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domingo, 27 de marzo de 2011

PRINCIPIOS DE SANTA LITURGIA


PRINCIPIOS DE SANTA LITURGIA

P.Brian Moore


LA VIRTUD DE RELIGIÓN



1)- DEFINICIÓN

1.1. Nominal
Etimológicamente puede tener un triple origen:
a-    Relegere = releer. Así según Cicerón: “Justitia erga deos religio nominatur”
b-   Reeligere = reelegir (S. Agustín)
c-    Religare = volver a ligar, unir (Lactancio)
En los tres casos el sentido etimológico implica un orden a Dios.[1]

1.2. Real
Es la virtud que inclina nuestra voluntad a dar a Dios el culto que le es debido como primer principio, fin último, Señor y soberano de todas las cosas.
El hombre reconoce que Dios es su Creador y que todo debe estar orientado a Él.
La virtud de Religión, como las teologales, tiene como objeto directo a Dios

2)- ACTOS DE ESTA VIRTUD

Esta virtud impulsa al hombre a la realización de actos que tienen por fin dar a Dios el honor y la gloria debidos a su Majestad.
Esos actos son de dos clases:
2.1. Los que tienden directamente al culto divino. Es decir, que por su propia naturaleza están destinados a testimoniar a Dios el reconocimiento y homenaje que le son debidos. Así: los sacrificios;  la oración;  los votos; la decoración del templo.
2.2. Todos los actos virtuosos hechos por Dios. Es decir, que la vida entera del cristiano, en cuanto busca glorificar a Dios, es de carácter cultual.
“Ya comáis, ya bebáis, o cualquier cosa que hagáis, hacedlo todo para gloria de Dios” (I Cor. 10,31)
“Os ruego, hermanos, por la misericordia de Dios, que presentéis vuestros cuerpos como hostia viva, santa, agradable a Dios (en un) culto espiritual vuestro” (Rom.12, 1)

S.Tomás dice al respecto: “A la religión pertenecen no solamente la oblación y los sacrificios y demás cosas propias de ella, sino también los actos de las demás virtudes, en tanto que las referimos al servicio y honor de Dios” (II-II, q.186, 1, ad 2; Cf. II-II, 81, a.1, ad 1)


3)- IMPORTANCIA DE ESTA VIRTUD

Ocupa el primer lugar entre las virtudes morales.
“Entre todas las virtudes morales es la Religión la que más se acerca a Dios, pues realiza todo lo que directa e inmediatamente atañe al honor divino” (II-II, q.81, a.6)

Esta virtud ennoblece al hombre precisamente por la sumisión total a la voluntad y a la omnipotencia divina.
“Por la reverencia y honor que tributamos a Dios, le sometemos nuestro espíritu, que en esto se perfecciona. En efecto, la perfección de las cosas está en la subordinación a lo que le es superior; así la perfección del cuerpo consiste en que está animado por el alma y la del aire que está iluminado por el sol”  (II-II, q.81, a.7)

4)- LOS ACTOS PRINCIPALES DE ESTA VIRTUD

Son cuatro:
A-  ADORACIÓN: Por él reconocemos que Dios es Dios, es decir, el Ser perfecto, infinito, Suma Bondad y Belleza, Creador de todas las cosas
B-   ACCIÓN DE GRACIAS: por todo lo recibido
C-   SÚPLICA: por todo lo que necesitamos
D-  SACRIFICIO: por todas nuestras faltas

5)- NECESIDAD DE LA VIRTUD DE RELIGIÓN

La virtud de Religión obliga a toda criatura pero especialmente a los sacerdotes.
La mayoría de los hombres absorbidos en sus asuntos terrenales, consagran muy poco tiempo al culto. Por eso Dios se ha separado a ciertos hombres, los sacerdotes, para que le rindan el culto que le es debido.
Esta virtud es pues un deber de estado, deber de justicia, para el sacerdote. De allí que la Iglesia le confiera dos grandes medios para practicar esta virtud: el Oficio Divino y la Santa Misa.






LA SANTA LITURGIA


INTRODUCCIÓN

1. Desde toda la eternidad, en el seno de la Santísima Trinidad tiene lugar un cierto culto, porque el Verbo canta la gloria del Padre.
2. Cuando Dios “decide” crear, el Espíritu Santo se hace fecundo en las creaturas (de la Tercera Persona de la Trinidad no procede otra Persona); las primeras que existieron fueron los ángeles, creados para alabar a Dios.
3. Luego fue creado el hombre, ciertamente nuestros protoparentes rindieron culto a Dios, como así también sus descendientes (así nos lo narra la Biblia, p.ej., Caín y Abel). Pero como se trataba del culto tributado por una simple criatura, y además pecadora, no podía ser un culto agradable a Dios, al menos, acabadamente.
4. Por eso se encarna la Segunda Persona de la Santísima Trinidad, y se hace posible desde ese momento rendir un culto perfecto a Dios. Porque, en efecto, la liturgia del Gólgota subirá en suavísimo olor al Padre eterno, y quedará así para siempre aplacada su justa ira.
5. Ese culto que rindió Cristo al Padre de una vez para siempre sobre la tierra, se prolonga en su Cuerpo Místico, la Santa Iglesia.

Eso es lo que pasaremos a explicar enseguida.

1)- DEFINICIÓN NOMINAL

Liturgia viene del latín “liturgia” y esta del griego “léiton ergon”
= carga, oficio público  (“officium publicum”)
Entre los griegos era la carga impuesta por la autoridad para el bien público. Se trataba de cualquier servicio, civil o militar, que los ciudadanos estaban obligados a prestar al Estado, o cualquier función pública que se desempeñaba en bien del interés común. Posteriormente, entre los mismos griegos, pasó a significar el culto religioso. ¿Qué puede haber de mayor interés público que adorar y aplacar a los dioses?

En la Sagrada Escritura tiene el sentido de “ejercicio de una función pública del culto” :
- Num.1,50: los levitas (tribu de Leví) no son censados para la guerra porque están destinados al culto
- Lc.1, 23: Zacarías ejerce su ministerio
- Rom.15, 16: San Pablo dice que fue elegido por Dios, se le concedió la gracia “de ser ministro de Cristo Jesús entre los gentiles, ejerciendo el ministerio del Evangelio de Dios”
- Hebr.8,2: Cristo es “ministro del santuario y del verdadero tabernáculo, que hizo el Señor y no el hombre” (Cf. 9,21)

En la Iglesia pasó a designar la Santa Misa y todo el culto oficial. De hecho, en la Iglesia de Oriente “Santa Liturgia” es sinónimo de Misa.


2)- DEFINICIÓN REAL

La Liturgia es el culto oficial de la Iglesia

Culto: Conjunto de actos de religión con los cuales el hombre honra a Dios, reconociéndolo como soberano Señor, principio y fin suyo y de todas las cosas.
Oficial: Cuando está organizado y puesto en ejecución por la autoridad eclesiástica, en lugares oficiales, con ceremonias oficiales.
De la Iglesia: Se le tributa a Dios en nombre de la Iglesia y por personas legítimamente deputadas por ella a ese objeto
(Cf. Canon 1256 del Código de 1917)

“Liturgia es el conjunto de símbolos, cantos y actos por medio de los cuales la Iglesia expresa y manifiesta su religión hacia Dios” (Dom Gueranger)

Pío XII la define así: “La Santa Liturgia es el culto público que Nuestro Redentor tributa al Padre como cabeza de la Iglesia, y el que la sociedad de los fieles tributa su fundador y por medio de Él, al Eterno Padre; es en una palabra, el culto integral público del cuerpo místico de Jesucristo, es decir, de la Cabeza y de sus miembros” (Parte 1, 1)

El culto es externo porque el hombre está compuesto de cuerpo y alma y manifiesta sus pensamientos y sentimientos a través de sus palabras, gestos y símbolos.
El culto es público porque el hombre es un ser social y toda la comunidad como tal (aparte del individuo) está obligada a rendir culto a Dios.


3)- SUJETO DE LA LITURGIA (QUIÉN LA EJERCE)

3.1. Sujeto primario: N.S.J.C., Sumo y Eterno Sacerdote. Él es el instaurador de la liturgia católica, en lo que esta tiene de esencial: Sacrificio y sacramentos.
Dice san Agustín: “El es el que ruega por nosotros, como Sacerdote nuestro; el que ruega en nosotros, como Cabeza nuestra; y el que es rogado por nosotros, como Dios nuestro”[2]
3.2. Sujeto secundario: el sacerdote, quien ha recibido un sacramento a tal efecto. Actúa “in persona Christi”

3.3. Los fieles sólo participan de un modo espiritual al sacerdocio de Cristo.
Cf. Dz.938; 949; 1958 / 960; 2300
En otro momento trataremos de este tema.


4)- TÉRMINO DE LA LITURGIA (A QUIÉN VA DIRIGIDA)

El término de la liturgia lo constituyen los seres que son objeto del culto.
4.1. Término primario: Dios, Uno y Trino; y N.S.J.C.
4.2. Término secundario: la Santísima Virgen; los ángeles; los santos; los miembros del Cuerpo místico; los lugares y objetos consagrados

Por ello se distinguen tres clases de culto:
a-    De latría: o de adoración u sumisión absoluta. Sólo se rinde a Dios.
b-   De hiperdulía: o de especial servidumbre. Es el que se tributa solo a la Virgen por ser Madre de Dios
c-    De dulía: o de sumisión simple. Es el que se tributa a los santos.

5)- FINES DE LA LITURGIA
5.1. Primera clasificación:
         a- Fin primario: es la gloria de Dios
         b- Fin secundario: la santificación del hombre
El fin secundario se subordina y ordena al primario. Así los sacramentos están dirigidos directamente al hombre al que santifican pero éste se santifica para gloria de Dios.

5.2. Segunda clasificación

a- Fin LATRÉUTICO: es aquel por el cual el hombre adora a Dios y lo reconoce como único Señor.
b- Fin EUCARÍSTICO: por el que da gracias a Dios de todos los bienes recibidos
c- Fin IMPETRATORIO: pide a Dios todo lo que necesita, reconociéndolo como fuente de todo bien
d- Fin PROPICIATORIO: por el cual aplaca con sacrificios, oraciones y penitencias al Justo Juez.

Estos fines se cumplen perfectamente en la Santa Misa


6)- IMPORTANCIA DE LA LITURGIA

a- Nos proporciona el modo de honrar dignamente a Dios
b- Es escuela de fe
c- Fuente de vida espiritual. “Fuente primera e indispensable del espíritu cristiano”

Liturgia y Tradición
Según Bossuet: “El instrumento principal de la Tradición está encerrado en sus oraciones” (Estados de Oración, Libro VI)

San Agustín dice: “La fe de la Iglesia se encuentra en sus oraciones”
Es conocido el axioma atribuido a San Celestino: “La ley de la oración establece la ley de la fe” (Legem credendi statuat lex supplicandi”)
“Prestemos atención al sentido de las oraciones sacerdotales las cuales, recibidas por la tradición de los Apóstoles son utilizadas uniformemente en toda la Iglesia. Por la manera que debemos rezar, aprendamos aquello que debemos creer”

Por eso es que los herejes reforman la liturgia: porque no condice con su fe.
















[1] ST II, q.81, a.1
[2] Enarr. In Ps. (PL t.37, col. 1081)

LA REFORMA LITÚRGICA- ENTREVISTA A MONS.DOMENICO BARTOLUCCI

REFORMA LITÚRGICA
ENTREVISTA A MONS. BARTOLUCCI

Ofrecemos la traducción al español de una valiosa entrevista a Monseñor Domenico Bartolucci, de 92 años, nombrado por Pío XII Maestro “ad vitam” de la Capilla Sixtina pero alejado del cargo en 1997, debido a la intervención de Mons. Piero Marini, una medida que fue vigorosamente rechazada por el entonces Cardenal Joseph Ratzinger.




***
Maestro, la reciente publicación del Motu Proprio “Summorum Pontificum” ha traído un soplo de aire fresco en el desolador panorama litúrgico que nos rodea; también usted puede ahora, por lo tanto, celebrar la “Misa de siempre”.
Pero, a decir verdad, yo siempre la he celebrado ininterrumpidamente, a partir de mi ordenación… tendría dificultad, en cambio, no habiéndola dicho nunca, en celebrar la Misa del rito moderno. (Nota de Creer en México: ¡Un nuevo Cardenal que nunca ha dicho la Misa nueva!… algunos morirían del espanto)
*
¿Nunca abolida, entonces?
Son las palabras del Santo Padre, aún si algunos fingen no entenderlas y si muchos en el pasado han sostenido lo contrario.
*
Maestro, será necesario conceder a los denigradores de la Misa antigua que esta última no es “participada”…
¡No digamos disparates! He conocido la participación de los tiempos antiguos tanto en Roma, en la Basílica, como en el mundo, como aquí abajo en el Mugello, en esta parroquia de este bello pueblo, un templo poblado de gente llena de fe y de piedad. El Domingo, en las vísperas, el sacerdote habría podido limitarse a entonar el “Deus in adiutorium meum intende” y luego ponerse a dormir sobre el asiento… los campesinos habrían continuado solos y los jefes de familia habrían pensado en entonar las antífonas.
*
¿Una velada polémica, Maestro, respecto al actual estilo litúrgico?
Yo no sé si, ¡ay de mí!, han estado en un funeral: “aleluya”, aplausos, frases risueñas, uno se pregunta si esta gente leyó alguna vez el Evangelio; Nuestro Señor mismo lloró sobre Lázaro y su muerte. Aquí, con este sentimentalismo insípido, no se respeta ni siquiera el dolor de una madre. Yo les habría mostrado cómo asistía al pueblo a una Misa de difuntos, con qué compunción y devoción se entonaba aquel magnífico y tremendo “Dies Irae”.
*
¿La reforma no ha sido hecha por gente consciente y doctrinalmente formada?
Discúlpeme, pero la reforma ha sido hecha por gente árida, se lo repito, árida. Y yo los he conocido. En cuanto a la doctrina, el Cardenal Ferdinando Antonelli, de venerada memoria, solía decir a menudo: ¿“qué hacemos liturgistas que no conocen la teología?”.
*
Estamos de acuerdo con usted, Monseñor, pero es cierto también que la gente no entendía…
Queridísimos amigos, ¿han leído alguna vez a San Pablo: “no importa saber más allá de lo necesario”, “es necesario amar el conocimiento ‘ad sobrietatem’”. De aquí a algunos años se intentará entender la transubstanciación como se explica un teorema de matemática. ¡Pero si ni siquiera el sacerdote puede comprender hasta el fondo tal misterio!
*
¿Pero cómo se llegó, entonces, a esta distorsión de la liturgia?
Fue una moda, todos hablaban, todos “renovaban”, todos pontificaban, en la estela del sentimentalismo, de reformas. Y las voces que se levantaban en defensa de la Tradición bimilenaria de la Iglesia eran hábilmente calladas. Se inventó una especie de “liturgia del pueblo”… cuando escuchaba estas frases, me venían en mente las palabras de mi profesor del seminario que decía: “la liturgia es del clero para el pueblo”, ella desciende de Dios y no sale desde abajo. Debo reconocer, sin embargo, que aquel aire hediondo se ha hecho menos denso. Las jóvenes generaciones de sacerdotes son, tal vez, mejores que las que las han precedido, no tienen los furores ideológicos dominados por un modernismo iconoclasta, están llenos de buenos sentimientos pero les falta formación.
*
¿Qué quiere decir, Maestro, con que “les falta formación”?
¡Quiero decir que queremos los seminarios! Hablo de aquellas estructuras que la sabiduría de la Iglesia había cincelado elegantemente durante los siglos. No se da cuenta de la importancia del seminario: una liturgia vivida, los momentos del año son vividos “socialmente” con los hermanos… el Adviento, la Cuaresma, las grandes fiestas que siguen a la Pascua. Todo esto educa, ¡y no se imagina cuánto! Una retórica tonta dio la imagen de que el seminario arruina al sacerdote, de que los seminaristas, alejados del mundo, permanecen encerrados en sí mismos y distantes de la gente. Todas fantasías para disipar una riqueza formativa plurisecular y para remplazarla luego con nada.
*
Retornando a la crisis de la Iglesia y al cierre de muchos seminarios, ¿Usted es partidario de un retorno a la continuidad de la Tradición?
Mire, defender el rito antiguo no es ser del pasado sino ser “de siempre”. Vea, se comete un error cuando a la misa tradicional se la llama “Misa de San Pío V” o “Tridentina”, como si fuese la Misa de una época particular: es nuestra Misa, la romana, es universal en los tiempos y en los lugares, una única lengua desde la Oceanía hasta el Ártico.
Por lo que respecta a la continuidad en los tiempos, quisiera contarles un episodio. Una vez estábamos reunidos en compañía de un Obispo, cuyo nombre no recuerdo, en una pequeña iglesia del Mugello, y llegó la noticia de la repentina muerte de un hermano nuestro, propusimos celebrar enseguida una Misa pero nos dimos cuenta de que sólo había misales antiguos. El Obispo rechazó categóricamente celebrar. No lo olvidaré nunca y reitero que la continuidad de la liturgia implica que, salvo minucias, se pueda celebrar hoy con aquel viejo misal polvoriento tomado de un estante y que hace cuatro siglos sirvió a un predecesor mío en el sacerdocio.
*
Monseñor, se habla de una “reforma de la reforma” que debería limar las deformaciones que vienen de los años sesenta…
La cuestión es bastante compleja. Que el nuevo rito tenga deficiencias es ya una evidencia para todos y el Papa ha dicho y escrito varias veces que debería “mirar al antiguo”; sin embargo, Dios nos guarde de la tentación de los líos híbridos; la Liturgia, con la “ele” mayúscula, es la que nos viene de los siglos, ella es la referencia, no se la debe corromper con compromisos “a Dio spiacenti e a l’inimici sui” [que desagradan a Dios y a sus enemigos].
*
¿Qué quiere decir, Maestro?
Tomemos, como ejemplo, las innovaciones de los años sesenta. Algunas “canciones populares” beat y horribles y tan de moda en las iglesias en el ’68, hoy ya son trozos de arqueología; cuando se renuncia a la perennidad de la tradición para hundirse en el tiempo, se está condenado al cambiar de las modas. Me viene a la mente la Reforma de Semana Santa de los años cincuenta, hecha con una cierta prisa bajo un Pío XII ya cansado. Y bien, sólo algunos años después, bajo el pontificado de Juan XXIII (quien, más allá de lo que se diga, en liturgia era de un tradicionalismo convencido y conmovedor), me llegó una llamada de Mons. Dante, ceremoniero del Papa, que me pedía preparar el “Vexilla Regis” para la inminente celebración del Viernes Santo. Respondí: “pero lo han abolido”. Se me respondió: “el Papa lo quiere”. En pocas horas, organicé las repeticiones de canto y, con gran alegría, cantamos de nuevo lo que la Iglesia había cantado por siglos en aquel día. ¡Todo esto para decir que, cuando se hacen desgarros en el tejido litúrgico, esos agujeros son difíciles de cubrir y se ven! Nuestra liturgia plurisecular debemos contemplarla con veneración y recordar que, en el afán de “mejorarla”, corremos el riesgo de hacerle sólo daños.
*
Maestro, ¿qué papel tuvo la música en este proceso?
Tuvo un rol importante por varias razones. El melindroso cecilianismo, al cual ciertamente Perosi no fue ajeno, introdujo con sus aires pegadizos un sentimentalismo romántico nuevo, que nada tenía que ver con aquella densidad elocuente y sólida de Palestrina. Ciertas extravagancias de Solesmes habían cultivado un gregoriano susurrado, fruto también de aquella pseudo restauración medievalizante que tanta suerte tuvo en el siglo XIX.
Cundía la idea de la oportunidad de una recuperación arqueológica, tanto en música como en liturgia, de un pasado lejano del cual nos separaban los así llamados “siglos oscuros” del Concilio de Trento… Arqueologismo, en resumen, que no tiene nada que ver con la Tradición y que quiere restaurar lo que tal vez nunca ha existido. Un poco como ciertas iglesias restauradas en estilo “pseudo-románico” por Viollet-le-Duc.
Por lo tanto, entre un arqueologismo que quería remitirse al pasado apostólico, prescindiendo de los siglos que nos separan de ellos, y un romanticismo sentimental, que desprecia la teología y la doctrina en una exaltación del “estado de ánimo”, se preparó el terreno para aquella actitud de suficiencia respecto a lo que la Iglesia y nuestros Padres nos habían transmitido.
*
¿Qué quiere decir, Monseñor, cuando en el ámbito musical ataca a Solesmes?
Quiero decir que el canto gregoriano es modal, no tonal; es libre, no ritmado, no es “uno, dos tres, uno dos tres”; no se debía despreciar el modo de cantar de nuestras catedrales para sustituirlo con un susurro pseudo-monástico y afectado. No se interpreta un canto del Medioevo con teorías de hoy sino que se lo toma como ha llegado hasta nosotros; además, el gregoriano sabía ser también canto de pueblo, cantando con fuerza nuestro pueblo expresaba su fe. Esto Solesmes no lo entendió, pero todo esto sea dicho reconociendo el gran y sabio trabajo filológico que hizo con el estudio de los manuscritos antiguos.
*
Maestro, ¿en qué punto estamos, entonces, de la restauración de la música sagrada y de la liturgia?
No niego que haya algunos signos de restablecimiento. Sin embargo, veo el persistir de una ceguera, casi una complacencia por todo lo que es vulgar, grosero, de mal gusto e incluso doctrinalmente temerario… No me pida, por favor, que dé un juicio sobre las “chitarrine” y sobre las “tarantelle” que todavía nos cantan durante el ofertorio… El problema litúrgico es serio, no se debe escuchar a aquellas voces que no aman a la Iglesia y que se lanzan contra el Papa. Y si se quiere sanar al enfermo, hay que recordar que el médico piadoso hace la llaga purulenta…
***
Fuente: Disputationes Theologicae
Traducción: La Buhardilla de Jerónimo

sábado, 26 de marzo de 2011