar y otra que proviene de la riqueza espiritual, cultural e histórica”


5. LA LENGUA SAGRADA

Nuestro marco de referencia será la Constitución Apostólica “Veterum Sapientia”, del Papa Juan XXIII.
En dicho documento se hallan los argumentos fundamentales acerca de la cuestión que estamos tratando.
Y creemos que pueden reducirse a tres:
1. El latín fue la lengua hablada por el Imperio que Dios preparó para la venida de su Hijo.
2. La lengua forjada por los creadores de ese Imperio es una lengua digna de la Iglesia.
3. Es una lengua connatural a la Iglesia.

Por eso desarrollaremos a continuación tres items:
A)- La lengua del Imperio
B)- Cualidades del latín
C)- El latín, lengua católica


A)- LA LENGUA DEL IMPERIO

1. El Papa comienza estableciendo un postulado de teología de la historia: el Imperio romano fue querido por Dios como lugar y momento histórico para la Encarnación del Verbo. Es la “plenitud de los tiempos” de la que habla san Pablo, y los Padres de la Iglesia. Así por ej. San León Magno: “En efecto, convenía sobremanera a la obra dispuesta por la mano divina que muchos reinos fueran unidos en federación en un solo Imperio, de modo que la predicación universal pudiera así extenderse a los pueblos regidos por un solo gobierno”.

Conforme a ello, dice Juan XXIII que el latín “fue el aureo ropaje de la sabiduría misma”, que la iglesia acogió con veneración; “no sin especial providencia de Dios…, llegó a ser la lengua propia de la Sede Apostólica”; y luego “admirable instrumento para la propagación del cristianismo en Occidente”.


B)- CUALIDADES DEL LATÍN

1. El latín es una lengua que encierra ciertas nobles cualidades que la hacen digna de ser empleada por la Iglesia de Cristo.
Juan XXIII la llama “tesoro de valor incomparable”, y dice “tiene una conformación propia, noble y característica; un estilo conciso, variado, armonioso, lleno de majestad y de dignidad, que conviene de modo singular a la claridad y a la gravedad”.

C)- EL LATÍN, LENGUA CATÓLICA

1- Lengua UNIVERSAL

1. “Católico” quiere decir justamente universal. El Papa explica cómo siendo jefe de todas las iglesias del mundo, debe disponer de una lengua que le permita comunicarse con todas las regiones de su reino. Evidentemente no puede utilizar una lengua romance, con preferencia a las otras, porque es Padre común, no de un solo pueblo; y porque se necesita una lengua precisa, que sea punto de referencia para el conocimiento de los documentos emanados de la Santa Sede, sin posibilidad de desvirtuar el sentido de los textos.

Además esta lengua común permite que el culto sea el mismo en Europa que en América; en Asia que en Africa. En la época en que vivimos, en que tanta gente viaja, se hace evidente la ventaja inmensa que reporta a los fieles el que la Santa Misa se diga en la misma lengua en cualquier parte del mundo. Hoy en día un fiel que desconoce el idioma del país que visita no puede seguir la Misa (aun cuando hubiere unidad de rito en la Iglesia actual). En cambio, un fiel con su misal puede seguir fácilmente cada oración de la Misa, al tener frente a su vista el texto en la lengua de todos los pueblos (“católica”) y la de su propio pueblo.

2- Lengua INMUTABLE

1. “No tan sólo universal sino también immutable debe ser la lengua usada por la Iglesia. Porque si las verdades de la Iglesia Católica fueran encomendadas a algunas o a muchas de las mudables lenguas modernas…, acontecería que, varias como son, no a muchas sería manifiesto con suficiente precisión y claridad el sentido de tales verdades, y por otra parte, no habría ninguna lengua que sirviera de norma común y constante, sobre la cual tener que regular el exacto sentido de las demás lenguas. Pues bien, la lengua latina, ya desde hace siglos sustraída a las variaciones de significado que el uso cotidiano suele introducir en los vocablos, debe considerarse fija e invariable, ya que los nuevos significados de algunas palabras latinas, exigidos por el desarrollo, por la explicación y defensa de las verdades cristianas, han sido desde hace tiempo determinados en forma estable.” Y por eso el latín “es una puerta que pone en contacto directo con las verdades cristianas transmitidas por la tradición y con los documentos de la enseñanza de la Iglesia”, y “un vínculo eficacísimo que une en admirable e inalterable continuidad a la Iglesia de hoy con la de ayer y mañana”. (Veterum Sapientia)

2. Esta inmutabilidad del latín, es entonces un “antídoto eficaz contra toda corrupción de la pura doctrina” (Pío XII). Ello se hace evidente en esta época post-conciliar, en que se han empleado y se emplean traducciones inverosílimes en liturgia y Sagrada Escritura. Cuando no se trata de textos forjados por la mente febril de cualquier mercachifle de religión. Lo de “Traductor, traidor”, se aplica de una manera eminente cuando se trata de un lenguaje que busca expresar las realidades más sublimes.


3- Lengua NO POPULAR

1. Es decir, que la Iglesia no puede utilizar , especialmente en su culto, el lenguaje del “hombre de la calle”. Porque la Iglesia habla a Dios, y habla de Dios.
“En todas partes –dice la gran filóloga holandesa Christine Mohrmann- donde el hombre toca a las cosas divinas, su lenguaje se aleja del lenguaje corriente; su lenguaje es santificado, por decirlo de alguna manera, por el contacto con lo divino. Ahora bien, la concepción de que existe una lengua sagrada, una lengua divina, se encuentra en muchos pueblos”. Y luego de dar algunos ejemplos hace


CONCLUSIÓN

La mejor manera de comprender las riquezas y beneficios espirituales que encierra este rito venerable, es hacer la experiencia de celebrarlo durante un tiempo.
Veremos como nos ayuda a comprender las palabras de San Agustín:
“Yo me animo a decir que Dios, aun siendo omnipotente, más no pudo dar; siendo sapientísimo, no supo dar más; y siendo riquísimo, no tuvo más que dar” (Tract.84 in Joan.)


APÉNDICE

Declaraciones de Mons. Malcolm Ranjith,
Secretario de la Congregación del Culto Divino:
"Fe, obediencia y teología"

"El Motu Proprio Summorum Pontificum sobre la Liturgia Latina del 7 de julio del 2007 es fruto de una profunda reflexión de nuestro Papa sobre la misión de la Iglesia. No nos toca a nosotros, los que usamos la púrpura eclesiástica, cuestionar esto, desobedecer y anular el motu propio con nuestras pequeñas "reglitas". Ni siquiera si fueron hechas por Conferencias Episcopales. Ni siquiera los obispos tienen ese derecho. Lo que el Santo Padre dice debe ser obedecido en la Iglesia. Si no seguimos ese principio, estaremos permitiendo que nada más ni nada menos que el Demonio nos utilice como sus instrumentos. Esto conduciría a discordia en la Iglesia y entorpecería su misión. No tenemos tiempo que perder. De lo contrario estaríamos comportándonos como el emperador Nerón, tocando el violín mientras Roma arde. Las iglesias se están vaciando, no hay vocaciones, los seminarios están vacíos. Los sacerdotes envejecen y los curas jóvenes, escasean."

Subrayados nuestros.
Traducción de El Sacristan Serrano Blog
Fuente: Artículo reproducido por WDTPRS Blog

A kind reader sent me this fascinating excerpt from a talk given by His Excellency Most Rev. Malcolm Ranjith, Secretary of the Congregation for Divine Worship and Discipline of the Sacraments.

The talk was entitled “Faith, Obedience and Theology” and was delivered at the annual meeting of the Dutch Latin Liturgy Association (Vereniging voor Latijnse Liturgie) in ’s-Hertogenbosch (The Netherlands) on 6 October 2007. He gave the talk in English, but the person who sent it to me translated it from Dutch. So, it probably varies a little from the original English, which perhaps someone out there can dig up for us.


Cardenal Ratzinger: los devotos de la misa de San Pío V, tratados como leprosos.

"También es importante para la correcta concienciación en asuntos litúrgicos que concluya de una vez la proscripción de la liturgia válida hasta 1970. Quien hoy aboga por la perduración de esa liturgia o participa en ella es tratado como un leproso; aquí termina la tolerancia. A lo largo de la historia nunca ha habido nada igual, esto implica proscribir también todo el pasado de la Iglesia. Y de ser así, ¿cómo confiar en su presente? Francamente, yo tampoco entiendo por qué muchos de mis hermanos obispos se someten a esta exigencia de intolerancia que, sin ningún motivo razonable, se opone a la necesaria reconciliación interna de la Iglesia".

(Joseph Ratzinger, "Dios y el mundo", editorial Sudamericana, mayo 2005, págs. 393-394. La traducción al francés dice "leprosos" en lugar de "apestados" - "Voici quel est notre Dieu", pág. 291. Publication: 3/5/2005. Editeur : Plon
Publication :3/5/2005. Paris. ISBN : 2259202985 324 pages).

martes, 1 de marzo de 2011

RÚBRICAS-MISA SOLEMNE

RÚBRICAS-MISA REZADA

MOTU PROPRIO SUMMORUM PONTIFICUM



Traducción no oficial al español distribuida por el VIS (Vatican Information Service). Si desea ver el original en latín, haga clic aquí para ir a la página del Vaticano.


CARTA APOSTÓLICA DEL SANTO PADRE
BENEDICTO XVI
EN FORMA DE “MOTU PROPRIO”
SUMMORUM PONTIFICUM

Los sumos pontífices hasta nuestros días se preocuparon constantemente porque la Iglesia de Cristo ofreciese a la Divina Majestad un culto digno de «alabanza y gloria de Su nombre» y «del bien de toda su Santa Iglesia».
Desde tiempo inmemorable, como también para el futuro, es necesario mantener el principio según el cual, «cada Iglesia particular debe concordar con la Iglesia universal, no solo en cuanto a la doctrina de la fe y a los signos sacramentales, sino también respecto a los usos universalmente aceptados de la ininterrumpida tradición apostólica, que deben observarse no solo para evitar errores, sino también para transmitir la integridad de la fe, para que la ley de la oración de la Iglesia corresponda a su ley de fe».[1]
Entre los pontífices que tuvieron esa preocupación resalta el nombre de San Gregorio Magno, que hizo todo lo posible para que a los nuevos pueblos de Europa se transmitiera tanto la fe católica como los tesoros del culto y de la cultura acumulados por los romanos en los siglos precedentes. Ordenó que fuera definida y conservada la forma de la sagrada Liturgia, relativa tanto al Sacrificio de la Misa como al Oficio Divino, en el modo en que se celebraba en la Urbe. Promovió con la máxima atención la difusión de los monjes y monjas que, actuando según la regla de San Benito, siempre junto al anuncio del Evangelio ejemplificaron con su vida la saludable máxima de la Regla: «Nada se anticipe a la obra de Dios» (cap. 43). De esa forma la Sagrada Liturgia, celebrada según el uso romano, enriqueció no solamente la fe y la piedad, sino también la cultura de muchas poblaciones. Consta efectivamente que la liturgia latina de la Iglesia en sus varias formas, en todos los siglos de la era cristiana, ha impulsado en la vida espiritual a numerosos santos y ha reforzado a tantos pueblos en la virtud de la religión y ha fecundado su piedad.
Muchos otros pontífices romanos, en el transcurso de los siglos, mostraron particular solicitud porque la sacra Liturgia manifestase de la forma más eficaz esta tarea: entre ellos destaca San Pío V, que sostenido de gran celo pastoral, tras la exhortación de Concilio de Trento, renovó todo el culto de la Iglesia, revisó la edición de los libros litúrgicos enmendados y «renovados según la norma de los Padres» y los dio en uso a la Iglesia Latina.
Entre los libros litúrgicos del Rito romano resalta el Misal Romano, que se desarrolló en la ciudad de Roma, y que, poco a poco, con el transcurso de los siglos, tomó formas que tienen gran semejanza con las vigentes en tiempos más recientes.
«Fue éste el objetivo que persiguieron los Pontífices Romanos en el curso de los siguientes siglos, asegurando la actualización o definiendo los ritos y libros litúrgicos, y después, al inicio de este siglo, emprendiendo una reforma general».[2] Así actuaron nuestros predecesores Clemente VIII, Urbano VIII, san Pío X,[3] Benedicto XV, Pío XII y el beato Juan XXIII.
En tiempos recientes, el Concilio Vaticano II expresó el deseo de que la debida y respetuosa reverencia respecto al culto divino, se renovase de nuevo y se adaptase a las necesidades de nuestra época. Movido de este deseo, nuestro predecesor, el Sumo Pontífice Pablo VI, aprobó en 1970 para la Iglesia latina los libros litúrgicos reformados, y en parte, renovados. Éstos, traducidos a las diversas lenguas del mundo, fueron acogidos de buen grado por los obispos, sacerdotes y fieles. Juan Pablo II revisó la tercera edición típica del Misal Romano. Así los Pontífices Romanos han actuado «para que esta especie de edificio litúrgico (…) apareciese nuevamente esplendoroso por dignidad y armonía».[4]
En algunas regiones, sin embargo, no pocos fieles adhirieron y siguen adhiriendo con mucho amor y afecto a las anteriores formas litúrgicas, que habían embebido tan profundamente su cultura y su espíritu, que el Sumo Pontífice Juan Pablo II, movido por la preocupación pastoral respecto a estos fieles, en el año 1984, con el indulto especial Quattuor abhinc annos, emitido por la Congregación para el Culto Divino, concedió la facultad de usar el Misal Romano editado por el beato Juan XXIII en el año 1962; más tarde, en el año 1988, con la Carta Apostólica Ecclesia Dei, dada en forma de Motu proprio, Juan Pablo II exhortó a los obispos a utilizar amplia y generosamente esta facultad a favor de todos los fieles que lo solicitasen.
Después de la consideración por parte de nuestro predecesor Juan Pablo II de las insistentes peticiones de estos fieles, después de haber escuchado a los Padres Cardenales en el consistorio del 22 de marzo de 2006, tras haber reflexionado profundamente sobre cada uno de los aspectos de la cuestión, invocado al Espíritu Santo y contando con la ayuda de Dios, con las presentes Cartas Apostólicas ESTABLECEMOS lo siguiente:

Art. 1.— El Misal Romano promulgado por Pablo VI es la expresión ordinaria de la Lex orandi (Ley de la oración), de la Iglesia católica de rito latino. No obstante el Misal Romano promulgado por San Pío V y nuevamente por el beato Juan XXIII debe considerarse como expresión extraordinaria de la misma Lex orandi y gozar del respeto debido por su uso venerable y antiguo. Estas dos expresiones de la Lex orandi de la Iglesia no llevarán de forma alguna a una división de la Lex credendi (Ley de la fe) de la Iglesia; son, de hecho, dos usos del único rito romano.
Por eso es lícito celebrar el Sacrificio de la Misa según la edición típica del Misal Romano promulgado por el beato Juan XXIII en 1962, que no se ha abrogado nunca, como forma extraordinaria de la Liturgia de la Iglesia. Las condiciones para el uso de este misal establecidas en los documentos anteriores Quattuor abhinc annosy Ecclesia Dei, se sustituirán como se establece a continuación:

Art. 2.— En las Misas celebradas sin el pueblo, todo sacerdote católico de rito latino, tanto secular como religioso, puede utilizar sea el Misal Romano editado por el beato Papa Juan XXIII en 1962 que el Misal Romano promulgado por el Papa Pablo VI en 1970, en cualquier día, exceptuado el Triduo Sacro. Para dicha celebración siguiendo uno u otro misal, el sacerdote no necesita ningún permiso, ni de la Sede Apostólica ni de su Ordinario.

Art. 3.— Las comunidades de los institutos de vida consagrada y de las Sociedades de vida apostólica, de derecho tanto pontificio como diocesano, que deseen celebrar la Santa Misa según la edición del Misal Romano promulgado en 1962 en la celebración conventual o comunitaria en sus oratorios propios, pueden hacerlo. Si una sola comunidad o un entero Instituto o Sociedad quiere llevar a cabo dichas celebraciones a menudo o habitualmente o permanentemente, la decisión compete a los Superiores mayores según las normas del derecho y según las reglas y los estatutos particulares.

Art 4.— A la celebración de la Santa Misa, a la que se refiere el artículo 2, también pueden ser admitidos -observadas las normas del derecho- los fieles que lo pidan voluntariamente.

Art. 5.— § 1. En las parroquias, donde hubiere continuamente un grupo de fieles adherentes a la precedente tradición litúrgica, el párroco acogerá de buen grado su petición de celebrar la Santa Misa según el rito del Misal Romano editado en 1962. Debe procurar que el bien de estos fieles se armonice con la atención pastoral ordinaria de la parroquia, bajo la guía del obispo como establece el can. 392 evitando la discordia y favoreciendo la unidad de toda la Iglesia.
§ 2. La celebración según el Misal del beato Juan XXIII puede tener lugar en día ferial; los domingos y las festividades puede haber también una celebración de ese tipo.
§ 3. El párroco permita también a los fieles y sacerdotes que lo soliciten la celebración en esta forma extraordinaria en circunstancias particulares, como matrimonios, exequias o celebraciones ocasionales, como por ejemplo las peregrinaciones.
§ 4. Los sacerdotes que utilicen el Misal del beato Juan XXIII deben ser idóneos y no tener ningún impedimento jurídico.
§ 5. En las iglesias que no son parroquiales ni conventuales, es competencia del Rector conceder la licencia más arriba citada.

Art. 6.— En las misas celebradas con el pueblo según el Misal del Beato Juan XXIII, las lecturas pueden ser proclamadas también en la lengua vernácula, usando ediciones reconocidas por la Sede Apostólica.

Art. 7.— Si un grupo de fieles laicos, como los citados en el art. 5, §1, no ha obtenido satisfacción a sus peticiones por parte del párroco, informe al obispo diocesano. Se invita vivamente al obispo a satisfacer su deseo. Si no puede proveer a esta celebración, el asunto se remita a la Pontificia Comisión Ecclesia Dei.

Art. 8.— El obispo, que desea responder a estas peticiones de los fieles laicos, pero que por diferentes causas no puede hacerlo, puede indicarlo a la Comisión Ecclesia Dei para que le aconseje y le ayude.

Art. 9.— §1. El párroco, tras haber considerado todo atentamente, puede conceder la licencia para usar el ritual precedente en la administración de los sacramentos del Bautismo, del Matrimonio, de la Penitencia y de la Unción de Enfermos, si lo requiere el bien de las almas.
§ 2. A los ordinarios se concede la facultad de celebrar el sacramento de la Confirmación usando el precedente Pontifical Romano, siempre que lo requiera el bien de las almas.
§ 3. A los clérigos constituidos in sacris es lícito usar el Breviario Romano promulgado por el Beato Juan XXIII en 1962.

Art. 10.— El ordinario del lugar, si lo considera oportuno, puede erigir una parroquia personal según la norma del canon 518 para las celebraciones con la forma antigua del rito romano, o nombrar un capellán, observadas las normas del derecho.

Art. 11.— La Pontificia Comisión Ecclesia Dei, erigida por Juan Pablo II en 1988, sigue ejercitando su misión. Esta Comisión debe tener la forma, y cumplir las tareas y las normas que el Romano Pontífice quiera atribuirle.

Art. 12.— La misma Comisión, además de las facultades de las que ya goza, ejercitará la autoridad de la Santa Sede vigilando sobre la observancia y aplicación de estas disposiciones.
Todo cuanto hemos establecido con estas Cartas Apostólicas en forma de Motu Proprio, ordenamos que se considere establecido y decretado y que se observe desde el 14 de septiembre de este año, fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz, pese a lo que pueda haber en contrario.

Dado en Roma, en San Pedro, el 7 de julio de 2007, tercer año de mi Pontificado.
Benedicto PP. XVI

NOTAS
[1] Instrucción general del Misal Romano 3ª ed. 2002, n.937
[2] JUAN PABLO II, Carta apostólica Vicesimus quintus annus, 4 de dicembre de 1988, 3: AAS 81 (1989), 899
[3] Ibid. JUAN PABLO II, Carta apostólica Vicesimus quintus annus, 4 de dicembre de 1988, 3: AAS 81 (1989), 899
[4] S. PIO X, Carta apostólica Motu propio data, Abhinc duos annos, 23 de octubre de 1913: AAS 5 (1913), 449-450; cfr JUAN PABLO II, Carta apostólica Vicesimus quintus annus, n. 3: AAS 81 (1989), 899
[5] Cfr JUAN PABLO II, Carta apostólica Motu proprio data Ecclesia Dei, 2 de julio de 1988, 6: AAS 80 (1988), 1498






Esta es la versión oficial al español del Vaticano. Haga clic aquí para ir al sitio de la Santa Sede.

CARTA DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI A LOS OBISPOS QUE ACOMPAÑA LA CARTA APOSTÓLICA MOTU PROPRIO DATA
SUMMORUM PONTIFICUM
SOBRE EL USO DE LA LITURGIA ROMANA
ANTERIOR A LA REFORMA EFECTUADA EN 1970

Queridos Hermanos en el Episcopado:
Con gran confianza y esperanza pongo en vuestras manos de Pastores el texto de una nueva Carta Apostólica Motu Proprio data sobre el uso de la liturgia romana anterior a la reforma efectuada en 1970. El documento es fruto de largas reflexiones, múltiples consultas y de oración.
Noticias y juicios hechos sin información suficiente han creado no poca confusión. Se han dado reacciones muy divergentes, que van desde una aceptación con alegría a una oposición dura, a un proyecto cuyo contenido en realidad no se conocía.
A este documento se contraponían más directamente dos temores, que quisiera afrontar un poco más de cerca en esta carta.

En primer lugar existe el temor de que se menoscabe la Autoridad del Concilio Vaticano II y de que una de sus decisiones esenciales —la reforma litúrgica— se ponga en duda. Este temor es infundado. Al respecto, es necesario afirmar en primer lugar que el Misal, publicado por Pablo VI y reeditado después en dos ediciones sucesivas por Juan Pablo II, obviamente es y permanece la Forma normal —la Forma ordinaria— de la Liturgia Eucarística. La última redacción del Missale Romanum, anterior al Concilio, que fue publicada con la autoridad del Papa Juan XXIII en 1962 y utilizada durante el Concilio, podrá, en cambio, ser utilizada como Forma extraordinaria de la Celebración litúrgica. Non es apropiado hablar de estas dos redacciones del Misal Romano como si fueran «dos Ritos». Se trata, más bien, de un doble uso del mismo y único Rito.
Por lo que se refiere al uso del Misal de 1962, como Forma extraordinaria de la Liturgia de la Misa, quisiera llamar la atención sobre el hecho de que este Misal no ha sido nunca jurídicamente abrogado y, por consiguiente, en principio, ha quedado siempre permitido. En el momento de la introducción del nuevo Misal, no pareció necesario emitir normas propias para el posible uso del Misal anterior. Probablemente se supuso que se trataría de pocos casos singulares que podrían resolverse, caso por caso, en cada lugar. Después, en cambio, se demostró pronto que no pocos permanecían fuertemente ligados a este uso del Rito romano que, desde la infancia, se les había hecho familiar. Esto sucedió, sobre todo, en los Países en los que el movimiento litúrgico había dado a muchas personas una notable formación litúrgica y una profunda e íntima familiaridad con la Forma anterior de la Celebración litúrgica. Todos sabemos que, en el movimiento guiado por el Arzobispo Lefebvre, la fidelidad al Misal antiguo llegó a ser un signo distintivo externo; pero las razones de la ruptura que de aquí nacía se encontraban más en profundidad. Muchas personas que aceptaban claramente el carácter vinculante del Concilio Vaticano II y que eran fieles al Papa y a los Obispos, deseaban no obstante reencontrar la forma, querida para ellos, de la sagrada Liturgia. Esto sucedió sobre todo porque en muchos lugares no se celebraba de una manera fiel a las prescripciones del nuevo Misal, sino que éste llegó a entenderse como una autorización e incluso como una obligación a la creatividad, lo cual llevó a menudo a deformaciones de la Liturgia al límite de lo soportable. Hablo por experiencia porque he vivido también yo aquel periodo con todas sus expectativas y confusiones. Y he visto hasta qué punto han sido profundamente heridas por las deformaciones arbitrarias de la Liturgia personas que estaban totalmente radicadas en la fe de la Iglesia.
El Papa Juan Pablo II se vio por tanto obligado a ofrecer con el Motu Proprio Ecclesia Dei del 2 de julio de 1988, un cuadro normativo para el uso del Misal de 1962, pero que no contenía prescripciones detalladas sino que apelaba, en modo más general, a la generosidad de los Obispos respecto a las «justas aspiraciones» de aquellos fieles que pedían este uso del Rito romano. En aquel momento el Papa quería ayudar de este modo sobre todo a la Fraternidad San Pío X a reencontrar la plena unidad con el Sucesor de Pedro, intentando curar una herida que era sentida cada vez con más dolor. Por desgracia esta reconciliación hasta ahora no se ha logrado; sin embargo una serie de comunidades han utilizado con gratitud las posibilidades de este Motu Proprio. Permanece difícil, en cambio, la cuestión del uso del Misal de 1962 fuera de estos grupos, para los cuales faltaban normas jurídicas precisas, sobre todo porque a menudo los Obispos en estos casos temían que la autoridad del Concilio fuera puesta en duda. Enseguida después del Concilio Vaticano II se podía suponer que la petición del uso del Misal de 1962 se limitaría a la generación más anciana que había crecido con él, pero desde entonces se ha visto claramente que también personas jóvenes descubren esta forma litúrgica, se sienten atraídos por ella y encuentran en la misma una forma, particularmente adecuada para ellos, de encuentro con el Misterio de la Santísima Eucaristía. Así ha surgido la necesidad de un reglamento jurídico más claro que, en tiempos del Motu Proprio de 1988 no era previsible; estas Normas pretenden también liberar a los Obispos de tener que valorar siempre de nuevo cómo responder a las diversas situaciones.

En segundo lugar, en las discusiones sobre el esperado Motu Proprio, se expresó el temor de que una más amplia posibilidad de uso del Misal de 1962 podría llevar a desórdenes e incluso a divisiones en las comunidades parroquiales. Tampoco este temor me parece realmente fundado. El uso del Misal antiguo presupone un cierto nivel de formación litúrgica y un acceso a la lengua latina; tanto uno como otro no se encuentran tan a menudo. Ya con estos presupuestos concretos se ve claramente que el nuevo Misal permanecerá, ciertamente, la Forma ordinaria del Rito Romano, no sólo por la normativa jurídica sino por la situación real en que se encuentran las comunidades de fieles.
Es verdad que no faltan exageraciones y algunas veces aspectos sociales indebidamente vinculados a la actitud de los fieles que siguen la antigua tradición litúrgica latina. Vuestra caridad y prudencia pastoral serán estímulo y guía para un perfeccionamiento. Por lo demás, las dos Formas del uso del Rito romano pueden enriquecerse mutuamente: en el Misal antiguo se podrán y deberán inserir nuevos santos y algunos de los nuevos prefacios. La Comisión Ecclesia Dei, en contacto con los diversos entes locales dedicados al usus antiquior, estudiará las posibilidades prácticas. En la celebración de la Misa según el Misal de Pablo VI se podrá manifestar, en un modo más intenso de cuanto se ha hecho a menudo hasta ahora, aquella sacralidad que atrae a muchos hacia el uso antiguo. La garantía más segura para que el Misal de Pablo VI pueda unir a las comunidades parroquiales y sea amado por ellas consiste en celebrar con gran reverencia de acuerdo con las prescripciones; esto hace visible la riqueza espiritual y la profundidad teológica de este Misal.
De este modo he llegado a la razón positiva que me ha motivado a poner al día mediante este Motu Proprio el de 1988. Se trata de llegar a una reconciliación interna en el seno de la Iglesia. Mirando al pasado, a las divisiones que a lo largo de los siglos han desgarrado el Cuerpo de Cristo, se tiene continuamente la impresión de que en momentos críticos en los que la división estaba naciendo, no se ha hecho lo suficiente por parte de los responsables de la Iglesia para conservar o conquistar la reconciliación y la unidad; se tiene la impresión de que las omisiones de la Iglesia han tenido su parte de culpa en el hecho de que estas divisiones hayan podido consolidarse. Esta mirada al pasado nos impone hoy una obligación: hacer todos los esfuerzos para que a todos aquellos que tienen verdaderamente el deseo de la unidad se les haga posible permanecer en esta unidad o reencontrarla de nuevo. Me viene a la mente una frase de la segunda carta a los Corintios donde Pablo escribe: «Corintios, os hemos hablado con toda franqueza; nuestro corazón se ha abierto de par en par. No está cerrado nuestro corazón para vosotros; los vuestros sí que lo están para nosotros. Correspondednos; … abríos también vosotros» (2 Cor 6,11-13). Pablo lo dice ciertamente en otro contexto, pero su invitación puede y debe tocarnos a nosotros, justamente en este tema. Abramos generosamente nuestro corazón y dejemos entrar todo a lo que la fe misma ofrece espacio.
No hay ninguna contradicción entre una y otra edición del Missale Romanum. En la historia de la Liturgia hay crecimiento y progreso pero ninguna ruptura. Lo que para las generaciones anteriores era sagrado, también para nosotros permanece sagrado y grande y no puede ser improvisamente totalmente prohibido o incluso perjudicial. Nos hace bien a todos conservar las riquezas que han crecido en la fe y en la oración de la Iglesia y de darles el justo puesto. Obviamente para vivir la plena comunión tampoco los sacerdotes de las Comunidades que siguen el uso antiguo pueden, en principio, excluir la celebración según los libros nuevos. En efecto, no sería coherente con el reconocimiento del valor y de la santidad del nuevo rito la exclusión total del mismo.

En conclusión, queridos Hermanos, quiero de todo corazón subrayar que estas nuevas normas no disminuyen de ningún modo vuestra autoridad y responsabilidad ni sobre la liturgia, ni sobre la pastoral de vuestros fieles. Cada Obispo, en efecto es el moderador de la liturgia en la propia diócesis (cfr. Sacrosanctum Concilium, n. 22: «Sacrae Liturgiae moderatio ab Ecclessiae auctoritate unice pendet quae quidem est apud Apostolicam Sedem et, ad normam iuris, apud Episcoporum».).
Por tanto, no se quita nada a la autoridad del Obispo cuyo papel será siempre el de vigilar para que todo se desarrolle con paz y serenidad. Si surgiera algún problema que el párroco no pueda resolver, el Ordinario local podrá siempre intervenir, pero en total armonía con cuanto establecido por las nuevas normas del Motu Proprio.
Además os invito, queridos Hermanos, a escribir a la Santa Sede un informe sobre vuestras experiencias tres años después de que entre en vigor este Motu Proprio. Si vinieran a la luz dificultades serias se buscarían vías para encontrar el remedio.
Queridos Hermanos, con ánimo agradecido y confiado, confío a vuestro corazón de Pastores estas páginas y las normas del Motu Prorpio. Recordemos siempre las palabras que el Apóstol Pablo dirigió a los presbíteros de Efeso «Tened cuidado de vosotros y de toda la grey, en medio de la cual os ha puesto el Espíritu Santo como vigilantes para pastorear la Iglesia de Dios, que él se adquirió con la sangre de su propio Hijo» (Hechos 20,28).
Confío a la potente intercesión de María, Madre de la Iglesia, estas nuevas normas e imparto de corazón mi Bendición Apostólica a Vosotros, queridos Hermanos, a los párrocos de vuestras diócesis y a todos los sacerdotes, vuestros colaboradores, así como a todos vuestros fieles.

Dado en San Pedro, el 7 de Julio 2007.
BENEDICTO PP. XVI

lunes, 28 de febrero de 2011

MISA TRADICIONAL-SUBTITULADA

Este video no es una explicación, pero es muy útil para ver toda la Misa seguida y poder leer el texto correspondiente