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domingo, 20 de febrero de 2011

3.1.3.ORNATO DEL ALTAR


3.1.3. EL ORNATO DEL ALTAR

            Sobre el altar no debe colocarse “absolutamente nada” ( ‘nihil omnino’) que no sirva al Sacrificio de la Misa o a la estricta ornamentación del altar. (R. g. M., n.529)[1]

            Aquí queremos incluir elementos de diversa especie, pero que de una manera u otra embellecen el altar.
            No nos parece correcto considerar las imágenes de santos y las reliquias como si fueran parte de la decoración del altar. Si se colocan allí es para ser veneradas por los fieles ( Cer. Episc. l.1, cap. 12, n.12) Pero varios autores hablan de ellas bajo el título de este parágrafo.
            Trataremos entonces de:
                        1. El baldaquino o ciborio
                        2. El retablo
                        3. El frontal y el cortinaje
                        4. Las imágenes
                        5. Las reliquias
                        6. Las flores


1)- EL BALDAQUINO O CIBORIO



            1. El nombre: El término ‘ciborio’ proviene del latín ‘ciborium’ = copa (la vaina del haba de Egipto tiene esa forma, que designa el término griego primitivo)
            El termino ‘baldaquino’ viene de ‘Baldac’, nombre dado en la Edad media a Bagdad, de donde venía una tela así llamada.
            2. Qué es: se trata de una estructura en forma de dosel, generalmente sobre cuatro elementos de apoyo ( pértigas, pilares, columnas) para cubrir una altar o una tumba.
            Sobre el origen del baldaquino dice J.A. Iñiguez: “Ya se ha visto cómo es propio de la tumba al aire libre y pasó a significar en las basílicas martiriales el lugar de las reliquias; más adelante, cuando el altar se colocó definitivamente sobre ellas, pues lo hace así accidentalmente bajo aquel, y poco a poco, queda el primero como elemento unido al altar para dignificarle, al perder su simbolismo funerario ... “ (p.143)

            El ciborio es una reproducción, en cierta manera, del santuario todo. Tiene forma cúbica, cuatro columnas y remata en una ‘cúpula’ o techo. Concentra más la atención sobre el altar y lo señala como centro del templo.

            3. Historia: Desde la época carolingia hasta el emperador Otón (936-973) se habla de varios ciborios o baldaquinos. Pero es sobre todo a partir del s.XI que los ‘ciboria’ van a construirse. P. ej: el de San Ambrosio de Milán (s.XII, de 8,84 m.); el de San Marcos de Venecia  (s.XIII); en Roma: San Lorenzo Extramuros; el de Santa Maria in Trastevere; el de San Clemente, San Pablo Extramuros;  el de santa María in Cosmedín, etc. (todos de los s.XII y XIII); San Juan de Letrán (año 1367) y el más famoso, obra de Bernini: el de San Pedro, hecho totalmente en bronce y que tiene una altura de 29 m. (año 1633)
 Ciborio-Altar de San Ambrosio

            4. Según el Ceremonial de los obispos, si no hay ‘ciborium’, se debe colgar sobre el altar mayor (o el de la Reserva) un baldaquino (‘baldachinum seu umbraculum’). (Coer. Ep. l.1, c. 12 n.3; Cf. n. 14; c. 13, n.3; c.14, n.1)[2]
            El término ‘baldaquino’ designa primitivamente una sedería oriental de gran precio.
            Es un dosel conformado por una tela o colgaduras, montadas sobre una estructura oblonga, poligonal o circular, y suspendida sobre el altar por una cadena.
El baldaquino debe ser suficientemente largo y ancho como para recubrir no sólo el altar, sino también la tarima.
            Como las columnas del ‘ciborium’ puede entorpecer el normal desarrollo de las ceremonias de la Misa solemne, el baldaquino puede ser la solución.


2)- EL RETABLO ( ‘Retro-tabula’)

 Altar de San Idelfonso
             

            Se introdujo hacia fines del s.XI.
            Se trataba de pequeños cuadros rectangulares, de poca altura, esculpidos en piedra o metal, pintados sobre tabla o recamados sobre tela, representando la efigie del Señor, de la Virgen o de los santos, o escenas de sus vidas. Se colocaban en la parte posterior de la mesa de los altares adosados a las paredes de las naves laterales, para sostén de la piedad. (Según Righetti, el retablo habría nacido como consecuencia de la falta de reliquias para exponer a la veneración de los fieles).
            Al comienzo eran pequeños, y se podían substituir fácilmente cuando hiciera falta ( p. ej. en  ciertas fiestas).
            “Cuando el dosel estaba constituido por un tríptico, frecuentemente en la parte central se unían con una bisagra dos alas ( ‘sportelli’), que se abrían durante la función. Terminada ésta, se cerraban sobre la imagen, cubriéndola enteramente. Todo se apoyaba sobre una base rectangular, también ésta pintada, llamada ‘predella’ “ (Righ. t.I, p.496, nota 61).
            Pero en el gótico los retablos se hacen imponentes, y se los fija sobre el altar principal, o inmediatamente detrás de él.
            Durante el Renacimiento el retablo continúa creciendo en importancia, por será sin duda  en el Barroco que alcanzará su máximo desarrollo. “El retablo no es ya un accesorio del altar; antes al contrario, el altar ha venido a ser un accesorio del retablo ... Esta inversión de valores litúrgicos se manifiesta principalmente en las iglesias construídas en los s.XVII al XVIII, según el tipo del Gesù, de Roma, en las cuales el altar mayor, adosado a la pared del ábside, parece no tener otra función que al de servir de base a la monumental apoteosis del santo o del misterio al que está dedicado” (Righ. T.I, p.470)





3)- EL FRONTAL  (‘pallium’, ‘antipendium’, ‘frontale’)

            Cuando la parte delantera del altar no es artística, preciosa o decorada finamente, está mandado que se revista el altar con frontal de metal precioso o de tisú o de seda del color de la fiesta (D. 4000)
            Si el altar está colocado entre el coro y la nave, el frontal recubre también la parte posterior del mismo (´Coer. Episc. l, c.12, n.11)
            Debe ser del color correspondiente al Oficio y Misa del día u otra Misa que se celebre conforme a las rúbricas (R.g.M., n.117)
            Si está expuesto el Santísimo sólo puede ser de color blanco. En las funciones fúnebres debe ser negro.

            Se ven antependios ya en los mosaicos de Ravena del s.VI.

            EL CORTINAJE: Se pueden colocar cortinas en el ábside del templo. Deben ser del color litúrgico del día.
            Muchos antiguos tapices que se ven hoy día en las sacristías tuvieron ese fin.


4)- LAS IMÁGENES


 Iglesia San Ponciano-La Plata

            1. 1. En el II Concilio de Nicea (747) se estableció definitivamente la doctrina de la Iglesia sobre el culto de las imágenes. (Dz. 302-304)

            “Definimos, con toda certeza y precisión, que, lo mismo que la figura de la preciosa y vivificante cruz, las santas y venerables imágenes, ya sea fabricadas en pintura o en mosaico, ya sea en cualquier otra materia adecuada, deben ser propuestas en las santas iglesias de Dios, en los vasos y vestidos sagrados, en los muros y en los cuadros, en las casas y en los caminos; tanto la imagen de Dios Salvador y Señor Nuestro Jesucristo, como la de la purísima Señora Nuestra y Santa Madre de Dios, como la de todos los nobles y santos varones. Porque cuanto más frecuentemente se les contempla en forma de imágenes, tanto más vivamente los que las contemplan se mueven al recuerdo y anhelo de los prototipos representados en ellas, y a otorgarles ósculos y muestras de veneración. No ciertamente una verdadera latría, que, conforme a nuestra fe, corresponde solamente a la esencia divina; sino que debe otorgárseles las mismas muestras de honor, de inciensos y luminarias que al precioso y vivificante signo de la cruz, a los santos Evangelios, y a las demás cosas sagradas, como fue nuestra antigua costumbre.
Porque la honra dada a la imagen pasa al prototipo en ella representado ...”

                        2. La misma doctrina retomó el Concilio de Trento en la Sesión XXV, cuando se renovó el espíritu iconoclasta por parte de los protestantes.
                        En el Código de Derecho Canónico de 1917:
                        Canon 1276: “Es saludable y útil invocar humildemente a los siervos de Dios (...) y venerar sus reliquias e imágenes...”
                        Canon 1255 & 2 : “También a las sagradas reliquias e imágenes se les debe veneración y culto relativo propio de la persona a quien las reliquias e imágenes se refieren”.

                        3. Dice San Buenaventura ( III, dist. 9, a.1, q.2) que las imágenes fueron incorporadas al culto por tres razones:
                                   a)- Para ayudar a la gente sencilla (‘propter simplicium ruditatem’): la que no sabe leer, pueda así conocer los misterios de nuestra fe a través de las imágenes y pinturas. (Ello se cumplió ciertamente en las catedrales góticas, a través de las esculturas y vitrales. Por eso se dice que son ‘enciclopedias en piedra’)
Esta idea ya la había enunciado San Gregorio Magno: “Lo que la Santa Escritura es para los letrados, la imagen lo es para los iletrados”.
                                   b)- Para fomentar la devoción ( ‘p. affectus tarditatem’): si alguien no se conmueve al escuchar lo que hizo N.S. por nosotros, lo haga a la vista de sus misterios representados (“Plus enim excitatur affectus noster per ea quae videt, quam per ea quae audit”).
                                   c)- Para fijar en la memoria los beneficios divinos y las grandezas de los santos (‘p. memoriae labilitatem’): muchas veces es más fácil recordar algo si se lo ha visto representado. (“Frequenter enim verificatur in multis illud quod consuevit dici: verbum intrat per unam aurem et exit per aliam”)

                                   4. Azcárate dice que las imágenes son “objetos sagrados que mueven a devoción, que instruyen, y que adornan; absolutamente como los santos a quienes representan , que nos edifican y nos mueven con sus virtudes, nos instruyen con sus ejemplos y constituyen el mejor ornamento de la Iglesia Católica y del Cielo” ( La flor de la liturgia, p.65)


            2. La multiplicación irracional de imágenes y el mal gusto.
            No parece conveniente atiborrar el altar mayor de imágenes.
Sagrario, altar, cruz: estos tres elementos nos hablan acabadamente de N.S.; ¿hay necesidad de añadir una imagen del Sagrado Corazón?

            Dice Pío XII: “... Y si bien ya hemos reprobado el criterio erróneo de quienes, bajo la apariencia de volver a la antigüedad, se oponen al uso de las sagradas imágenes en los templos, creemos que es Nuestro deber reprobar también aquella piedad mal formada de los que sin razón suficiente, llenan templos y altares con multitud de imágenes y efigies expuestas a la veneración de los fieles” (Mediator Dei, IV, 2)
            En la misma Encíclica: “Obligados por Nuestra conciencia y oficio, Nos sentimos precisados a tener que reprobar y condenar ciertas imágenes y formas introducidas últimamente por algunos artistas, que, a su extravagancia y degeneración estética, unen el ofender más de una vez al decoro, a la piedad y a la modestia cristiana, y ofenden el mismo sentimiento religioso”. ( IV, 2)

           
            San Juan de la Cruz, en la “Subida al Monte Carmelo” nos enseña de qué manera se ha de usar de las imágenes para nuestro provecho espiritual.
            1-  Por un lado, advierte que puesto que el uso de éstas es práctica de la Iglesia, nada se puede objetar. Por el contrario, es de alabar.
             2-  Pero se debe tener presente que la imagen es sólo un medio, no un fin. De allí que:
                        a- Tendrán más necesidad de ellas las personas más sencillas, y menos avanzadas en la vida espiritual. Por el contrario, el que ha llegado a cierta perfección, poco necesita de ellas.
                        b- No debe haber un apego desordenado a tal o cual imagen, de forma tal que si se me quita esa imagen, se me haga casi imposible rezar.
                        c- No hay que recargar los oratorios de imágenes. Y han de estar bien hechas.

            “Pero se ha de advertir aquí, que no por eso convenimos, ni queremos convenir, en esta nuestra doctrina con la de aquellos pestíferos hombres, que persuadidos de la soberbia y envidia de Satanás quisieron quitar de delante de los ojos de los fieles el santo y necesario uso e ínclita adoración de las imágenes de los santos de Dios. Antes de esta nuestra doctrina es muy diferente de aquella, porque aquí no tratamos que no hay imágenes y que no sean adoradas, como ellos; sino damos a entender la diferencia que hay de ellas a Dios, y que de tal manera pasen por lo pintado, que no impidan de ir a lo vivo, haciendo en ello más presa de la que basta para ir a lo espiritual. Porque así como es bueno y necesario el medio para el fin,  como lo son las imágenes para acordarnos de Dios y de los santos; así cuando y se repara en el medio más que por solo medio, estorba e impide tanto, en su tanto, como otra cualquier cosa diferente ... Porque acerca de la memoria y adoración y estimación de las imágenes, que naturalmente la Iglesia Católica nos propone, ningún engaño ni peligro puede haber, pues en ella, no se estima otra cosa sino lo que representan; ni la memoria de ellas dejará de hacer provecho al alma, pues aquella no es sino con amor de al que representan, que, como no repare en ellas más que para esto, siempre le ayudarán a la unión de Dios, como deje volar el alma (cuando Dios le hiciere merced) de lo pintado a Dios vivo, en olvido de toda criatura y cosa de criatura”  ( Subida, l.III, cap. 15)

            “La persona devota de veras en lo invisible principalmente pone su devoción, y pocas imágenes ha menester y de pocas usa, y de aquellas que más se conforman con lo divino que con lo humano ... Ni en esas de que usa tiene asido el corazón, porque, si se las quitan, se apena muy poco; porque la viva imagen busca dentro de sí, que es Cristo crucificado ... Que aunque es bueno gustar de tener aquellas imágenes que ayuden al alma a más devoción .. pero no es perfección estar tan asido a ellas que con propiedad las posea, de manera que, si se las quitaren, se entristezca” (cap. 35)

            Mucho había que decir de la rudeza que muchas personas tienen acerca de las imágenes; porque llega la bobería a tanto, que algunas ponen más confianza en unas imágenes que en otras, entendiendo que les oirá Dios más por éstas que por aquellas, representando ambas una misma cosa, como dos de Cristo, o dos de Nuestra Señora” (cap. 36)

            “ De aquí  es (...) que algunas personas no se hartan de añadir unas y otras imágenes a su oratorio, gustando del orden y atavío con que las ponen, a fin de que su oratorio esté bien adornado y parezca bien; y a Dios no le quieren más así que así, mas antes que menos, pues el gusto que ponen en aquellos ornatos pintados, quitan a lo vivo, como hemos dicho. Que aunque es verdad que todo ornato y atavío y reverencia que se puede hacer a las imágenes, es muy poco ( por lo cual los que las tienen en poca decencia y reverencia son dignos de mucha reprensión, junto con los que hacen  algunas tan mal talladas que antes quitan la devoción que la añaden, por lo cual habían de impedir a algunos oficiales que en esta arte son cortos y toscos); pero ¿qué tiene esto que ver con la propiedad y asimiento y apetito que tú tienes en estos ornatos y atavíos exteriores, cuando de tal manera te engolfan el sentido, que te impiden mucho el corazón de ir a Dios, y amarle y olvidarte de todas las cosas por su amor ? ( cap. 38)

            “Para encaminar a Dios el espíritu en este género, conviene advertir que a los principiantes bien se les permite, y aun les conviene, tener algún gusto y jugo sensible acerca de las imágenes, oratorios y otras cosas devotas visibles, por cuanto aun no tienen destetado ni desarrimado el paladar de las cosas del siglo, porque con este gusto dejen el otro. Como al niño que, por desembarazarle la mano de una cosa, se la ocupan con otra, porque no llore, dejándole las manos vacías. Pero para ir adelante, también se ha de desnudar el espiritual de todos esos gustos ... ; porque el puro espíritu muy poco se ata a nada de esos objetos, sino sólo en recogimiento interior y trato mental con Dios. Que aunque se aprovecha de las imágenes y oratorios, es muy de paso, y luego para su espíritu en Dios, olvidado de todo lo sensible. “ (cap. 39)

            Qué más podemos añadir a una doctrina tan clara, sino pedir a ciertos fieles - siempre prontos a dar lecciones de piedad al sacerdote-  que formen su gusto y no nos cansen con su ignorante superchería...
( Para más precisiones dirigirse al irresponsable autor de estas líneas)



TEXTOS

1. San Gregorio Magno: Las imágenes son la Biblia de los iletrados

            “Ha llegado a noticia nuestra que, encendido por un inconsiderado celo, has destrozado algunas imágenes con la excusa de que no deben ser adoradas. Es cierto que te alabamos por haber prohibido que fueran adoradas; pero te reprendemos por haberlas destrozado. Dinos, hermano, ¿cuándo has oído que un sacerdote hiciera lo que tú has hecho ? ¿Cómo no pudo retenerte el pensamiento de que, despreciando a tus hermanos, eras tú el verdadero santo y prudente ? Una cosa es adorar una pintura, y otra cosa es servirse de una pintura para conocer a quién hay que adorar. Porque lo que un libro proporciona al que lo lee, eso es lo que una pintura ofrece a los analfabetos que la contemplan, pues en ella aun los ignorantes ven cómo tienen que comportarse, en ella leen los que no tienen letras. De ahí que, sobre todo para los paganos, la pintura equivale a la lectura. Y eso es lo que debieras haber tenido en cuenta tú que habitas entre los gentiles, para que no ocurriera que, arrebatado por un celo imprudente, causaras escándalo en almas todavía incultas.[3] Por tanto, no se debiera haber destrozado lo que en las iglesias se coloca no para ser adorado sino sólo para instrucción de los ignorantes ...
            Tienes que procurar convocar a los que has dispersado por tu imprudencia, y decirles: Si queréis tener en la iglesias imágenes, conforme a la antigua tradición, para vuestra instrucción, permitiré que se hagan y se conserven. Y diles que lo que te desagradó no fue la visión de la historia que estaba representada en la pintura, sino la adoración que indebidamente se les dispensaba. Y, tranquilizándoles con estas palabras, procura recobrar su concordia. Y si alguien quiere fabricar imágenes, no se lo prohibas, sino impide que de cualquier manera las adoren. Y amonéstalos de manera que al contemplar las proezas (de los santos) se sientan enardecidos por la compunción, y se prosternen humildemente sólo ante la santa Trinidad”
(Carta a Sereno, PL 77, 1128-1129)

           
2. San Juan Damasceno : Sermón 1 de las Imágenes

            “ Lo que el sermón propone a los oídos, eso mismo la pintura silenciosa lo logra por la mímesis” (San Basilio). No puede demostrarse con palabras más claras que entre los analfabetos las imágenes cumplen la función de los libros y son mudas pregoneras de la gloria de los santos, puesto que con una palabra tácita enseñan a aquellos que las contemplan, y hacen atractiva a la vista la santidad.
            Cuando no tengo ganas de estudiar y dispongo de tiempo libre, me voy de buena gana a la iglesia y contemplo las pinturas ... Acarician mis ojos como las flores del campo; y la gloria de Dios desciende a mi alma.  Considero la constancia de los mártires y el premio de su corona, y postrándome en tierra, por mediación del mártir consigo mi salvación ...
            Advierte que la esencia divina no brilla en figura visible o en una hermosura formal y elegante por los colores, sino que se la contempla por la fuerza de una inefable bienaventuranza, y por esa causa su imagen es irreprensible. En cambio la forma humana puede pintarse con colores sobre una tabla. Por tanto, si el Hijo de Dios, ‘tomando forma de siervo, se revistió de la figura humana, y hecho semejante a los hombres, apareció en su porte como hombre’, ¿qué nos impide que representemos su imagen?  Y si se estableció la costumbre de que a la imagen del Emperador la llamemos ‘el Emperador’, y que, según la frase del divino Basilio, ‘la honra dada a la imagen pasa al prototipo’ al que representa, ¿por qué no se va a dar honra y veneración a la imagen de Cristo ? No ciertamente como si fuera Dios, sino solamente como imagen del Dios que se encarnó.” (PG 94, 1268)

3. Erasmo de Rotterdam: Del uso y abuso de las imágenes

            “... Aunque ese culto en nuestros días se ha multiplicado al infinito. Sin embargo, no se trata de desterrar todas esas imágenes de nuestras iglesias, sino habría que enseñar al pueblo la manera como conviene servirse de las imágenes. Lo que haya de malo debe rectificarse, si se puede hacerlo sin grave turbulencia; y lo que hay de bueno debe fomentarse. Sería de desear que no se viera en los templos cristianos nada indigno de Cristo...
            ... Cuando un pintor quiere representar a la figura de la Virgen María o de santa Agueda, elige a veces como modelo a una ramera lasciva, o para tallar la imagen de Cristo o de San Pablo, se contenta con el primer juerguista que se le presenta o cualquier pícaro. Porque hay imágenes que provocan más a la lascivia que a la piedad; pero las toleramos porque somos conscientes de que su supresión causaría mayores males que su conservación...” (“Modo de orar a Dios, Opera, V, p.1120-1121)


4. Sobre la fealdad de las imágenes y la decadencia del arte cristiano


            K.H. Huysmans:“Evidentemente, en ningún lugar, en ningún país, en ninguna época, ha habido tal audacia en la exhibición de tan sacrílegos horrores; y si se piensa que han sido elaborados expresamente para Lourdes, fabricados exprofeso para Nuestra Señora, se puede deducir de este espectáculo alguna enseñanza. A no dudarlo, tales atentados no pueden atribuirse más que a bufonadas vindicativas del demonio. Es su venganza contra Aquella que tanto aborrece, y puede pensarse que le dice:
            ‘Yo te sigo la pista - dice el diablo a María- y dondequiera que tú te detengas, allí me instalaré yo también ... Y el arte, que es la única cosa limpia sobre la tierra después de la santidad, no solamente tú no lo tendrás, sino que yo me arreglaré para seas insultada sin descanso con la blasfemia continua de la fealdad ... Todo cuanto te represente a ti  y a tu Hijo será ridículo; todo cuanto figure a vuestros ángeles y vuestros santos será innoble ... Hasta he pensado en los objetos de culto, sobre todo en los que tocan a la carne misma de Cristo; he dedicado especial cuidado a los ostensorios y copones; he querido que fueran de un gusto suntuoso y horrendo” ... (Les foules de Lourdes, cap. VI)

            N. Fumet: “ Los atroces iconos que Cristo se ha visto obligado a soportar en un tiempo en que su Corazón tenía mayor necesidad de irradiar, responderán acaso mejor - al aumentar la escala de la humildad divina- a nuestras exigencias religiosas que las obras maestras del mejor Renacimiento, las cuales, más que llevarnos a la oración, nos suelen distraer. Porque esos modelos insignificantes, pintarrajeados en serie luego de haber sido concebidos por cerebros indigentes; esas figuras de fealdad repulsiva, unidas a toda la literatura boba que las acompaña, constituyen otras tantas hermosas genuflexiones divinas en el seno del abismo y la oscuridad. La luz que se abate en la miseria de los sentidos es Jesús, abrumado por el peso de la cruz.” (El proceso del arte, p.68-69)

            P. Saenz: “Si se creyese a las imágenes de devoción, hacerse santo sería una empresa dulce, agradable, aunque un tanto fastidiosa.
            De ahí la necesidad que reitera Oupensky de no confundir imagen sagrada con imagen de tema religioso, dos cosas absolutamente distintas. En consecuencia de tal confusión, el arte sacro ha sido ampliamente desterrado de nuestras iglesias y reemplazado por el arte religioso. Este arte, de índole prevalentemente emotiva, expresa más bien el estado de alma del autor de la obra que el contenido salvífico del misterio representado. No es ya un órgano de la Iglesia docente, sino la expresión de la personalidad del artista, que comunica su sentimiento a los fieles. ‘El fin del arte religioso es provocar cierta emoción. Ahora bien, el arte litúrgico no se propone emocionar, sino transfigurar todo sentimiento humano’.[4]
            Como muestra decadente de esta inclinación sentimental se destaca el llamado arte sulpiciano, cuyas estatuas y cuadros llenan nuestras iglesias. Es un ersatz de arte, con productos hechos en serie, sometidos a los cánones del comercio y del negocio...
            De los portales de Chartres a las estatuas de las santerías, de los iconos de Rubliov a las estampitas de primera comunión, el abismo resulta infranqueable. Es toda la distancia que va de un cristianismo militante y mistérico a un pseudocristianismo condescendiente y acaramelado. El arte tiene siempre valor de diagnóstico y de testimonio. El arte de San Sulpicio es un signo impresionante de la anemia del catolicismo pre-conciliar, de su fe languideciente y de su falta de virilidad. Mas al tiempo signo de un cristianismo en decadencia, ha sido también causa de envenenamiento para la piedad de muchos fieles. Decía Bernanos que Cristo no nos pidió que fuéramos la miel de la tierra, sino la sal de la tierra. La sal pica ... y aquello empalaga.
            Refiriéndose a esas imágenes indeterminadas y neutras, escribía el terrible Thibon: ‘Me cuesta creer que el relamido arte de San Sulpicio  una cierta música y literatura llamadas religiosas,, constituyan menor ultraje a la pureza divina que una blasfemia, un robo o un adulterio’.
            Sin embargo, a muchos dicho arte ‘les ayuda a rezar’ (!). No hay que extrañarse de ello, ya que, como decía Maritain, parafraseando la Escritura, ‘el número de los cristianos de mal gusto es inifinito’”.  ( El icono, esplendor de lo sagrado, p.376-377)




5)- LAS RELIQUIAS


            1. Legislación
                        1. El Código (1917) legislaba sobre las reliquias en el Título XVI del libro III, “De las cosas”, cánones 1281-1289 (Cf. 1276 y 1255 & 2)
                        2. Estas reliquias son incensadas en la Misa cantada y en Vísperas. Durante la Exposición del Santísimo Sacramento deben ser retiradas del altar, o cubiertas.

            2. Historia

                        El exponer las reliquias sobre el altar data del s.IX ( si no antes). Hubo un tiempo que en que eran expuestas en forma permanente; luego se las colocó solo para las grandes solemnidades.
                        La “Adomonitio Synodalis” (s.IX o comienzos del s.X) prescribió el que sobre los altares se tuviese solamente las urnas ( ‘capsae’) con las reliquias de los santos, el Evangelario y la píxide con el cuerpo del Señor, para los enfermos; las demás cosas se guardarán en lugar a propósito.
Según Righetti, esta norma “fue el punto de partida de una profunda transformación en la estructura externa del altar” (p. 468)[5]
                        A partir del s.X se acrecienta el culto público de los santos. Sus cuerpos son extraídos de criptas y de bajo los altares para exponerlos a la veneración de los fieles. Cada pueblo o ciudad quería poseer insignes reliquias, que fueran su orgullo. En Oriente los cruzados buscan cuerpos y reliquias de santos para llevarlos a sus patrias.
                        Para exponer las reliquias se utilizaban unas urnas que se colocaban en el borde posterior central del altar, o sobre un retablo adosado a éste. El otro lado de la urna apoyaba sobre un zócalo o pared, de modo que se pudiera pasar detrás del altar por debajo de las reliquias del santo patrono. Esto se denominaba  “elevare in altum”.
Sobre la urna del santo se erigía un templete o baldaquín de honor. Alrededor del altar se colocaban algunas columnitas que remataban en ángeles; unas barritas puestas sobre las columnas servían para sostener preciosas cortinas.

            3. Simbolismo
                        El mártir es ciertamente el prototipo del cristiano, por su entrega total a Cristo. N.S., modelo de todos los mártires, para podernos dejar la Eucaristía tuvo que inmolarse completamente, morir como la semilla bajo la tierra; ser pisoteado como la uva en el lagar ...
                        Vamos a transcribir algunos pasajes de la  hermosísima Carta de San Ignacio de Antioquía a los Romanos, cuando iba camino a su martirio y los cristianos buscaban evitarle la muerte.  Ella nos hará comprender qué adecuado es el que los restos de los mártires descansen bajo el ara; la unión de su sacrificio al del Maestro, e incluso su carácter cultual:

                        “Después de haber suplicado a Dios, alcancé a ver vuestro rostros dignos de Dios, y más de lo que pedía ... ; porque encadenado en Cristo espero saludaros, si fuere voluntad (suya) hacerme digno hasta el final. Porque el principio está bien puesto; si al menos alcanzase la gracia de conseguir sin impedimento mi suerte ! Porque temo vuestra caridad, que no me perjudique. Porque a vosotros os es fácil hacer lo que queréis, pero a mí me es difícil alcanzar a Dios, si vosotros no me dais oportunidad.
                        Porque no quiero que vosotros agradéis a los hombres, sino que agradéis a Dios, como le habéis agradado. Yo nunca he tenido esta oportunidad de alcanzar a Dios, ni vosotros, si guardáis silencio, podéis suscribir obra mejor. Porque si guardáis silencio sobre mí, yo seré palabra de Dios; mas si amáis mi carne, de nuevo seré voz. No me procuréis nada mejor que ser ofrecido a Dios, que ya está preparado el altar, a fin de que haciéndoos un coro en la caridad cantéis al Padre en Cristo Jesús; porque Dios, después de haberme enviado del Oriente al Occidente, se ha dignado hallar al obispo de Siria. Es bueno que, orientado hacia Dios, estar oculto al mundo, para amanecer en Él...”
                        “Escribo a todas las iglesias y ordeno a todos que complacido voy a morir por Dios, si vosotros no lo impedís. Os exhorto no hay para mí una complacencia inoportuna. Dejadme ser pasto de las bestias, por las que tengo que alcanzar a Dios. Trigo soy de Dios y por los dientes de las fieras voy a ser molido, para que sea hallado pan puro de Cristo. Acariciada más bien a las fieras para que sean para mí sepulcro y nada dejen de mi cuerpo, a fin de que, muerto, a nadie sea molesto. Entonces seré verdaderamente discípulo de Jesucristo, cuando el mundo no vea mi cuerpo. Implorada a Cristo por mí, para que por estos instrumentos sea hallado sacrificio para Dios...”
                        “... Ojalá goce yo de las fieras que me están preparadas y suplico hallarlas veloces para mí; las azuzaré para que rápidamente me devoren, no sea que, amedrentadas, me respeten como algunos. Si ellas, paradas, no quisieran, yo las hostigaré. Tened compasión de mí; yo sé muy bien lo que me conviene. Ahora comienzo a ser discípulo. Que nada de los seres visibles o invisibles me impida por celo el que alcance a Jesucristo. Fuego y cruz, manadas de bestias, disecciones, desgarramientos, quebrantamientos de huesos, desconyuntamiento de miembros, moraduras de todo el cuerpo, suplicios atroces del diablo vengan sobre mí, con tal que yo alcance a Jesucristo.
                        “ De nada me aprovecharán los confines del mundo ni los reinos de este siglo. Para mí es mejor morir por Cristo Jesús que regir los términos de la tierra. Busco Aquel que murió por nosotros; Aquel quiero, que nosotros resucitó. El parto es inminente. Compadeceos de mí, hermanos no me impidáis vivir; no queráis que yo muera; no entreguéis al mundo al que quiere ser de Dios, ni os seduzca la materia; dejadme recibir la luz pura; llegado allí, seré hombre. Permitidme ser imitador de la pasión de mi Dios. Si alguno lo tiene dentro de sí mismo, comprenderá lo que quiero, y me compadecerá, consciente de lo que me urge.”
                        “ ... Mi amor está crucificado; ya no hay en mí fuego para amar la materia, pero sí agua viviente que murmura en mí, diciéndome interiormente: Ven al Padre ! No siento placer por la comida corruptible ni por los placeres de la vida. Quiero el pan de Dios, que es la carne de Jesucristo ... y como bebida su sangre, que es caridad incorruptible”.


6)- LAS FLORES



            1. Legislación
                        El Ceremonial de los obispos recomienda adornar el altar con flores, sobre todo en las grandes fiestas. Las flores pueden ser artificiales, pero deben estar confeccionadas con un material noble, rico (el Ceremonial habla de seda). Por supuesto que en lo posible se han de utilizar las naturales.[6]

            2. Historia
                        Ya en la “Traditio” se habla de flores que adornan el altar: específicamente de rosas y lirios.[7]
            Conforme a la costumbre universal se honraban las tumbas de los mártires con flores. Y era lógico entonces que se colocasen luego flores en los altares en los altares, dentro de los cuales se hallaban reliquias de aquellos.[8]
            San Jerónimo alaba a Nepociano, el cual adornaba diligentemente con flores la iglesia... (Cf. Epist. 60 ad Heliodorum)[9]
            Al parecer, en algunos altares antiguos se ven ciertos agujeros en el borde de la mesa, que habrían servido para colocar flores.


           
            3. Simbolismo
                        Evidentemente el simbolismo del que hablaremos se da en las flores naturales, y secundaria y relativamente en las artificiales.

                        1. La belleza de las flores fue señalada por el mismo Cristo, al afirmar que ni la pompa de los vestidos reales más hermosos puede comparársele ( El que las había creado, sabía lo que decía...)
                        2. La flor por su color y aroma agrada los sentidos, y es así un símbolo del gozo espiritual.
El IV Dom. de Cuaresma (‘Laetare’) el papa bendecía una rosa de oro: recitaba plegarias especiales, la ungía con el santo crisma. esparcía sobre ella ciertos agradables aromas, la rociaba con agua bendita y la incensaba. En una de las oraciones pedía a Dios “la alegría y delicias de los fieles, bendecir y santificar esta rosa, tan agradable por su belleza y su perfume, como signo de alegrías espirituales, a fin de que su pueblo, liberado de Babilonia, por la gracia de su Unigénito, tenga desde ahora parte en las alegrías de la Jerusalén celestial. Y como la Iglesia, en honor del nombre divino, manifiesta su alegría por este signo, le conceda una felicidad y piedad verdaderas y perfectas, a fin de que por el fruto de las buenas obras,  imite ella el buen aroma de esta flor, la cual, salida de la vara de Jesé, es llamada la flor de la pradera y el lirio de los valles”.
Dice J. Pascher: “Según León IX, la ceremonia es un acto de culto a la santa cruz. Efectivamente, el año 1049 escribe sobre la rosa que suele ser llevada por Nos y por nuestros antecesores: ‘Porque por este tiempo del año se celebra la victoria de N.S.J.C., que padeció en ti ¡ oh santa cruz!, entonces espantosa, ahora deseable y adorable.” (PL 143, 635). Así parece que la rosa papal hubo de nacer de la costumbre que tenía la población romana de ofrecer rosas a la cruz como signo de veneración. Es posible que se trate en el fondo de una costumbre romana de primavera.
Por lo que se refiere a la predicación sobre la rosa, de ella poseemos ejemplos. Así Inocencio III (1198-1216): ‘El día de hoy todo el oficio está lleno de alegría, todo está cargado de felicidad ... , así se ve también claramente por las propiedades de esta flor, que ofrecemos a vuestra vista: Amor en el color, agrado en el perfume, y hartura en el gusto. Y es así que más que otras flores, la rosa alegra por su color, refresca por su perfume, fortalece por su gusto” (PL 217, 393)[10]  (Pascher, “El año litúrgico, p.94-95)




                        3. Las flores nos representan: así como la flor crece bajo los rayos del sol, necesita de él, así también el cristiano vive de la Sagrada Eucaristía. Las flores, una junto a otra, en torno del sagrario, representan la comunidad orante, ansiosa de alabar a Cristo. Cada flor necesita del agua para vivir, como el cristiano necesita de la gracia, “el agua que salta hasta la vida”; y de ser por el ejercicio de las buenas obras “el buen olor de Cristo”.
                        “Una voz dice: Escuchadme, vosotros que sois prosapia de Dios, y brotad como rosales, plantados junto a las corrientes de las aguas. Esparcid suaves olores, como el Líbano. Floreced como azucenas; despedid fragancia, y echad graciosas ramas; entonad cánticos de alabanza, y bendecid al Señor en sus obras” (Eclo. 39, 17-18)

                        4. Hay flores que son símbolos tradicionales en el arte cristiano: la rosa, el lirio, la azucena, etc.
                        La rosa es la ‘flor de las flores’.[11] De ella dice Leclerq: “La rosa ha sido la flor más alabada y admirada por los antiguos y los testimonios de ello son tan variados, tan entusiastas que se ha podido consagrar todo un libro a su historia, en la Antigüedad y en la Edad Media; en Oriente y en Occidente”. (DACL, t. 15, 1, col, 9-14)
                        Los Padres de la Iglesia hablan de ella: San Gregorio de Tours (Hist. Franc. VI, c.44), Fortunato de Poitiers (Carm. 6,8); San Isidoro de Sevilla (Etim. 17, c.9, n.17)
                        La rosa simboliza:
                                   a- El martirio: por su rojo sangre.[12]
                                               Más aun, simboliza al Rey de los mártires, su Pasión, sus llagas, y su Sagrado Corazón.
                                               Al respecto dice San Buenaventura, en su obra “Vitis mystica”:
                        “En el benignísimo Jesús, nuestra Vid, florece la rosa bermeja y encendida. Bermeja de la sangre de la pasión, encendida por el fuego de la caridad, aljofarada con las lágrimas del dulce Jesús ...” (c.15)
                        “Así como la rosa, cerrada con el hielo de la noche, cuando el sol naciente hiere con sus rayos ábrese toda y los pétalos desplegados muestran en su púrpura un cierto ardor apacible; así también la deliciosa flor del cielo, el óptimo Jesús, que desde el pecado del primer hombre estaba como cerrada del frío nocturno, y no suministraba a los pecadores plenitud de gracia, al venir, en fin, la plenitud de los tiempos (Gal. 4,4), encendida con los rayos de ardorosa caridad, se abrió toda de par en par, y la llama de la rosa de amor resplandeció en la púrpura viva de su sangre.”
                        “ Ya ves cómo floreció en Jesús esta flor de rosa. Mira todo su cuerpo; ¿dónde no hallarás flor de rosa? Mira una mano, mira la otra, mira los pies: ¿no ves flores de rosa? (c. 23)

                                   b- Se la vincula con el Paraíso celestial, es decir, evoca las dichas eternas. P.ej: Prudencio: “Allí emite toda la tierra suavísimo perfume de las purpúreas rosas ... “ (Cath. 5, v. 113-114); Fortunato: “Floribus aeternis oculos rosa, lilia pascunt” (De Virginitate, l.8, v. 29-30)

                                   c- María: flor predilecta en el paraíso de la Iglesia; la más bella, la más perfumada de virtudes; su corona es el Rosario ...

            * La rosa aparece ya en las catacumbas: en el cementerio de San Ponciano, se ve el bautismo de Cristo, y al lado la cruz en medio de rosas; en la cripta de Lucina, en San Calixto, se ve un árbol, pájaros, y un campo sembrado de rosas; en la cripta de Santa Cecilia, el Papa Urbano, aparece representado en medio de rosas.
            * Finalmente diremos que para los antiguos los derivados de la rosa tenían propiedades curativas o mágicas; p.ej: contra la ebriedad, para calmar dolores de cabeza, etc. (desde Plinio el Anciano hasta santa Hildegarda). Se hacían vinos, vinagres, mieles, etc.


            Y qué símbolo más hermoso que los girasoles en nuestros campos: cómo no ver en esas flores que miran siempre al sol una imagen de los cristianos que viven en la dependencia de Cristo, sol de justicia; que lo contemplan para copiarlo, pues cada girasol parece un sol vegetal.

            Finalmente, las flores nos deben hacer recordar lo efímero de nuestras vidas, y cómo deben terminar: a los pies de Cristo. (La Virgen dijo a Lucía en una de sus apariciones que aquel que sea fiel devoto de su Inmaculado Corazón será puesto como flor escogida, cerca del trono divino).


Las flores y la vida del hombre
Pedro Calderón de la Barca


Estas que fueron pompa y alegría,
despertando al albor de la mañana,
a la tarde serán lástima vana,
durmiendo en brazos de la noche fría.

Este matiz que al cielo desafía,
iris listado de oro, nieve y grana,
será escarmiento de la vida humana:
¡tanto se emprende en término de un día!

A florecer las rosas madrugaron,
y para envejecerse florecieron:
cuna y sepulcro en un botón hallaron.

Tales los hombres sus fortunas vieron;
en un día nacieron y expiraron;
que, pasados los siglos, horas fueron.






[1] “Super altare nihil omnino ponatur, quod ad Missae sacrificium vel ipsius altaris ornatum non pertineat”.
[2]  “Desuper vero altare in alto appendatur umbraculum quod baldachinum vocant, formae quadratae, cooperiens altare, et ipsius altaris scabellum, coloris coeterorum paramentorum”.
[3]  En el s.XVI los misioneros españoles debían tolerar un culto imperfecto de las imágenes por parte de los aborígenes. Pero han pasado cuatro siglos ...
[4] L’icône, vision du monde spirituel ..., p.12-13
[5] La Adomonitio fue ley general en todas las iglesias de Occidente, durante el s.X. El texto, con alguna variante ha pasado, a través del Pontifical de Durando de Mende (s.XIII) a la 3a. parte del Pontif. Rom. bajo el título de “Ordo ad Synodum”.
[6] “Vascula cum flosculis frondisbusque odoriferis seu serico contextis studiose ornata adhiberi poterunt.” (Coerem. episc. l.1, cap. XIII, n.12)
[7] “... sed et aliquoties et flores offerentur; offeratur ergo rosa et lilium, et alia vero non”
[8] Prudencio: “Nos tecta fovebimus ossa / violis et fronde frequenti” (Cathemerion X, v. 169)
[9] “... qui basilicas ecclesiae et martyrum conciliabula diversis floribus et arborum comis vitiumque pampinis adumbrabat”
[10]  En la Edad Media se fabricaban mieles, conservas y ‘aguas de vida’, a partir de las rosas, sobre todo de Provins.
[11]  Strabon, Hortulus ad Grimaldum, PL . 114, col. 1123
[12]  Cf.:  San Cipriano, Ad Mart. 1,8; De opere, et eleemosynis, c.26; San Jerónimo, Ep. ad Eust. 108, 31; Ep. ad Rust., 125, 2; Prudencio, Himno de Epifanía (12, v. 125-128)

3 comentarios:

  1. ¡¡Muy bueno, Pater!! :) y mucha información muy interesante.

    Una consulta, la bendición por parte del Papa de la Rosa de Oro, ¿es una costumbre que se sigue haciendo?

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  2. Te respondo con esta noticia:
    Papa otorgó la Rosa de Oro al santuario de la Virgen del Valle San Fernando del Valle de Catamarca, 20 Ago. 10 (AICA)

    Además de designar al cardenal Francisco Javier Errázuriz como enviado personal para jerarquizar los actos centrales por el centenario diocesano, el papa Benedicto XVI envió la Rosa de Oro para el santuario de Nuestra Señora del Valle, que será entregada el próximo sábado 21 de agosto a las 20.30, durante la celebración de cierre.

    La Rosa de Oro es una condecoración otorgada por el Papa a personalidades católicas preeminentes, usualmente reinas. También la recibieron algunas advocaciones de la Virgen María...(ver el resto en internet)

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  3. Que podría simbolizar un crisantemo o una dalia? Gracias!

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